- Lloseta: de las minas de carbón al hidrógeno verde, en el corazón de Mallorca
- Lo que Cuentan los Censos de Lloseta
- Entre la sierra de Tramuntana y el Raiguer
- De los condes de Ayamans al barón de Lloseta
- El pueblo que producía el 85 % del carbón de Mallorca
- El Palacio de Ayamans y la virgen más antigua de Mallorca
- La Celebración del Cocó y la Mare de Déu de Lloseta
- Planifica tu Visita a Lloseta
- Otros Pueblos de Islas Baleares
Lloseta: de las minas de carbón al hidrógeno verde, en el corazón de Mallorca
Lloseta, en la comarca del Raiguer, a los pies de la sierra de Tramuntana, es un pueblo que ha cambiado de industria varias veces sin perder nunca su pulso económico. Llegó a producir el 85 % del carbón de toda la isla en los años treinta, se reinventó después como centro del calzado mallorquín, vivió décadas marcadas por una gran fábrica de cemento y hoy mira hacia el hidrógeno renovable en los mismos terrenos donde antes se quemaba lignito. Todo ello en un municipio diminuto, de apenas 12 km², con un palacio condal y la talla de madera más antigua de toda Mallorca.
Lo que Cuentan los Censos de Lloseta
La serie de población de Lloseta reúne 54 datos que cubren 184 años, desde 1842, cuando el municipio tenía 1.122 habitantes, hasta los 6.463 de 2025, que son el último dato y también el mayor de toda la serie. El crecimiento fue lento pero constante durante el siglo XIX y buena parte del XX, con un salto notable entre 1960 y 1981 —de 2.952 a 4.259 habitantes— ligado al auge industrial del calzado. Tras un largo estancamiento entre 1991 y 2002, en torno a los 4.500-4.900 habitantes, la población ha vuelto a crecer con fuerza en el siglo XXI, especialmente desde 2019, hasta superar ampliamente los 6.000 vecinos actuales. Según datos del padrón municipal, parte de ese crecimiento reciente se explica por la llegada de población extranjera, que en 2008 representaba ya el 16 % de los habitantes del municipio.
Entre la sierra de Tramuntana y el Raiguer
El municipio de Lloseta, de solo 12,09 km² y 175 metros de altitud, está formado por dos núcleos de población, Lloseta y Ayamans, el segundo ya incorporado al primero. Limita con los términos de Alaró, Mancor de la Vall, Selva, Inca y Binisalem. Situado en la vertiente sur de la sierra de Tramuntana, la mitad norte del término es montañosa y la mitad sur, terreno llano, una combinación que explica tanto su pasado minero como su vocación agrícola más reciente. El topónimo de Lloseta es de origen incierto: una teoría lo deriva del latín laus (alabanza) y el griego eta (castillo), y otra, de la palabra mozárabe llosada, en castellano losa, una piedra grande y plana. El escudo del municipio representa un grifo, criatura mitológica con cuerpo de león y cabeza y alas de águila, símbolo de nobleza, vigilancia, virtud, fuerza y justicia.
De los condes de Ayamans al barón de Lloseta
El término de Lloseta conserva restos prehistóricos de las épocas pretalayótica y talayótica, con cinco yacimientos —cuatro cuevas de enterramiento y un recinto fortificado—. En el repartimiento de Mallorca posterior a la conquista del rey Jaime I, estas tierras se adjudicaron al magnate Guillem de Montcada, vizconde de Bearn; a su muerte, su esposa las entregó a Arnau Togores, con la obligación de mantener en sus fincas dos caballeros armados para su defensa. En 1634, el rey Felipe III, en compensación por los servicios de los Togores a la Corona, los nombró barones de Lloseta y condes de Ayamans, con derecho a administrar la justicia civil y criminal de todo el término de Ayamans, que en ese momento era el núcleo más importante del municipio, por encima de la propia Lloseta. La cercanía del núcleo de Lloseta al palacio condal hizo que este creciera con el tiempo hasta casi integrar por completo al antiguo núcleo principal.
En 1842, la villa de Lloseta se separó municipalmente de Binisalem, y en 1875 se inauguró la línea de ferrocarril Palma-Inca, con parada propia en el pueblo, una infraestructura clave para el despegue industrial que llegaría después.
El pueblo que producía el 85 % del carbón de Mallorca
Durante buena parte del siglo XX, Lloseta vivió del subsuelo: se instaló en el municipio una pequeña industria minera que, en 1930, llegó a producir el 85 % del carbón de toda la isla, destinado a la generación de electricidad. El pueblo mantuvo en explotación tres minas durante más de cien años —Sa Truyola, Santo Tomás y Can Ramis—, abiertas hasta 1973; una antigua mina es hoy un centro cultural de exposiciones. A la minería le siguió la industria del calzado, que durante décadas fue la actividad predominante del municipio y que hoy se ha reducido a solo una fracción de las fábricas que existieron en su momento.
En 1966 se instaló la industria más importante de las últimas décadas, la fábrica de cemento Portland Mallorca, propiedad desde 1992 de la multinacional Cemex, que ha generado también quejas por contaminación y polución. En octubre de 2018 la multinacional presentó un proyecto de cierre de la fábrica, y en los mismos terrenos se ha iniciado un proyecto de generación de hidrógeno a través de energías renovables, un nuevo capítulo en la larga tradición industrial del pueblo. Hoy el sector servicios, impulsado por el turismo que aprovecha la cercanía a la sierra de Tramuntana y la buena conexión con Palma, representa ya el 55 % de la actividad económica, aunque la construcción, los talleres de mármol y la propia fábrica de cemento mantienen un peso industrial notable.
El Palacio de Ayamans y la virgen más antigua de Mallorca
El Palacio de Ayamans, de unos 15.200 m² y rodeado de grandes jardines, fue durante siglos la residencia de la nobleza de los condes de Ayamans y barones de Lloseta. Declarado bien de interés cultural en 1988 —categoría que pasó a la de Bien Catalogado en 2018—, el edificio actual no conserva nada anterior a su última reforma de finales del siglo XIX. En el siglo XX, su última propietaria, la condesa María Gual y de Togores, cedió la propiedad a la cada vez más poderosa familia de Juan March, que reformó el interior en 1940 y reconstruyó la fachada y los jardines actuales bajo la dirección del arquitecto mallorquín Gabriel Alomar; en 1975 los herederos de March vendieron la finca a la sociedad Lloseta SA. Entre la iglesia y el palacio se levanta hoy un hotel, instalado en lo que fueron las antiguas dependencias de los criados de los condes.
La iglesia parroquial custodia además la Virgen del Cocó, una talla de madera policromada que podría datar de los siglos XI al XII y que está considerada la imagen religiosa más antigua de toda Mallorca. La leyenda cuenta que un pastor la encontró a los pies del peñasco sobre el que se levanta hoy la iglesia, y que pudo haber sido escondida por los cristianos durante la dominación musulmana de las islas para protegerla de la destrucción; trasladada en algún momento a la iglesia de Robines —antiguo nombre del pueblo de Binisalem—, la tradición asegura que la imagen «quiso» regresar al lugar donde había sido hallada.
La Celebración del Cocó y la Mare de Déu de Lloseta
Lloseta tiene dos fiestas católicas propias. La principal es la de la Mare de Déu de Lloseta, patrona del municipio, cada 8 de septiembre, con el acto central en la iglesia por la mañana y actividades deportivas y culturales durante toda la semana previa. La segunda, más singular, es la Celebración del Cocó, el primer miércoles después de Pascua: continúa la antigua tradición en la que los llosetins veneraban a la Mare de Déu en un templo de la posesión de Son Ramón y los vecinos más acomodados repartían pan entre los pobres, el llamado pancaritat. Autoridades civiles y religiosas inician la jornada con un paseo desde el templo hasta el oratorio, y a lo largo del día la avenida del Cocó se llena de feriantes y de actividades culturales como el tradicional ball de bot. A ello se suma, a primeros de junio, la feria del zapato y la artesanía, que recuerda la industria que dio de comer al pueblo durante buena parte del siglo XX.
Planifica tu Visita a Lloseta
Lloseta está bien conectado con Inca, Alaró y Binisalem por carretera, y cuenta con parada propia en la línea de tren Palma-Inca, lo que facilita una visita sin necesidad de coche. El recorrido puede centrarse en el Palacio de Ayamans y sus jardines, la iglesia parroquial con la Virgen del Cocó, y un paseo por el casco urbano para hacerse una idea de la arquitectura ligada a la minería y al calzado. Quien visite el pueblo a primeros de junio puede coincidir con la feria del zapato y la artesanía, y quien prefiera la fiesta más tradicional debe buscar el primer miércoles después de Pascua, con la Celebración del Cocó.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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