- Plentzia: la villa ballenera de Vizcaya que hoy termina en el metro de Bilbao
- Lo que Cuentan los Censos de Plentzia
- Historia: de Señorío Ballenero a Villa de Fueros
- Patrimonio: Iglesia, Murallas y una Inscripción en Euskera del Siglo XVII
- El Faro, la Ría y la Investigación Marina
- Fiestas: de Santa María Magdalena a la Alpargata de Oro
- Plentzia en la Literatura
- Planifica tu Visita a Plentzia
- Otros Pueblos de Vizcaya
Plentzia: la villa ballenera de Vizcaya que hoy termina en el metro de Bilbao
Plentzia es, a la vez, la última parada del metro de Bilbao y una villa marinera con setecientos años de fueros propios. En la desembocadura del río Butrón, a unos 25 kilómetros de la capital vizcaína, sus 4.407 habitantes conviven con una playa que en verano multiplica por cuatro la población del pueblo y con un patrimonio defensivo y religioso que todavía conserva una de las inscripciones más antiguas que se guardan en euskera.
Lo que Cuentan los Censos de Plentzia
La serie de Plentzia es de las más largas de la provincia: arranca en 1900, con 1.537 habitantes, y llega hasta los 4.407 de 2025, con el máximo de toda la serie en 2021 (4.414). El crecimiento no ha sido ni mucho menos una línea recta: entre 1981 y 1991 el pueblo pasó de 3.040 a 2.520 habitantes, una caída del 17 % en solo una década que el propio registro histórico marca como sospechosa de corresponder a una segregación municipal más que a una pérdida real de población, aunque el material disponible no permite confirmar con precisión a qué núcleo correspondió aquel ajuste. Desde los años noventa la recuperación ha sido constante: 3.117 en 1996, 3.622 en 2001, 4.069 en 2006 y la meseta actual, por encima de los 4.300 habitantes desde hace más de una década.
Historia: de Señorío Ballenero a Villa de Fueros
El puerto de Plencia obtuvo el rango de villa en 1236 por concesión de Lope Díaz II, señor de Vizcaya, confirmada después por su nieto Diego López V de Haro en 1299, cuando se le concedieron los términos para cazar ballenas desde Portugalete hasta Baquio. El nombre original de la villa fue Placencia de Butrón o Plasencia de Butrón, acortado con el tiempo hasta el actual Plencia. Sus vecinos se regían por el fuero de Logroño, confirmado por los sucesivos señores de Vizcaya y reyes de Castilla.
Durante los siglos XV y XVI, los señores de Butrón y Mújica vivieron durante doscientos años en la zona, en su castillo de Butrón en Gatika, comunicado con la villa a través de la ría. En 1779 se creó en Plencia la Escuela de Náutica, en la que se formaron infinidad de capitanes y pilotos de la marina mercante, tanto de la propia villa como de los pueblos vecinos de Barrica, Lemoniz, Gorliz, Urdúliz y Sopelana. Desde finales del siglo XIX, con la llegada en 1889 del tren que la enlazaba con Bilbao, Plencia adquirió un fuerte carácter turístico gracias a su playa, un carácter que conserva hoy siendo una de las estaciones terminales del metro bilbaíno. Antes de aquel giro turístico, la economía de la villa se basó históricamente en la pesca —sobre todo de ballena— y en el tráfico de cabotaje por toda la cornisa cantábrica, con astilleros propios en funcionamiento hasta bien entrado el siglo XX. A la villa pertenecen además varios barrios con nombre propio, como Sarachaga, Chipíos, parte de Gandias e Isuskitza, conocido también como «Abanico de Plencia» por la forma con la que lo rodea la propia ría.
Patrimonio: Iglesia, Murallas y una Inscripción en Euskera del Siglo XVII
La iglesia de Santa María Magdalena es un edificio de gran robustez del siglo XIV, al que se añadió en 1522 una torre-campanario que cumplía función religiosa y defensiva a la vez, como vigía sobre la ría y el puerto. Tiene tres naves —la central más ancha—, cabecera recta, coro de madera a los pies y una cubierta con artesonado obra del escultor bilbaíno Vicente Larrea.
De la antigua muralla que rodeaba por completo la villa solo se conserva la puerta de Santiago, junto a la plaza de la Iglesia, aunque hay constancia documental de otras tres puertas desaparecidas. El Torreón, construido en 1562 con el legado de su mayor benefactor, el canónigo plenciano Martín Pérez de Plasencia, luce en su fachada el escudo de la villa —un velero de tres mástiles— junto al de los Reyes Católicos; fue casa consistorial hasta 1924 y hoy es sede del Museo Plasentia Butrón. Y en la casa-torre de Torrebarri, renovada en 1603, se conserva un escudo de armas del linaje Múgica-Butrón con una inscripción en euskera de esa misma fecha, una de las más antiguas que se conservan en esta lengua.
El Faro, la Ría y la Investigación Marina
Como recomendación de paseo y de fotografía, la propia tradición local señala el faro de Astondo, cerca del casco urbano. La relación de Plentzia con el mar no se ha quedado solo en el pasado ballenero: en el antiguo sanatorio de la villa, donde antes estuvo el fortín de Arriku-arritxu, funciona hoy la Estación Marina de Plentzia, centro de la Universidad del País Vasco dedicado a la investigación marina e integrado en la red europea EMBRC de recursos biológicos marinos. Es un contraste llamativo: el mismo pueblo que durante siglos salió a cazar ballenas en el Cantábrico es hoy uno de los puntos vascos donde se estudia la vida marina desde el laboratorio.
La playa de Plencia, limpia y de mar en calma gracias al abrigo de la bahía que comparte con Gorliz y Barrika, es también uno de los destinos preferidos por familias de Bilbao para una segunda residencia de fin de semana, lo que explica buena parte del repunte de visitantes —y de ambiente en bares y restaurantes— durante los meses de verano.
Fiestas: de Santa María Magdalena a la Alpargata de Oro
Las fiestas principales de la villa son el 22 de julio, festividad de Santa María Magdalena, patrona de la parroquia, y el 2 de septiembre, San Antolín, jornada en la que se celebra un histórico y centenario mercado agrícola. Es Antolintxu —un vecino de la villa elegido por votación popular— quien da inicio a las fiestas con el lanzamiento de un cohete, el tradicional txupinazo; con los años se le ha unido una figura femenina, Madalentxu, diminutivo cariñoso de Magdalena. Las fiestas duran entre seis y siete días, entre finales de agosto y principios de septiembre, con actividades como playback, concurso de disfraces, pesca de mújol, marmitako, tortilla, toro de fuego y fuegos artificiales. Al final de la semana festiva se suman los puntos de cada grupo participante, y el que más acumula se lleva el máximo reconocimiento de las fiestas: la Alpargata de Oro.
Plentzia en la Literatura
La villa tiene también su rincón literario: en Plencia se desarrollan algunas escenas de la primera parte de Fortunata y Jacinta (1886-87), de Benito Pérez Galdós, y la localidad aparece también, con personajes auténticos, en el relato de viajes Del Miño al Bidasoa, de Camilo José Cela.
Planifica tu Visita a Plentzia
Plentzia se recorre bien en un día, combinando el casco histórico —iglesia, Torreón, puerta de Santiago y casa-torre de Torrebarri— con la playa y la ría, muy concurridas en verano y compartidas con las vecinas Gorliz y Barrika. La forma más sencilla de llegar desde Bilbao es por carretera, por la BI-634 hasta Sopelana y después la BI-2122, o directamente en metro hasta la estación terminal de Plentzia; desde el aeropuerto, la ruta pasa por la BI-631 hasta Mungia y de ahí por la BI-2120. Para completar la visita con algo distinto del paisaje marinero, el pueblo cuenta con un frontón municipal cubierto de pelota vasca, donde todavía se juegan partidos de competición, y con una oferta de bares de pintxos y restaurantes típica de cualquier villa vizcaína de costa. Julio y septiembre, con Santa María Magdalena y San Antolín, son las fechas con más ambiente de calle.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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