Vilaboa, Pontevedra

Vilaboa. Pueblos de Pontevedra

📝 Contenido:
  1. Vilaboa: el pueblo de la ría donde Napoleón perdió el puente, en Pontevedra
  2. Lo que Cuentan los Censos de Vilaboa
  3. Geografía entre la Ría y la Sierra de Domaio
  4. De los Megalitos a la Derrota de Napoleón
  5. Patrimonio: Salinas, Molinos y Cruceiros
  6. Economía: de la Marisma a la Vivienda
  7. Cuándo Ir a Vilaboa
  8. Planifica tu Visita a Vilaboa
  9. Otros Pueblos de Pontevedra

Vilaboa: el pueblo de la ría donde Napoleón perdió el puente, en Pontevedra

Entre las ciudades de Pontevedra y Vigo, asomado a la ensenada de San Simón, Vilaboa reparte sus 5.856 habitantes en cinco parroquias que miran al mar por un lado y a la sierra por el otro. No es un pueblo de postal uniforme: tiene salinas abandonadas que hoy son refugio de aves, un puente donde se decidió la suerte de la Galicia napoleónica y un carnaval que la Xunta ha declarado fiesta de interés turístico. Pocos municipios de su tamaño acumulan tanto en tan poco espacio.

Lo que Cuentan los Censos de Vilaboa

La serie del INE arranca en 2001, con 5.755 habitantes, y llega a 2025 con 5.856: un recorrido de 24 años prácticamente plano, con oscilaciones de unos pocos cientos de vecinos arriba y abajo. El dato más alto de toda la serie se registró en 2015, con 6.059 habitantes; desde entonces Vilaboa ha perdido un 3 % de su población, una caída suave y constante más parecida al envejecimiento general de la Galicia rural que a un éxodo. Como la serie no se remonta más allá de 2001, no puede decirse que 2015 fuera el máximo histórico del municipio: es, simplemente, el mayor dato que registra esta serie.

Geografía entre la Ría y la Sierra de Domaio

El término municipal, de 37,5 km², ocupa el interior de la ría de Vigo, en la ensenada de San Simón, y queda repartido entre un litoral manso y una sierra que lo cierra por el norte. La altitud oscila entre el nivel del mar y los 628 metros de la sierra de Domaio, en el límite con Marín y Moaña, mientras que la capital municipal, O Toural, se asienta a solo 34 metros sobre el mar. El clima es atlántico de libro: inviernos lluviosos y frescos, con mínimas que pueden bajar de los 0 °C en las zonas altas, y veranos cálidos en los que el termómetro llega a los 30-36 °C. Por el término pasan la autopista del Atlántico (AP-9), que cruza hacia Vigo por el puente de Rande, y las carreteras N-550 y N-554.

Administrativamente, Vilaboa se organiza en cinco parroquias: Vilaboa (donde está O Toural, la capital), Cobres, Santa Cristina de Cobres, Figueirido y Bértola. El núcleo más poblado no es la propia capital, sino Larache, en la parroquia de Santa Cristina de Cobres, reflejo de una población tradicionalmente repartida en aldeas pequeñas más que concentrada en un solo pueblo.

De los Megalitos a la Derrota de Napoleón

La huella humana en Vilaboa es mucho más antigua de lo que su tamaño actual sugiere. Junto al lago de Castiñeiras se conserva la Mámoa do Rei, un túmulo megalítico de cámara poligonal y unos 5.000 años de antigüedad, restaurado en 2003 y rodeado de otros ocho túmulos neolíticos. De la Edad del Hierro queda el castro de Monte da Croa, con restos de murallas y utensilios domésticos, y de la romanización, cuatro miliarios de la vía XIX del itinerario de Antonino, hoy conservados en el Museo de Pontevedra: por ese mismo trazado discurre desde la Edad Media el Camino Portugués de la Costa hacia Santiago.

De la Edad Media sobreviven los cimientos del castillo de Santo Adrián de Cobres y vestigios románicos en la iglesia de San Martiño de Vilaboa. El castillo de Uveiras, levantado entre los siglos XIV y XV sobre un promontorio a cien metros de altitud, tuvo un final abrupto: fue destruido en 1702 por la armada angloholandesa durante la batalla de Rande, el mismo episodio naval en el que se hundió la flota española de la Plata frente a estas costas. Más de un siglo después, el municipio volvió a ser escenario de guerra: los días 7 y 8 de junio de 1809, durante la Guerra del Francés, las milicias gallegas y las tropas españolas derrotaron en la batalla de Pontesampaio a los soldados napoleónicos del mariscal Michel Ney, un golpe que resultó decisivo para expulsar definitivamente a los franceses de Galicia. El puente medieval de Pontesampaio, sobre el río Verdugo, sigue en pie como símbolo de aquella victoria.

A mediados del siglo XIX, cuando Pascual Madoz describió el municipio en su diccionario geográfico, Vilaboa apenas contaba 3.800 habitantes, menos de los que tiene hoy, señal de un crecimiento lento pero sostenido durante el último siglo y medio.

Patrimonio: Salinas, Molinos y Cruceiros

El atractivo patrimonial de Vilaboa no se agota en el castillo y el puente. En Ulló se conservan unas salinas abandonadas que están entre las pocas salinas marítimas históricas que quedan en toda Galicia: fueron explotadas desde 1694 por el Colegio de los Jesuitas de Pontevedra y acabaron en manos privadas tras la desamortización de Mendizábal; a finales del siglo XIX se construyó allí mismo un molino de mareas, del que hoy solo quedan restos. El entorno, descatalogado como salinero, se ha convertido en un espacio de alto valor ecológico para las aves acuáticas. Cerca de allí, entre las parroquias de Vilaboa y Santa Cristina de Cobres, se puede visitar el petroglifo de Chan dos Areeiros, con inscripciones de época medieval.

El resto del patrimonio es el típico de una parroquia rural gallega bien conservada: cruceiros, hórreos repartidos por los núcleos de población y los Muíños do Rio Maior, un conjunto etnográfico de molinos tradicionales restaurados junto a un curso de agua, que recuerda cómo se molía el grano en el municipio antes de la electrificación.

Economía: de la Marisma a la Vivienda

La economía de Vilaboa ha estado tradicionalmente ligada a la agricultura, la pesca y el marisqueo, de los que todavía quedan rastros en las rías y en los huertos de las parroquias costeras. Hoy esas actividades conviven con los servicios, alguna pequeña industria y, sobre todo, con la función residencial que le da su posición: a apenas 10 kilómetros de la Praza da Ferrería de Pontevedra y a 19 de Vigo, muchos vecinos trabajan en una de las dos ciudades y viven en Vilaboa.

Cuándo Ir a Vilaboa

El mejor momento para acercarse es el Carnaval, la fiesta más popular del municipio, que se vive con especial intensidad en las parroquias de San Adrián de Cobres y Santa Cristina. Allí se celebra el Entroido dos Cobres, declarado Fiesta de Interés Turístico de Galicia, con sus personajes más llamativos: las madamas y los galáns, vestidos con trajes elaborados, y la tradicional corrida do galo, en la que se persigue a un gallo —hoy de plástico— bajo ciertas condiciones. La fiesta se cierra con el Sermón del Carnaval, en el que un predicador repasa, con humor, los hechos del pueblo durante el año. Fuera de esas fechas, la primavera y el otoño son buena época para recorrer el Camino Portugués de la Costa a su paso por Pontesampaio o para acercarse a las salinas de Ulló a ver aves.

Planifica tu Visita a Vilaboa

Vilaboa está bien conectado por carretera: la AP-9 cruza el municipio de norte a sur camino del puente de Rande, y las carreteras N-550 y N-554 enlazan las parroquias entre sí y con los municipios vecinos de Pontevedra, Marín y Moaña. El eje atlántico de alta velocidad también atraviesa el término, aunque la antigua estación de Figueirido ya no presta servicio. Para quien llega desde fuera, lo más práctico es tomar como referencia Pontevedra, a solo 10 kilómetros de O Toural, la capital municipal. La página oficial del concello, vilaboa.gal, recoge horarios de fiestas y rutas de senderismo por la sierra de Domaio y el entorno de las salinas. Quien visite Vilaboa fuera del Carnaval encontrará, sobre todo, un municipio tranquilo: ideal para una escapada de un día combinando playa de ría, patrimonio militar y naturaleza, sin las aglomeraciones de las dos ciudades que lo flanquean.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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