Introducción
Villamanrique de la Condesa es un municipio de la provincia de Sevilla, en la comarca de las Marismas del Guadalquivir, muy cerca del límite con Huelva. Según el INE, en 2025 tenía 4.694 habitantes repartidos en una superficie de 57,67 km², a 33 metros de altitud. Su nombre actual, que puede sonar extraño para un pueblo del interior sevillano, tiene origen aristocrático: hasta 1916 se llamó simplemente Villamanrique, y debe su apellido actual a una condesa francesa emparentada con la realeza española. Esa doble herencia -marismeña y cortesana- explica buena parte de lo que hoy se puede ver y vivir en el pueblo.
Geografía
El término municipal se asienta en plena comarca de las Marismas del Guadalquivir, un paisaje llano y húmedo que comparte frontera con el Parque Nacional de Doñana. Al oeste limita con Hinojos, ya en la provincia de Huelva, y más allá de ese municipio se extiende Almonte. Al sur y al este, el término de Villamanrique toca con Aznalcázar, y atravesando este se llega también al territorio de Almonte; siguiendo hacia el este, tras Aznalcázar aparece Isla Mayor, otro de los grandes municipios marismeños del bajo Guadalquivir. Esta posición, a caballo entre dos provincias y rodeada de espacios naturales protegidos, convierte a Villamanrique en uno de los accesos tradicionales a Doñana desde el lado sevillano, y explica el peso que la marisma tiene en su paisaje, su economía agrícola y su cultura rociera.
Historia
El poblamiento de la zona es muy antiguo: en el término municipal se han documentado restos del Calcolítico y de la Edad del Bronce, en el yacimiento conocido como Cerro de Chillas. Algunas fuentes sitúan aquí un primer asentamiento vinculado a la cultura de Tartessos, del que sería testigo el llamado Bronce Carriazo, una pieza con la representación de la diosa fenicia Astarté hallada en la localidad. El nombre más antiguo conocido del lugar fue Mures, un vocablo relacionado con "murena" (ratón), y la tradición local recuerda que los cartagineses llegaron a instalar aquí un poblado dedicado a la extracción de tinte púrpura, muy valorado en el mundo antiguo. En 1978, cerca del Cortijo de Chillas, los vecinos Manuel Carrasco Díaz y Manuel Zurita Chacón encontraron la llamada Estela de Villamanrique, la primera muestra conocida de escritura en lengua tartesia, un hallazgo arqueológico de primer orden para el estudio de los pueblos prerromanos del suroeste de la península.
Durante la época musulmana el lugar se conoció como Mures (que en árabe equivale a "muros"), y llegó a asentarse en él uno de los linajes más influyentes de la región, el de los Jaldún, bajo cuyo impulso se desarrollaron el cultivo de la vid, el olivo, la higuera y el regadío. Tras la Reconquista, en el siglo XIII, el municipio pasó a depender de la Orden de Santiago, y en el siglo XVI la Corona española lo vendió a Francisco de Zúñiga y Guzmán, IV duque de Béjar. En 1570 Felipe II erigió aquí un marquesado para Manrique de Zúñiga, y el pueblo pasó a llamarse Villamanrique de Zúñiga, el antecedente directo de su nombre actual.
El giro decisivo llegó en el siglo XIX, cuando el duque de Montpensier, Antonio de Orleans, adquirió una antigua casa con molino que había pertenecido a los Zúñiga. Más tarde, Luis Felipe Alberto de Orleans, conde de París, compró esa propiedad y construyó entre 1875 y 1882 el palacio de Orleans-Borbón, que sigue hoy en manos de esa misma familia. Por esas estancias pasaron, ya en el siglo XX, miembros de la casa de Orleans y de la casa de Borbón, entre ellos Pedro de Orleans y Braganza, fallecido en 2007, y Esperanza de Borbón, hermana de la madre del rey Juan Carlos I, fallecida en 2005; aquella rama familiar fue además la heredera de la corona imperial de Brasil hasta que el país se constituyó en república en 1889. En 1916, con la reforma general de la nomenclatura municipal española, el pueblo cambió su nombre por el de Villamanrique de la Condesa, en honor a María Isabel de Orleans y Borbón, infanta de España y condesa consorte de París.
Patrimonio
El edificio religioso principal es la parroquia de Santa María Magdalena, de estilo neoclásico y levantada en el siglo XIX sobre un templo anterior; conserva en su interior piezas de los siglos XVII y XVIII que recuerdan la larga vida religiosa del pueblo antes de su actual trazado. El otro gran hito patrimonial es el palacio de Orleans-Borbón, construido entre 1875 y 1882 sobre un antiguo molino, residencia histórica de la casa de Orleans que sigue siendo hoy de propiedad privada y uno de los elementos que distinguen a Villamanrique de los pueblos vecinos de la marisma. El convento franciscano de Santa María de Gracia, levantado en la década de 1560, formó parte del paisaje del pueblo hasta finales del siglo XIX, cuando quedó abandonado; fue derribado a mediados de los años sesenta del siglo XX, aunque sus objetos ornamentales se trasladaron a la parroquia y a otros edificios, donde todavía pueden contemplarse.
Villamanrique conserva además un oficio artesanal propio de gran prestigio: el bordado de mantones de Manila, con bordadoras como María Ángeles Espinar, de la casa Mantones Díaz, reconocida en 2007 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Este trabajo textil, heredado de generación en generación, es parte del patrimonio inmaterial del pueblo y puede verse en los talleres locales.
Economía
La base económica de Villamanrique sigue siendo la agricultura propia de las tierras de marisma y de secano que rodean el núcleo urbano. Según los últimos datos agrarios disponibles, el municipio cuenta con algo más de 1.000 hectáreas de cultivos herbáceos, entre las que destacan 95 hectáreas de sandía -un cultivo típico de las marismas del Guadalquivir- y 150 hectáreas de cereales de invierno para forraje. A ello se suman cerca de 1.863 hectáreas de cultivos leñosos, con 417 hectáreas de naranjos y 250 hectáreas de olivar de aceituna de mesa, dos producciones que sitúan a Villamanrique dentro de la tradición agrícola del Aljarafe y el bajo Guadalquivir. Junto a la agricultura, la artesanía del mantón de Manila y la actividad vinculada al turismo rociero y a la cercanía de Doñana completan el tejido económico local.
Fiestas
Villamanrique es, ante todo, uno de los pueblos de referencia de la devoción rociera. La tradición local cuenta que la imagen de la Virgen del Rocío fue hallada a comienzos del siglo XV en un árbol por un cazador de Mures llamado Gregorio Medina, una leyenda que vincula directamente al pueblo con el origen de una de las devociones marianas más populares de Andalucía. En el siglo XVII se fundó aquí una Hermandad del Rocío que desde entonces peregrina hasta la ermita por el Camino Real; en 1925 Alfonso XIII le concedió el título de Real, y más tarde recibió también el de Imperial por parte de Pedro de Orleans y Braganza, miembro de la familia que reside en el palacio del pueblo. La romería de la Hermandad del Rocío de Villamanrique, camino de la aldea almonteña, es la cita grande del calendario festivo local.
La Semana Santa tiene también arraigo propio: la Hermandad de la Vera Cruz, fundada en la segunda mitad del siglo XVI y vinculada históricamente al desaparecido convento franciscano de Santa María de Gracia, tiene su sede canónica en la parroquia de Santa María Magdalena. En 1913 se fusionó con la Hermandad del Santo Entierro, y desde entonces procesiona el Viernes Santo con su nombre completo: Venerable, Real, Muy Antigua y Sacramental Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, María Santísima del Mayor Dolor y San Juan Evangelista.
Cuándo Ir
La fecha más señalada es la del Rocío: el fin de semana de Pentecostés, cuando la Hermandad de Villamanrique sale en romería hacia la aldea de El Rocío, con el ambiente de carretas, caballos y devoción que caracteriza a estas peregrinaciones andaluzas. Para quien prefiera un Villamanrique más recogido, la Semana Santa, con la salida de la Hermandad de la Vera Cruz el Viernes Santo, ofrece otra cara de la vida religiosa del pueblo. Fuera de esas fechas, la primavera y el otoño son las estaciones más agradables para visitar la zona, dado el clima suave pero húmedo propio de las marismas del Guadalquivir, y permiten combinar la visita al pueblo con una excursión a los espacios naturales de Doñana, a un paso de distancia.
Planifica tu Visita
Villamanrique de la Condesa se encuentra en el extremo occidental de la provincia de Sevilla, lindando con Huelva, lo que lo convierte en una base cómoda para quienes quieran conocer tanto el Aljarafe sevillano como el entorno de Doñana. Dentro del pueblo, una visita de medio día permite recorrer la parroquia de Santa María Magdalena, acercarse al exterior del palacio de Orleans-Borbón -de propiedad privada, pero con un notable interés arquitectónico e histórico- y conocer algún taller de bordado de mantones de Manila, una de las señas de identidad artesanales más singulares de la provincia. Los alrededores, con los municipios marismeños de Aznalcázar, Isla Mayor y Almonte muy cerca, y el propio Doñana al alcance, invitan a prolongar la estancia uno o dos días más, especialmente para quienes se animen a hacerlo coincidir con la romería rociera de Pentecostés.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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