- Huéscar: el pueblo granadino que estuvo en guerra con Dinamarca 172 años
- Geografía de Huéscar
- Lo que Cuentan los Censos de Huéscar
- Historia de Huéscar
- Patrimonio de Huéscar
- Economía de Huéscar
- Fiestas y tradiciones de Huéscar
- Cuándo Ir a Huéscar
- Planifica tu Visita a Huéscar
- Otros Pueblos de Granada
Huéscar: el pueblo granadino que estuvo en guerra con Dinamarca 172 años
En el extremo norte de la provincia de Granada, donde Andalucía, Murcia y Castilla-La Mancha casi se tocan, Huéscar es la capital de su propia comarca y sede de un partido judicial que lleva su nombre. Es también protagonista de una de las anécdotas más repetidas de la historia local española: una guerra con Dinamarca que duró 172 años sin un solo disparo, porque nadie se acordó de firmar la paz. Más allá de la curiosidad, Huéscar es un municipio extenso, de frontera histórica entre los reinos de Granada y Murcia, con un patrimonio religioso notable y una sierra que hoy forma parte del Geoparque de Granada.
Geografía de Huéscar
El término municipal es uno de los más grandes de la provincia: 468 km², con el núcleo urbano a 953 metros de altitud. Por él discurren los ríos Bravatas, Guardal, Raigadas y Zumeta, y limita con municipios de tres provincias distintas: los granadinos Puebla de Don Fadrique, Orce, Galera, Castilléjar y Castril; los jienenses Santiago-Pontones y, por un enclave, Segura de la Sierra; y el albaceteño Nerpio. La sierra de La Sagra, con 2.383 metros, es uno de los puntos más visitados por senderistas, y el municipio forma parte desde 2020 del Geoparque de Granada, que ha convertido a Huéscar en inicio y final de una ruta de senderismo de 143 kilómetros, la «Gran Senda de los Primeros Pobladores», en referencia a los yacimientos paleontológicos de la zona.
Lo que Cuentan los Censos de Huéscar
La serie de población de Huéscar cubre 25 años seguidos, de 2001 a 2025, sin huecos. Arrancó en 8.103 habitantes y alcanzó el máximo de la serie en 2007, con 8.236 vecinos; desde entonces la caída ha sido constante, hasta los 7.241 habitantes de 2025, un descenso del 12 % en menos de dos décadas. Es una pérdida sostenida, sin escalones bruscos de un año a otro, típica del despoblamiento gradual que afecta a buena parte del Altiplano granadino. Como la serie empieza en 2001, no refleja la caída más fuerte que vivió el pueblo siglos atrás: Huéscar llegó a tener casi seis mil habitantes a mediados del siglo XVI y esa cifra se redujo prácticamente a la mitad al final del mismo siglo, por la represión y expulsión de los moriscos.
Historia de Huéscar
El asentamiento urbano de Huéscar nació en el siglo XIII, cuando el Altiplano se convirtió en tierra de frontera entre los reinos de Granada y Murcia. El 15 de febrero de 1243 se firmó en Toledo la donación de Huéscar, Galera y Orce a la Orden de Santiago, y en 1246 el rey nazarí Muhammad I reconoció el dominio cristiano mediante el Pacto de Jaén, aunque solo de forma aparente: en 1252 los musulmanes de la frontera se sublevaron y recuperaron Huéscar junto con Cúllar, Orce y Galera. La plaza cambió de manos varias veces más: volvió a manos cristianas en 1271, la reconquistó el reino nazarí en 1324 aprovechando la minoría de edad de Alfonso XI, cayó de nuevo ante Rodrigo Manrique en 1434 y fue recuperada por los musulmanes apenas catorce años después, en 1447. La incorporación definitiva a la Corona de Castilla no llegó hasta 1488, cuando el alcaide de Huéscar ofreció la ciudad a los cristianos.
Tras la Reconquista, Huéscar pasó por varias manos nobles: Isabel I y Fernando lo entregaron como marquesado al conde de Lerín en 1495, Juana I lo donó en 1513 al duque de Alba, y en 1563 Felipe II creó el ducado de Huéscar para María Josefa Pimentel, con la particularidad de que el título recaía siempre en la mujer que se casara con el primogénito de la casa de Alba. La ciudad perteneció a la archidiócesis de Toledo entre 1544 y 1953, y fue repoblada masivamente por castellanos, aragoneses y, sobre todo, navarros, que trajeron consigo la devoción a las santas Alodía y Nunilón, hoy patronas del municipio, además de apellidos como Aguirre, Iriarte o Irigoyen que todavía se encuentran en el pueblo.
El episodio más célebre de la historia reciente de Huéscar es su «guerra» con Dinamarca. En 1809, durante las guerras napoleónicas, miles de soldados españoles quedaron atrapados y presos en territorio danés, aliado entonces de Francia; al conocerse la noticia, el ayuntamiento de Huéscar declaró la guerra a Dinamarca sin enviar un solo soldado, y Dinamarca jamás contestó. La declaración quedó olvidada hasta que un historiador local la redescubrió en 1981, y el 11 de noviembre de ese año, exactamente 172 años después, el alcalde y el embajador danés firmaron la paz en una ceremonia a la que varios daneses asistieron disfrazados de vikingos.
Patrimonio de Huéscar
El monumento principal es la Colegiata de Santa María la Mayor, templo gótico-renacentista de principios del siglo XVI dirigido por Diego de Siloé, el mismo arquitecto de la catedral de Granada. Destacan su portada isabelina en la sacristía vieja, la portada principal renacentista, la bóveda gótica, la bóveda plateresca y el coro barroco. La casa-palacio de los Penalva, de estilo modernista, es otro de los edificios singulares del casco urbano, junto a las numerosas casas señoriales que aún conservan blasones nobiliarios en sus fachadas.
El río Guardal guarda dos puentes notables: el Puente de las Ánimas —también llamado Acueducto de Raigada—, del siglo XVI y declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1982, y el Puente Duda, cuyos pilares descansan directamente sobre roca viva. En las Fuentes de Guardal se encuentra además la cabecera del Canal de Carlos III. El término conserva también una red de torres ópticas de época nazarí —las atalayas de Sierra Encantada, Campo-Botardo, la sierra del Muerto y Sierra Bermeja— que formaban parte del sistema defensivo fronterizo del antiguo reino de Granada. Desde 2011, el Museo José de Huéscar, junto a la Torre del Homenaje, custodia el legado del ilustrador José Antonio de Huéscar, que cedió su obra al municipio por la coincidencia de nombre.
Economía de Huéscar
La economía oscense se apoya en la agricultura y, sobre todo, en la ganadería ovina: el municipio es sede de la Feria Nacional de Criadores de Oveja Segureña, y sus explotaciones agrarias reúnen cerca de 33.000 cabezas de ovino y caprino, muy por delante del millar escaso de vacuno. Casi la mitad de la superficie agraria útil del término son pastos permanentes, lo que confirma el peso del ganado en un territorio de 468 km² donde la actividad agraria ocupa a poco menos de una cuarta parte de la superficie total.
Fiestas y tradiciones de Huéscar
Las fiestas mayores de Huéscar están dedicadas a Las Santas, Alodía y Nunilón, dos niñas mártires de padre moro y madre cristiana que, según la tradición, murieron por no renunciar a su fe. El programa arranca con desfiles de gigantes y cabezudos y verbena todas las noches, y concentra los actos religiosos en una misa concelebrada el sábado al mediodía, con la corporación municipal y autoridades de los pueblos vecinos, seguida de conciertos de pasodobles. Cincuenta días después del Lunes de Pascua, el lunes de Pentecostés, se celebra la Romería de Las Santas hasta su ermita al pie de la sierra de La Sagra, con desfile de carrozas y bailes típicos granadinos los días previos.
Cuándo Ir a Huéscar
La primavera, con la Romería de Las Santas en Pentecostés, y el verano, con las fiestas patronales, son las citas más animadas del calendario oscense. Para el senderismo por la sierra de La Sagra o el recorrido de la Gran Senda de los Primeros Pobladores, el final de la primavera y el principio del otoño ofrecen las temperaturas más llevaderas en un término que, por su altitud y su interior, tiene inviernos fríos y veranos de secano marcado: no en vano su paisaje sirvió de escenario a la película Intemperie (2019), de Benito Zambrano.
Planifica tu Visita a Huéscar
Huéscar está a 146 kilómetros de Granada capital y a 152 de Murcia, conectado por la carretera A-330 que enlaza con la autovía A-92N en Cúllar. Una visita completa puede combinar la Colegiata de Santa María la Mayor y el Museo José de Huéscar en el casco urbano con una escapada al río Guardal para ver el Puente de las Ánimas y el Puente Duda, y una ruta por la sierra de La Sagra o por el embalse de San Clemente, donde crecen las gigantescas secuoyas centenarias conocidas como mariantonias. La gastronomía local, de influencia navarro-aragonesa y manchega a partes iguales, es otro de los motivos para parar: los embutidos de matanza y los vinos de uva blanquilla y tinta doble resumen la mezcla de tradiciones que trajeron los repobladores tras la Reconquista.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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