Turre es un municipio del Levante Almeriense, en la provincia de Almería, situado a solo 4 kilómetros de la costa mediterránea y muy cerca de Mojácar. En 2025 tenía 4.361 habitantes, el dato más alto de toda la serie del INE, repartidos en un término de 108 km² a 53 metros de altitud. Su nombre viene del latín turris ("torre"), en recuerdo de una antigua torre vigía, y su historia combina yacimientos prehistóricos, un pasado minero del siglo XIX de alcance internacional y, en las últimas décadas, una completa reconversión hacia el turismo y los servicios ligados a la costa.
Geografía
El municipio se asienta junto al río Aguas y al pie de Sierra Cabrera, cuyas dos cumbres principales, el cerro de la Mezquita (962 m) y el cerro Arráez (919 m), reciben nieve algunos inviernos. Además del núcleo urbano, Turre incluye varias entidades de población reconocidas por el INE: El Cortijo Grande, La Carrasca, Cortijo Cabrera, Los Moralicos, Royo Morera y La Fuente del Royo. Sierra Cabrera conserva una vegetación de gran valor: hasta el siglo XVIII estuvo cubierta de alcornocales y encinares, hoy reducidos a unos pocos pies centenarios de alcornoque, una rareza botánica en todo el sudeste español, junto a matorral mediterráneo de retamas, jarales y romerales. En sus barrancos más húmedos sobreviven todavía adelfas, álamos blancos, quejigos y madroños, y entre su fauna destacan el jabalí, el zorro, el lagarto ocelado y una importante población de tortuga mora, especie amenazada.
Historia
El término de Turre conserva huellas de ocupación humana desde el Paleolítico, en la Cueva de las Palomas, y del Neolítico en el paraje de Gátar, además de un poblado de la cultura argárica en Gatas, ya en plena Edad del Bronce. La Antigüedad romana dejó restos en Cadimar, junto al río Aguas. Tras la despoblación del siglo XII, el territorio se repobló con mudéjares procedentes de otras zonas del reino de Granada, y en los siglos XV y XVI se consolidaron los núcleos de Cabrera y Teresa, de población morisca dedicada a la agricultura, la ganadería y la cría del gusano de seda. Teresa fue abandonada de forma dramática una noche de 1569, cuando sus habitantes, acosados por las exigencias de la sociedad cristiana, cruzaron la sierra para embarcarse rumbo a África sin retorno.
El núcleo de Turre surgió del reparto de tierras tras la expulsión de los mudéjares de Mojácar, en un momento de guerra latente en la comarca que llevó a levantar torres vigía para alertar de incursiones; una de esas torres dio nombre al lugar, que funcionaba entonces como alquería de Mojácar. En 1596, por privilegio real de Felipe II, el término se segregó de Mojácar, y en 1837 se le incorporó el resto de Sierra Cabrera, que hasta entonces pertenecía a Vera. El siglo XIX trajo el episodio más singular de la historia local: en 1838 el labrador Andrés López, apodado "el Perdigón", descubrió por casualidad una veta de galena argentífera en el barranco del Jaroso, lo que desató una fiebre minera que convirtió la comarca en centro mundial de extracción de plata y plomo, con especulación bursátil desenfrenada -más de 13.000 transferencias de acciones entre 1839 y 1845- hasta que las inundaciones de las galerías, a partir de 1847, y la competencia del plomo norteamericano acabaron por hundir el negocio a principios del siglo XX.
El cierre de las minas con la llegada de la Segunda República sumió a Turre en una crisis profunda, que se agravó con la Guerra Civil y la posguerra, décadas marcadas por la pobreza y la emigración. La verdadera transformación llegó en el último tercio del siglo XX, con el abandono progresivo de las cortijadas dispersas, el crecimiento del casco urbano y, sobre todo, el auge turístico ligado al "descubrimiento" de Mojácar: urbanizaciones como Cortijo Grande y Cortijo Cabrera, de arquitectura cuidada con el paisaje, simbolizan ese giro hacia el turismo residencial que hoy sostiene buena parte de la economía local.
Patrimonio
De los antiguos poblados de Cabrera y Teresa quedan restos de gran valor arqueológico: en Teresa, un acueducto, un molino y una iglesia de 1505 construida sobre una antigua mezquita; en Cabrera, hoy convertida en urbanización de estilo neoárabe, se conservan tramos de la muralla de la mezquita y una torre vigía del siglo XI que hacía también de alminar. La Fuente Morisca, documentada desde al menos 1495 y rehabilitada en 2015, conserva sus cinco caños, un abrevadero, un canal y un lavadero, y durante siglos fue el principal punto de abastecimiento de agua del pueblo. La ermita de San Francisco de Asís, de mampostería con muros robustos y planta rectangular de una sola nave, ocupa muy probablemente el solar de un antiguo edificio religioso, mezquita o ermita. La iglesia parroquial de la Purísima Concepción sustituyó en el siglo XIX a un templo del XVI cuyo artesonado mudéjar se derrumbó en 1859; el nuevo edificio, de fachada ecléctica y tres naves con bóveda de cañón, se levantó con el impulso del arquitecto provincial Martín Baldó y los donativos de Gabriel Sánchez Alarcón.
Economía
La agricultura y la ganadería sostuvieron la economía turrera hasta principios de los años ochenta del siglo XX, cuando el turismo y el "boom inmobiliario" de la zona de Mojácar desplazaron el peso económico hacia la construcción y, después, hacia el sector servicios, con comercios, restaurantes y bares de pequeños empresarios autónomos como motor principal en la actualidad. Esa reconversión fue completa: el medio agrario que durante siglos dio de comer al municipio se desruralizó casi por completo, y las cortijadas que antes estaban habitadas se fueron abandonando a medida que la población se concentraba en el casco urbano y en las nuevas urbanizaciones.
Fiestas
La fiesta mayor se celebra el 4 de octubre en honor a San Francisco de Asís, patrón del pueblo junto a la Purísima Concepción, con las tradicionales carreras de cintas, de origen caballeresco entre los siglos XV y XVII. La Semana Santa de Turre, declarada de interés turístico, está organizada por tres hermandades y se extiende durante más de una semana con novenas, procesión de Domingo de Ramos y Vía Crucis del Miércoles Santo. En Sierra Cabrera se mantienen fiestas propias de cada núcleo: la de Los Moralicos por la Virgen de la Candelaria el 2 de febrero, la de Cabrera en junio, El Rollo Morera a finales de agosto y La Carrasca a principios de septiembre, esta última con representación de Moros y Cristianos. La noche de San Juan, el 24 de junio, los turreros bajan a fuentes, río o playa en una celebración de raíz pagana que coincide con el solsticio de verano, y desde 2007 se celebran en el puente de diciembre unas jornadas gastronómicas dedicadas a la matanza tradicional del cerdo.
Cuándo ir
La cercanía al mar suaviza el clima de Turre casi todo el año, por lo que la primavera y el otoño son las estaciones más cómodas para combinar playa, sierra y patrimonio sin el calor más fuerte del verano. Quien quiera vivir la vida festiva del pueblo tiene dos citas principales: la Semana Santa, de interés turístico declarado, y las fiestas patronales de San Francisco de Asís el 4 de octubre; los aficionados a la gastronomía pueden además programar la visita en torno al puente de diciembre, cuando se celebran las jornadas de la matanza tradicional.
Planifica tu visita
Un recorrido por Turre puede combinar el casco urbano -con la iglesia de la Purísima Concepción y la Fuente Morisca recién rehabilitada- con una subida a Sierra Cabrera para ver los restos de los antiguos poblados de Cabrera y Teresa y disfrutar de su flora singular. La proximidad de Mojácar y de la costa, a solo unos minutos en coche, permite completar la visita con una jornada de playa, mientras que quien busque autenticidad gastronómica hará bien en reservar mesa para probar el caldo pimentón, las gachas con caldo o las papas al ajo cabañil, platos que resumen la cocina tradicional del Levante almeriense.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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