Vila de Cruces es un municipio de la provincia de Pontevedra, en la comarca gallega do Deza, con 4.967 habitantes repartidos en 28 parroquias y 154,5 km² de superficie. Hasta 1944 ni siquiera se llamaba así: el ayuntamiento tuvo su sede en la parroquia de Carbia, y el municipio llegó a conocerse por ese nombre, hasta que el 19 de septiembre de aquel año se trasladó la capitalidad al núcleo de As Cruces y adoptó su denominación actual. Hoy es, sobre todo, tierra de ganado vacuno y de un patrimonio megalítico que incluye una de las necrópolis más estudiadas de Galicia.
Geografía
El municipio limita con Boqueixón, Touro, Arzúa y Santiso, ya en la provincia de A Coruña, y con Silleda, Agolada y Lalín dentro de la propia Pontevedra. Su término, repartido en 28 parroquias y hasta 141 núcleos de población, alcanza los 827 metros de altitud en sus puntos más elevados, un relieve notablemente más alto que el de buena parte de la comarca do Deza, que combina montes de uso forestal y ganadero con los valles donde se concentra la actividad agraria. Se trata de un municipio extenso y de baja densidad, con la población muy repartida entre sus numerosos núcleos rurales en lugar de concentrada en una sola villa. El propio nombre actual procede de la parroquia de As Cruces, sede del ayuntamiento desde 1944, y convive en el habla cotidiana con los nombres de las demás parroquias históricas, desde Camanzo o Merza hasta Piloño o Ferreirós. El gentilicio de sus vecinos, crucés o carbiao según se use el nombre actual o el antiguo de Carbia, resume bien esa doble identidad administrativa que el municipio arrastra desde el siglo XX.
Historia
La prehistoria de Vila de Cruces está marcada por la necrópolis megalítica de Oirós, un conjunto de más de quince mámoas que en 1973 fue objeto de la primera excavación de la arqueología gallega contemporánea, dirigida por el arqueólogo Xosé Carlos Sierra e impulsada por el sacerdote local Nicolás Alvarellos. Entre 1975 y 1976, arqueólogos de la Universidad de Santiago de Compostela localizaron allí dolmens de planta circular y poligonal, en un campo funerario datado en torno al año 2300 a. C., ya en el megalitismo final. Entre los hallazgos se cuentan un cuchillo de sílex, puntas de flecha, láminas de oro y fragmentos de cerámica, hoy referencia obligada para entender la ocupación prehistórica de esta zona del interior gallego.
La historia administrativa del municipio es más reciente y tiene varios giros. La Constitución de 1812 dividió este territorio en cinco ayuntamientos distintos —Camanzo, Ferreirós, Piloño, Merza y Cruces—, que en 1822 quedaron encuadrados en la entonces provincia de Vigo, antecedente de la actual Pontevedra. La reorganización territorial de 1835 devolvió la capitalidad a la parroquia de Carbia, dando nombre al municipio durante más de un siglo, hasta que la nueva sede inaugurada en 1944 en Vila de Cruces fijó el nombre que conserva hoy. A mediados del siglo XIX, cuando todavía se llamaba Carbia, el municipio contaba según el diccionario de Pascual Madoz con unos 5.600 habitantes, una cifra que la demografía del siglo XX llegaría a superar ampliamente antes de iniciar el declive que se observa desde comienzos de este siglo, ligado al mismo proceso de emigración rural que ha vaciado buena parte del interior gallego.
Patrimonio
Además del yacimiento de Oirós, Vila de Cruces conserva un curioso patrimonio científico: un observatorio astronómico de titularidad privada, hoy abandonado, formado por un edificio de piedra cubierto por una cúpula metálica construida a mano y equipado con un reflector de 40 centímetros de diámetro. En sus años de actividad se usó para divulgación astronómica y observaciones científicas, y aunque el edificio está cerrado, cada agosto, durante la Semana Cultural del municipio, se sigue organizando una actividad de observación de estrellas que recuerda esa vocación.
El municipio ha dado además varias figuras destacadas de las letras y la cultura gallegas: el escritor Luis Otero Pimentel, nacido en el siglo XIX, el jurista Alfredo García Ramos y, ya en el siglo XX, el escritor Xosé Neira Vilas, una de las voces más reconocidas de la literatura en gallego contemporánea. Esa tradición literaria convive con el perfil marcadamente rural y agroganadero del municipio, y es habitual que se recuerde en los actos de la Semana Cultural junto con el resto del patrimonio inmaterial local.
Economía
La actividad económica de Vila de Cruces se reparte entre los servicios, que ocupan a un 60% de los trabajadores, y un sector agroganadero que, aunque emplea directamente a algo más del 12% de la población activa, define el paisaje de buena parte del municipio: el último censo agrario registra 437 explotaciones y 3.654 hectáreas de superficie agraria útil, el 23,7% del territorio, con un 61,5% dedicado a pastos permanentes para el ganado. Esa vocación ganadera se refleja en la cabaña: más de 6.200 cabezas de vacuno, cerca de 4.900 cerdos y más de 50.000 aves de corral, cifras propias de una comarca con fuerte tradición láctea y de cría. La industria, ligada en buena parte a esa base agroganadera, emplea a casi el 18% de los ocupados.
Fiestas
La patrona del municipio es Nuestra Señora de la Piedad, cuya fiesta se celebra el fin de semana siguiente al 4 de agosto. Coincidiendo con esas fechas, la asociación cultural Miolos de Fume organiza dentro de la Semana Cultural el Rali de Carretillas, una curiosa prueba deportiva y festiva basada en carretillas que se ha convertido en una de las citas más populares del calendario local. A lo largo del año se suceden además varias fiestas gastronómicas con degustación gratuita de productos de la zona: la de la Castaña en noviembre, la del Chorizo en febrero y la del Gallo de Corral en mayo. Varias parroquias mantienen también la tradición del entroido con los llamados "altos dos xenerais", y los días 4 y 17 de cada mes se celebra la feria tradicional del municipio.
Cuándo ir
El calendario festivo marca los mejores momentos para visitar Vila de Cruces: principios de agosto, con la fiesta patronal y el Rali de Carretillas, concentra el mayor ambiente del año, mientras que noviembre, febrero y mayo ofrecen la oportunidad de probar producto local en las respectivas fiestas gastronómicas de la castaña, el chorizo y el gallo de corral. Para quienes prefieran recorrer el municipio con tranquilidad, la primavera y el otoño son las estaciones más cómodas en este interior gallego de inviernos fríos y veranos moderados.
Planifica tu visita
Al estar repartido en 28 parroquias y 141 núcleos, Vila de Cruces se visita mejor con vehículo propio, moviéndose entre As Cruces, Carbia y los demás núcleos rurales que conservan buena parte del patrimonio etnográfico y megalítico del municipio. Merece la pena acercarse al yacimiento de Oirós para conocer de primera mano uno de los conjuntos funerarios prehistóricos más estudiados de la provincia, y aprovechar los días de feria —4 y 17 de cada mes— para ver el municipio en su faceta más genuina de mercado agrícola y ganadero. Quien visite en las fechas de alguna fiesta gastronómica puede combinar el paseo rural con la degustación de castañas, chorizo o gallo de corral, siempre con buena previsión de alojamiento dado el tirón que tienen estas citas entre los municipios vecinos de la comarca do Deza.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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