Cànoves i Samalús

Cànoves i Samalús. Pueblos de Barcelona

Cànoves i Samalús es un municipio de la provincia de Barcelona, en la comarca del Vallès Oriental, con 3.399 habitantes según el padrón de 2025. Situado en la vertiente sur del macizo del Montseny, a 42 kilómetros de Barcelona y 13 de Granollers, nació a mediados del siglo XIX de la unión administrativa de los antiguos pueblos de Cànoves y Samalús, aunque no adoptó su nombre oficial actual hasta 1989. Esa doble identidad sigue presente en su patrimonio: dos castillos, dos iglesias de origen románico y una tradición, la de la carbonera, que cada dos años reúne a todo el pueblo alrededor de un oficio centenario que se niega a desaparecer.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Historia
  3. Patrimonio
  4. Economía
  5. Fiestas y tradiciones
  6. Cuándo ir
  7. Planifica tu visita
  8. Otros Pueblos de Barcelona

Geografía

El municipio se extiende sobre 29,2 km² en la falda sur del Montseny, dentro de la subcomarca natural del Baix Montseny, a 346 metros de altitud. Limita con Tagamanent, Sant Pere de Vilamajor, Cardedeu, Les Franqueses del Vallès, La Garriga y Figaró-Montmany, y se organiza en torno a varios núcleos y urbanizaciones dispersos por su término, entre ellos Cànoves, Samalús, Ca l'Esmandia, Can Sebastianet, Can Volart, La Parellada, el Mirador del Montseny y la Urbanització Cànoves Residencial. El embalse de Vallforners, dentro de su término, añade al paisaje de bosque mediterráneo propio del Baix Montseny un punto de referencia hídrica poco habitual en municipios de este tamaño.

Historia

El nombre de Cànoves aparece documentado por primera vez en el año 1002, en una discusión sobre la confirmación de bienes del monasterio de Sant Cugat del Vallès, que poseía propiedades dentro del término; la iglesia parroquial de Sant Muç está documentada desde 1077. Restos mucho más antiguos confirman, sin embargo, una ocupación humana muy anterior: un poblado ibérico habitado entre los siglos IV y III a. C. en el Puig del Castell, sobre las fincas de can Flequer y can Pujades, en el sector de Samalús, donde en 1959 se halló además un pequeño tesoro de 40 monedas de bronce, la mayoría acuñadas en la ceca de Lauro y en circulación entre los siglos III y I a. C. En la misma zona se documentan tumbas de losas junto a la capilla de Santa Eugenia y un horno íbero-romano conocido como «d'en Pega», además de los restos de la villa romana de can Martí, en la finca de can Torras, pieza clave para entender el proceso de romanización de la comarca y su relación con el sustrato ibérico previo. Ya en época condal, el territorio figuraba entre las parroquias del feudo del castillo de Montbui, en poder del conde Gombau de Besora desde al menos el año 992; a su muerte, los condes Ramón y Almodis lo confirmaron a su yerno Mir Geribert, y en 1059 la documentación cita explícitamente la parroquia de «Sancto Andreo de Samalucio», de estilo románico. Samalús se unió administrativamente a Cànoves en el siglo XIV, aunque recuperó su condición de municipio independiente desde mediados del siglo XVII hasta hacia 1840, con la parroquia de Sant Andreu de Samalús como centro histórico del núcleo.

Patrimonio

El doble origen del municipio se refleja en un patrimonio igualmente doble: el castillo de Cànoves se conserva hoy en ruinas, mientras que el castillo de Samalús fue reconstruido a principios del siglo XX. A ambos núcleos corresponde también una iglesia de origen románico, la de Sant Muç en Cànoves y la de Sant Andreu en Samalús, esta última acompañada por el santuario de la Mare de Déu de la Salut, del siglo XVIII. Se suman a este conjunto la ermita de Sant Salvador de Terrades, de estilo historicista, y el yacimiento del poblado ibérico del Puig del Castell, que permite seguir la ocupación humana del término desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media. El patrimonio natural tiene también su propio icono: el castaño de Can Cuc, catalogado como árbol monumental de Cataluña, un ejemplar singular dentro del paisaje forestal del Montseny.

Economía

La economía de Cànoves i Samalús combina la agricultura de secano y de regadío con la ganadería, el turismo rural, los oficios tradicionales, la restauración y un número creciente de urbanizaciones de segunda residencia, reflejo de su atractivo como municipio residencial a las puertas del Montseny. El peso del sector primario es hoy minoritario en términos de empleo —los servicios concentran más del 70 % de la población ocupada y la industria cerca de un 20 %— aunque el territorio agrícola, de apenas el 12 % de la superficie municipal, se mantiene activo sobre todo con cultivos de secano y una cabaña de ganado ovino y caprino de más de mil animales. El crecimiento de Cànoves i Samalús en las últimas décadas, que ha multiplicado por tres su población desde 1991, está directamente ligado a esa combinación de ruralidad y cercanía a Barcelona y Granollers, que ha convertido buena parte de sus urbanizaciones en residencia habitual para quienes trabajan fuera del municipio.

Fiestas y tradiciones

La tradición más singular del municipio es la carbonera: cada dos años, quienes han heredado o aprendido el oficio construyen una carbonera que permanece encendida y vigilada por turnos durante un mes entero, hasta que el carbón está hecho; entonces todo el pueblo se reúne para compartir una cena con productos de la tierra junto al fuego, con música y fiesta, en una tradición muy antigua que el municipio se esfuerza activamente en mantener viva. En torno al 11 de mayo, festividad de Sant Ponç, patrón de herbolarios y apicultores en toda Cataluña, se celebra la Fira de Sant Ponç, organizada por la Associació Cívica i Cultural de Cànoves i Samalús (ASCC), en la que los artesanos locales presentan sus productos y manipulaciones, con la miel y las hierbas como protagonistas indiscutibles. A estas citas se suma el Gamarús, una fiesta ya consolidada tras varios años consecutivos de éxito, organizada por la asociación juvenil JAC (Joves Alcem Cànoves) para dinamizar la vida festiva de los más jóvenes del municipio.

Cuándo ir

Quien quiera presenciar la construcción y el encendido de la carbonera debe informarse con antelación en el Ayuntamiento, puesto que esta tradición solo se repite cada dos años y requiere coincidir con el mes completo en que el carbón permanece vigilado junto al fuego. Para quien prefiera una visita más accesible, la Fira de Sant Ponç de mediados de mayo ofrece el mejor momento para conocer la artesanía y los productos locales, miel y hierbas incluidas, en un ambiente tradicional. El entorno del Montseny y el embalse de Vallforners resultan especialmente recomendables en primavera y otoño, cuando el bosque mediterráneo que rodea Cànoves y Samalús luce en su mejor momento y las temperaturas invitan a recorrer sus caminos sin el calor del verano.

Planifica tu visita

Cànoves i Samalús se encuentra a 42 kilómetros de Barcelona y 13 de Granollers, bien conectado por las líneas de autobús de la empresa Sagalés que unen Cànoves y Samalús entre sí y con poblaciones cercanas como Cardedeu, La Garriga, Les Franqueses del Vallès y Sant Pere de Vilamajor. La visita puede organizarse en torno a los dos núcleos históricos del municipio: en Cànoves, las ruinas del castillo y la iglesia de Sant Muç; en Samalús, el castillo reconstruido, la iglesia de Sant Andreu y el santuario de la Mare de Déu de la Salut. Conviene reservar tiempo aparte para el yacimiento ibérico del Puig del Castell y el castaño monumental de Can Cuc, antes de completar la ruta con un paseo junto al embalse de Vallforners. El Ayuntamiento mantiene información municipal en canovesisamalus.cat, donde conviene consultar las fechas exactas de la Fira de Sant Ponç y de la carbonera antes de planear el viaje.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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