Calaf

Calaf. Pueblos de Barcelona

Calaf es la capital de la Alta Segarra, una pequeña subcomarca del extremo norte de la Anoia, en la provincia de Barcelona. Con algo más de 3.600 habitantes —los calafins—, es el municipio más pequeño en extensión de su entorno, pero también el que concentra más población y servicios: su mercado semanal de los sábados sigue atrayendo hoy a los pueblos vecinos, como ocurría ya en el siglo XII.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Historia
  3. Patrimonio
  4. Economía
  5. Fiestas
  6. Cuándo ir
  7. Planifica tu visita
  8. Otros Pueblos de Barcelona

Geografía

El término municipal apenas ocupa 9,2 kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en uno de los más pequeños de la Alta Segarra, aunque reúne buena parte de la población de la subcomarca, con muy poco hábitat disperso fuera del núcleo urbano y de la urbanización de la Pineda. Se asienta a 680 metros de altitud media, en el centro geográfico del altiplano de la Segarra, una plataforma caliza que separa las aguas que van al Segre, a través del Riubregós y el Sió, de las que van al Llobregat. Limita con Calonge de Segarra, Sant Pere Sallavinera, els Prats de Rei, Sant Martí Sesgueioles y Pujalt, y su término incluye los montes del Castell, de Sant Sebastià y de Ferrera. El clima es mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos, nieblas y heladas frecuentes y veranos cálidos; la escasez de agua, agravada porque el subsuelo no es potable por la naturaleza del terreno, ha sido históricamente uno de los problemas del municipio, hoy resuelto en gran parte con agua traída de fuera. Según el INE, Calaf tenía en 2025 un total de 3.644 habitantes, una cifra muy estable si se compara con los 3.656 de 2020, el máximo de los últimos tiempos.

Historia

El nombre de Calaf se remonta, según los historiadores, a tribus bereberes instaladas en la Alta Segarra tras la conquista musulmana, encargadas de defender esta frontera; Calaf y la vecina Veciana son los dos topónimos de la zona que se identifican con ese origen. La comarca fue reconquistada hacia finales del siglo IX, aunque las incursiones de Almanzor y su hijo Abd al-Málik, en el año 976, volvieron a despoblar estas tierras fronterizas. Entre 1010 y 1015, el conde Ramón Borrell y la condesa Ermesenda de Carcasona cedieron el territorio al obispo de Vic para repoblarlo, y en 1093, al pie del monte y del recinto fortificado del castillo, surgió el núcleo amurallado que dio origen a la villa. Hacia finales del siglo XI o principios del XII, Calaf llegó a acuñar moneda propia para abastecer su mercado, que circuló hasta Manresa antes de desaparecer por el conflicto entre los vizcondes de Cardona y el obispo de Vic sobre a quién correspondía el beneficio. La villa tuvo también una pequeña comunidad judía documentada entre 1361 y 1411, dedicada sobre todo al préstamo de dinero.

El verdadero auge de Calaf llegó en el siglo XVII, favorecido por los privilegios de los condes de Cardona, que la convirtieron en centro comercial y de mercado de la comarca. Pero antes, en 1651, la peste bubónica redujo la población del pueblo en un 40 %, con 413 muertos sobre 1.097 habitantes; superada la epidemia, los vecinos levantaron en agradecimiento la ermita de San Sebastián, en el cerro del mismo nombre. El siglo XVIII trajo nuevas calamidades: durante la Guerra de Sucesión, un destacamento borbónico irlandés al mando de Daniel O'Mahony atacó el castillo en 1710, y entre 1711 el pueblo acogió durante meses el cuartel general borbónico del duque de Vendôme, ocupado por más de 30.000 soldados. En el siglo XIX, Calaf sufrió además los sitios y cargas de caballería de las guerras carlistas. Durante la Guerra Civil de 1936-1939 la parroquia de Sant Jaume fue saqueada y su cura asesinado, perdiéndose los retablos barrocos, el órgano de 1670 y buena parte del archivo parroquial; en esos mismos años, Calaf acuñó unos billetes de emergencia hechos en láminas de plástico transparente, los primeros del mundo confeccionados con ese material, según recoge el libro "El papel moneda catalán" de Antoni Turró.

Patrimonio

El castillo de Calaf, en la parte alta del pueblo, ocupa un emplazamiento estratégico entre dos vías de comunicación ya existentes en época romana; hoy semirruinoso pero declarado Bien Cultural de Interés Nacional, conserva dos de sus antiguos portales, el de Xuriguera y el del Hospital. La iglesia de Sant Jaume, de estilo renacentista con tradición gótica, se empezó a construir en 1603 sobre el solar de una capilla de 1356 y no se terminó hasta 1720, aunque el culto se abrió ya en 1639; su campanario octogonal, de 56,6 metros de altura, se inició en 1670 y no se remató hasta 1889, y se ha convertido en el símbolo del pueblo. En la cripta de la iglesia, acabada en 1649, reposan las reliquias de Santa Calamanda, patrona de Calaf. Junto a la estación se encuentra el convento de Sant Francesc, construido por los franciscanos entre 1715 y 1729 sobre el antiguo priorato de Sant Jaume y desamortizado en 1835. Desde 1993, Calaf acogió además varios encuentros internacionales de escultores, cuyas 27 obras resultantes, de artistas de media Europa, siguen repartidas por plazas y calles del pueblo.

Economía

La economía de Calaf combina la agricultura de secano propia del altiplano de la Segarra con una industria diversificada que se ha ido asentando en el municipio, favorecida por su posición junto a la autovía A-2 entre Barcelona y Lérida, la carretera C-25 y la línea de ferrocarril entre Manresa y Lérida. El mercado semanal de los sábados, documentado ya desde la Edad Media, sigue siendo hoy un motor comercial para todo el entorno de la Alta Segarra, reforzado por los servicios que Calaf ofrece como cabecera natural de los pueblos vecinos.

Fiestas

El calendario festivo de Calaf se abre en febrero con la Festa Major d'Hivern, dedicada a Santa Calamanda, patrona del pueblo. En abril se celebra la Ecofira, centrada en productos y alternativas ecológicas, y el último fin de semana de junio llega el desFOLCa't, el festival de música popular y tradicional organizado por la Comissió Organitzadora de Música Tradicional de Calaf i Alta Segarra. La Festa Major de verano, la más importante del año, se celebra el primer fin de semana de septiembre, y el 1 de noviembre tiene lugar la Fira de la Carbassa, la feria de la calabaza. Entre Navidad y finales de enero, Calaf mantiene además la representación de los Pastorets, la tradicional obra de teatro popular sobre el nacimiento de Jesús que se repite por estas fechas en buena parte de Cataluña.

Cuándo ir

El primer fin de semana de septiembre, con la Festa Major en pleno, es el mejor momento para conocer Calaf en su ambiente más animado, aunque el festival de música tradicional de finales de junio también atrae a buen número de visitantes. Para ver el mercado semanal en funcionamiento, como se celebra desde hace siglos, cualquier sábado del año es buena fecha. Conviene evitar los meses de más frío del altiplano, cuando las nieblas y heladas son frecuentes, y tener en cuenta que los veranos pueden traer olas de calor con máximas elevadas.

Planifica tu visita

Calaf está bien comunicada por la autovía A-2 entre Barcelona y Lérida y por la línea de ferrocarril de Manresa a Lérida, lo que facilita combinarla con otros pueblos de la Anoia y la Segarra. En una visita de un día conviene recorrer el castillo, la iglesia de Sant Jaume con su campanario y la ermita de Sant Sebastià, y detenerse por el camino ante alguna de las esculturas internacionales repartidas por sus calles. Para información municipal, horarios y contacto, el Ayuntamiento mantiene una web propia en calaf.cat.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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