Cardona

Cardona. Pueblos de Barcelona

Introducción

Cardona es un municipio de la provincia de Barcelona, en la comarca del Bages, conocido en toda Cataluña por dos cosas: su castillo, convertido hoy en Parador Nacional, y la singular Montaña de Sal que se alza junto al río Cardener. Según Wikidata y el INE, tiene 4.553 habitantes (2025), los cardonís, repartidos en un término de 66,7 kilómetros cuadrados y asentados a 507 metros de altitud. La serie de población, que arranca en 1717, alcanzó su máximo en 1960 con 7.885 habitantes, cuando la mina de potasa estaba en pleno rendimiento; desde entonces el municipio ha perdido un 42 por ciento de sus vecinos, un desplome que coincide casi al milímetro con el cierre de aquella mina en 1990. Entre los cardonís ilustres destacan el cardiólogo Valentí Fuster y el humorista Berto Romero, dos nombres que no encajan con la imagen de pueblo minero que tuvo Cardona durante buena parte del siglo XX, y que recuerdan que esta villa fue, siglos antes, cuna de los duques más poderosos de la Corona de Aragón.

Geografía

El municipio se sitúa en el extremo noroccidental del Bages, al inicio del valle que traza el río Cardener, sobre un cerro que domina el entorno. Cardona está formada por dos entidades de población: el propio núcleo de Cardona, con la inmensa mayoría de los habitantes, y La Coromina, un barrio diferenciado con fiesta mayor propia. Las comunicaciones se articulan por la carretera C-55, que une Cardona con Manresa y Solsona y conecta a su vez con la C-58 hacia Barcelona; no hay estación de ferrocarril en el municipio, por lo que quien viaja en tren debe bajar en Manresa. La riqueza geológica del entorno, con un enorme yacimiento de sal gema bajo la propia montaña que da nombre al parque, ha condicionado la historia económica del pueblo desde época romana.

Historia

Aunque el término ya estaba habitado en época ibera, vinculado siempre a la riqueza de la Vall Salina, Cardona tiene una fecha de nacimiento documentada: el 23 de abril del año 986, día en que el conde Borrell II otorgó la Carta de Poblamiento que todavía se conserva en el archivo histórico de la villa. El castillo, construido en el año 886, se convirtió a finales del siglo X en residencia de la familia vizcondal de Osona, que con el tiempo recibiría los títulos de condes y después duques de Cardona. Gracias a la explotación de la sal, los duques llegaron en el siglo XV a ser la familia más poderosa de la Corona de Aragón después de la propia casa real, con dominios sobre treinta villas, veinticinco castillos, 272 lugares y cuatro puertos marítimos —cerca de un 6 por ciento de todo el territorio catalán— y permiso para acuñar su propia moneda, la «cardonina». Esa riqueza les valió el sobrenombre de «los reyes sin corona». A finales del siglo XVI la familia se trasladó a Barcelona y Arbeca, y Cardona entró en un largo periodo de estancamiento. El episodio más recordado de su historia llegó en 1714: tras un asedio que derribó buena parte de sus murallas, el castillo de Cardona fue el último reducto catalán en resistir a las tropas borbónicas de Felipe V durante la guerra de Sucesión, con las banderas negras del castillo anunciando «Viurem lliures o morirem». Casi un siglo después, durante la guerra del Francés, la ciudadela tampoco pudo ser tomada por las tropas napoleónicas en la batalla de San Quintín de 1810. El siglo XX trajo una transformación radical: en 1929 se puso en marcha la explotación de las minas de potasa que el ingeniero Emili Viader i Soler había localizado pocos años antes, lo que atrajo a numerosos trabajadores de fuera y disparó la población, no sin huelgas por las malas condiciones laborales y de vivienda de los mineros. La mina cerró en 1990, y en apenas una década la población de Cardona se redujo a la mitad.

Patrimonio

El castillo de Cardona, hoy Parador Nacional, incluye la colegiata románica de San Vicente, obra unitaria del siglo XI consagrada entre 1029 y 1040, con planta basilical de tres naves, una cripta bajo el presbiterio y los panteones del duque Fernando I y el conde Joan Ramon Folc I; junto a ella se alza la Torre de la Miñona, también del siglo XI, de 15 metros de altura y más de 10 de diámetro. En la Plaza del Mercado se levanta la iglesia gótica de San Miguel, consagrada en 1397, con una cripta que guarda reliquias de los Santos Mártires, dos retablos góticos y una Virgen del Patrocinio de alabastro policromado del siglo XIV atribuida al taller de Rieux. El gran atractivo natural es el parque cultural de la Montaña de Sal, explotada ya en época romana y hoy abierta al público con visitas guiadas a sus galerías excavadas. El casco antiguo conserva además el Portal de Graells —el único que queda en pie de los cuatro que tuvo la villa—, el inacabado Pont del Diable del siglo XIV, la Torre del Botxí, la capilla de Santa Eulalia (1348) y el Museo de la Sal Josep Arnau, con esculturas hechas de sal. En la plaza de la Feria se puede ver la estatua ecuestre del conde Borrell II, obra de Josep Maria Subirachs en piedra de travertino, y una fuente monumental que recuerda a los defensores de 1714, costeada por la colonia cardonina de Barcelona.

Economía

La sal ha sido, literalmente, el fundamento económico de Cardona desde tiempos romanos, y el origen último de la riqueza que convirtió a sus duques en «reyes sin corona». A esa tradición se sumó en el siglo XX la minería de potasa, iniciada en 1929 y cerrada en 1991, que durante seis décadas fue el gran motor del empleo local y que atrajo a trabajadores de fuera del municipio. Tras el cierre de la mina, Cardona ha reorientado buena parte de su economía hacia el turismo patrimonial y natural: el castillo-parador, la Montaña de Sal convertida en parque cultural visitable y el casco histórico medieval atraen hoy a visitantes de toda Cataluña, mientras el comercio y los servicios de proximidad sostienen la vida cotidiana del municipio.

Fiestas

El calendario festivo de Cardona es de los más completos de la comarca. Comienza con las Caramelles el domingo de Pascua, sigue con las Festes dels Barris por Corpus, en las que cada barrio sale con sus propios gigantes hasta la Capvuitada final, y continúa con la Festa Major de la Coromina el cuarto domingo de agosto y la Festa Major del castillo en torno al 31 de agosto, en recuerdo de la muerte de San Ramón en la fortaleza. La Festa Major del pueblo, el segundo fin de semana de septiembre, incluye el tradicional Correbou, con una plaza de toros desmontable levantada ante el Ayuntamiento y la curiosa Cargolera, un cesto de mimbre donde se introduce a una persona para que el toro la haga rodar. El 18 de septiembre, el Aplec de Cardona recuerda la rendición del último bastión catalán en la guerra de Sucesión. En Navidad se representan los centenarios Pastorets de Cardona y, el 5 de enero, la Cabalgata de Reyes. A ello se suman ferias de gran tradición: el Mercado de la Ganga el primer domingo de febrero, la Feria de la Sal el primer fin de semana de junio —de origen medieval— y la Feria de la Llenega, dedicada a las setas, el último domingo de octubre.

Cuándo Ir

Si el interés es el patrimonio y la Montaña de Sal, cualquier época del año sirve, ya que las visitas guiadas funcionan todo el año. Para quien prefiera coincidir con la fiesta mayor, el segundo fin de semana de septiembre reúne el Correbou y el ambiente más multitudinario, apenas unos días antes del Aplec del 18 de septiembre, cargado de memoria histórica. Primavera trae las Caramelles de Pascua y las fiestas de los barrios por Corpus, con sus gigantes; y quien busque gastronomía de temporada puede planear la visita para el último domingo de octubre, cuando la Feria de la Llenega llena los restaurantes del pueblo de platos con setas.

Planifica tu Visita

Cardona se llega por carretera desde Manresa por la C-55, o desde Barcelona combinando la C-58 y la C-55; no hay estación de tren propia, así que quien viaje en ferrocarril debe completar el trayecto en autobús desde Manresa. Una visita de un día permite recorrer el conjunto del castillo y la colegiata de San Vicente, bajar al casco antiguo para ver la iglesia de San Miguel y el Portal de Graells, y reservar al menos un par de horas para las galerías de la Montaña de Sal, la experiencia más distintiva del municipio. Quien quiera alargar la estancia puede hacerlo en el propio castillo, convertido en Parador Nacional, con vistas sobre todo el valle del Cardener y la villa a sus pies.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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