Llubí es un municipio de las Islas Baleares situado en la isla de Mallorca, dentro de la comarca conocida como el Pla o Llano de Mallorca. Según los últimos datos del INE recogidos en Wikidata, tiene 2.589 habitantes, un término de 34,9 km² y una altitud media de 74 metros, prácticamente en el centro geográfico de la isla, a unos 40 kilómetros de Palma. A sus vecinos se les conoce como llubiners.
- Un topónimo con raíces romanas
- En el corazón del Llano de Mallorca
- La capital balear de la alcaparra
- La estación de un tren centenario
- Talayots, molinos y cruces de piedra
- Despoblación, posguerra y recuperación lenta
- Un calendario festivo marcado por el campo
- Evolución de la población
- Otros Pueblos de Islas Baleares
Un topónimo con raíces romanas
El nombre de Llubí tiene un origen curioso. Procede del topónimo romano Castro-lupino, que con el tiempo derivó en Castell Llubí y finalmente en la forma actual. La explicación más aceptada vincula ese nombre a un poblado prehistórico talayótico situado al sur del núcleo actual, fortificado con una muralla ciclópea que debió de dar al lugar su carácter de "castillo". Antes de convertirse en municipio independiente, Llubí fue durante siglos un simple "llogaret", es decir, un conjunto de casas dependiente administrativamente del vecino pueblo de Muro.
En el corazón del Llano de Mallorca
El relieve de Llubí es irregular dentro de la llanura general que caracteriza esta parte de la isla: el núcleo urbano se asienta sobre dos pequeños cerros, entre los que discurre el torrente de Aumadrà, que desemboca en la albufera de Muro. Esa posición central dentro de la isla permite al municipio estar bien conectado con poblaciones vecinas como Muro, Inca, Sa Pobla, Sineu o Santa Margalida, un entramado de pueblos del interior mallorquín que mantienen entre sí una relación constante de servicios y comercio.
El clima es mediterráneo, con temperaturas suaves que oscilan entre los 3 y los 15 grados en invierno y entre los 18 y los 34 grados en verano, un patrón térmico típico del interior de Mallorca, algo más extremo que el de las zonas costeras de la isla. Esa diferencia térmica entre el interior y la costa es habitual en toda la isla: al alejarse del efecto moderador del mar, los municipios del Pla como Llubí registran noches más frías en invierno y días más calurosos en pleno verano que localidades situadas a pocos kilómetros de la línea de costa.
La capital balear de la alcaparra
Si hay un producto que define la economía agrícola de Llubí, ese es la alcaparra. El municipio ha sido durante muchos años el mayor productor de este fruto en todas las Islas Baleares, lo que ha dado al campo llubiner una vocación gastronómica muy particular dentro de la isla. Junto a la alcaparra, que sigue siendo la reina indiscutible de los cultivos locales y la base de una notable industria conservera, se mantienen cultivos de secano tradicionales como el almendro, el algarrobo y la higuera.
Esa vocación conservera ha generado en el municipio una industria modesta pero significativa, centrada en el procesado de productos agrarios, especialmente derivados de la alcaparra, a la que se suman algunas destilerías dedicadas a la obtención y comercialización de licores tradicionales mallorquines.
La estación de un tren centenario
Uno de los elementos patrimoniales más singulares de Llubí es su estación de ferrocarril, situada en la línea que une Inca con Sa Pobla. Fue inaugurada en 1878 por la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca, y durante décadas sirvió para transportar hacia Palma la producción agrícola del municipio —alcaparras, algarrobas y almendras— y para traer de vuelta abonos, fertilizantes y el alcohol necesario para las destilerías locales. La línea llegó a contar con un edificio de viajeros, una cochera para autobuses y hasta dos muelles de mercancías.
La estación cerró en 1981, pero no fue el final de la historia: Servicios Ferroviarios de Mallorca la reabrió el 27 de diciembre de 2000, convirtiéndola de nuevo en apeadero, y en 2018 la línea quedó completamente electrificada, integrando a Llubí en la moderna red de transporte público mallorquina casi siglo y medio después de su primera inauguración.
Talayots, molinos y cruces de piedra
El pasado prehistórico de Llubí se puede visitar hoy en el talayot de Es Racons, situado al sur del pueblo, donde todavía se conservan dos talayots y parte del lienzo de la antigua muralla ciclópea, a menos de un kilómetro del núcleo urbano. La iglesia parroquial de San Félix, en pleno centro del pueblo, acoge misa diariamente y es el eje religioso de la localidad.
El paisaje rural de Llubí conserva además numerosos molinos de viento, antes empleados para la molienda de harinas, entre ellos los de Son Rafal, Can Suau, Can Ferragut o Can Moreu, además de varias cruces de piedra que antiguamente señalaban los límites del casco urbano, como la cruz de Sa Riba o la cruz de Son Setrill, del siglo XVIII.
Despoblación, posguerra y recuperación lenta
La demografía de Llubí vivió un siglo XX especialmente convulso. Los altibajos de población fueron una constante durante el primer tercio del siglo, pero fue a partir de la década de 1940, en plena posguerra, cuando el municipio sufrió un despoblamiento mucho más acusado, que se agravó todavía más durante los años sesenta, coincidiendo con el fuerte auge de la construcción que vivieron entonces las Baleares y que atrajo a buena parte de la población rural hacia la costa y hacia Palma. A partir de esos años la situación se estabilizó, y en las últimas décadas la pérdida de habitantes, cuando se ha producido, ha sido mucho más lenta y gradual que en la primera mitad del siglo.
Un calendario festivo marcado por el campo
Las fiestas patronales de Llubí, dedicadas a San Félix, se celebran cada 1 de agosto, con verbenas nocturnas y desfiles de cabezudos acompañados de bandas de tambores y cornetas. El 17 de enero se celebra la festividad de San Antonio, con la tradicional bendición de animales a las puertas de la iglesia, una costumbre muy extendida en toda Mallorca. El primer martes después de Pascua tiene lugar la fiesta de la ermita del Santo Cristo del Remedio, con misa y actividades populares como juegos infantiles, paellas colectivas o tiro al plato.
A estas citas se suman dos ferias de marcado carácter agrícola: la Feria de Otoño, dedicada a la maquinaria agrícola y a los productos de la zona, y la Feria de la Miel, iniciada en el año 2000 y celebrada el domingo anterior a la tradicional, que cada año gana más visitantes interesados en este producto y sus derivados. El mercado semanal se instala todos los martes en la plaza de la Carretera, salvo en días festivos.
Evolución de la población
La serie demográfica de Llubí es una de las más extensas de este grupo de municipios, con 54 datos repartidos en 184 años, desde 1842 hasta 2025. El máximo histórico de la serie se registró en 1920, con 3.037 habitantes, y desde entonces el municipio ha perdido alrededor de un 15 % de su población, hasta los 2.589 habitantes actuales.
El descenso no fue, sin embargo, constante: tras una fuerte caída entre 1920 y 1986, que llevó a la población por debajo de los 2.000 habitantes, la cifra se mantuvo relativamente estable durante las décadas de 1990 y 2000, y desde 2014 se observa una recuperación sostenida que ha llevado a Llubí de nuevo cerca de su máximo histórico. Entre esos vaivenes destaca un escalón notable entre 2013 y 2014, con una caída del 4,6 % en un solo año, equivalente a 108 vecinos menos; se trata de un movimiento brusco que, como ocurre en otros municipios de esta serie, suele responder a una depuración administrativa del padrón más que a un éxodo real de población en ese año concreto.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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