Las Palmas

Las Palmas agrupa tres islas de carácter muy distinto. Gran Canaria se ha ganado el apodo de continente en miniatura por buena razón: en cuarenta kilómetros se pasa de las dunas de Maspalomas al pinar de Tamadaba y a las cumbres del Roque Nublo, con microclimas que cambian cada pocos kilómetros. Sus pueblos del interior —Tejeda, Artenara, Agaete— poco tienen que ver con los de la costa.

Fuerteventura es la isla más antigua y la más erosionada: llanuras extensas, malpaíses, apenas vegetación y una luz particular. Los pueblos son bajos, blancos y espaciados, con molinos de viento que recuerdan cuando el cereal era el sustento. Sus playas, especialmente en Jandía y Corralejo, están entre las mejores del Atlántico.

Lanzarote lleva la marca de las erupciones de 1730-1736, que sepultaron una cuarta parte de la isla bajo lava y crearon Timanfaya. De esa catástrofe surgió la Geria, un sistema agrícola único: hoyos excavados en el picón con muretes de piedra en semicírculo para proteger la vid del viento. La influencia de César Manrique en el urbanismo isleño explica por qué aquí no hay grandes alturas ni cables a la vista.

Aquí están los 34 pueblos de Las Palmas que recogemos, uno a uno: población, superficie, altitud, qué ver y qué saber antes de ir.

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