Medina de Pomar cuenta con 6.190 habitantes (padrón de 2025) y ocupa 214,0 kilómetros cuadrados de la provincia de Burgos, con una densidad de 28,9 habitantes por kilómetro cuadrado.
El casco urbano se sitúa a 583 metros de altitud.
Lo que Cuentan los Censos de Medina de Pomar
El registro disponible empieza en 2001 con 5.044 habitantes. El máximo llegó en 2009, con 6.321 vecinos.
La cifra actual, 6.190 habitantes, se mantiene cerca de aquel máximo: solo un 2 % por debajo.
En los últimos años la tendencia se ha dado la vuelta: de 5.856 habitantes en 2022 ha pasado a 6.190 en 2025.
Datos de Medina de Pomar de un Vistazo
- Provincia: Burgos
- Población: 6.190 habitantes (padrón de 2025)
- Superficie: 214,0 km²
- Altitud: 583 metros
- Coordenadas: 42,9278 N, 3,4867 O
- Gentilicio: medinés
- Código INE: 09209
- Ayuntamiento: www.medinadepomar.net
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata, serie desde 2001.
Medina De Pomar
Un lugar con alma
En el norte de la provincia de Burgos, donde el paisaje comienza a transformarse y el verde gana protagonismo frente a los tonos ocres de la meseta, se encuentra Medina de Pomar, una localidad que combina historia, naturaleza y vida con una personalidad única. Situada en la comarca de Las Merindades, esta villa se presenta como uno de los destinos más completos para quienes buscan turismo rural con identidad, sin renunciar a la riqueza cultural y al pulso de una localidad con historia.
Atravesada por el río Trueba y muy cerca del curso del río Nela, Medina de Pomar ofrece una estampa donde el agua, la piedra y la vegetación conviven en armonía. Aquí, el pasado no es una referencia lejana, sino una presencia constante que se mezcla con la vida diaria, con el comercio local, con las conversaciones en sus calles y con la energía de un lugar que ha sabido mantenerse vivo.
Pasear por Medina de Pomar es sentir que cada rincón tiene algo que decir. Es detenerse en una plaza, observar una fachada, escuchar el sonido del agua y entender que este lugar no solo se visita, se experimenta. Es una villa que acoge, que sorprende sin estridencias y que invita a quedarse un poco más de lo previsto.
Patrimonio que perdura
El patrimonio de Medina de Pomar es uno de sus grandes tesoros, reflejo de una historia rica y diversa que ha dejado huella en cada rincón. El elemento más emblemático es sin duda el imponente Alcázar de los Condestables, una construcción que domina el perfil de la villa y que transporta al visitante a épocas medievales. Sus muros robustos y su presencia majestuosa hablan de poder, de historia y de un pasado que aún se percibe con claridad.
Junto a él, la iglesia de Santa Cruz aporta un valor arquitectónico y espiritual que completa el conjunto histórico. Sus detalles, su estructura y su ubicación reflejan la importancia que tuvo Medina de Pomar en otros tiempos.
El casco antiguo, con sus calles empedradas, soportales y edificios tradicionales, invita a perderse sin rumbo. Cada rincón guarda una historia, cada fachada refleja una época, cada detalle suma a un conjunto patrimonial que se siente vivo.
Las plazas, los antiguos espacios de encuentro y los pequeños elementos urbanos completan una imagen que combina tradición y continuidad. Aquí, el patrimonio no es un museo, es parte de la vida diaria, una herencia que se mantiene presente en cada paso.
Naturaleza en estado puro
El entorno natural de Medina de Pomar es uno de los más atractivos de la provincia. Rodeada de montañas suaves, valles verdes y cursos de agua, esta localidad ofrece una conexión directa con la naturaleza en su estado más puro.
El río Trueba y el río Nela aportan frescura y dinamismo al paisaje, creando espacios ideales para pasear, relajarse o simplemente disfrutar del entorno. Sus orillas, llenas de vegetación, invitan a desconectar y a dejarse llevar por el ritmo del agua.
Los alrededores ofrecen rutas de senderismo que permiten descubrir bosques, praderas y miradores naturales desde los que contemplar la belleza de Las Merindades. Cada estación transforma el paisaje: el verde intenso de la primavera, la calidez del verano, los tonos dorados del otoño y la serenidad del invierno.
La fauna local, discreta pero presente, completa una experiencia natural que se disfruta sin prisas. En Medina de Pomar, la naturaleza no es un complemento, es una parte esencial de su identidad.
Costumbres que viven
La vida en Medina de Pomar mantiene un equilibrio entre tradición y dinamismo. A lo largo del año, el calendario se llena de celebraciones que reflejan la identidad del lugar y el carácter de sus habitantes.
Las fiestas patronales son momentos de encuentro, donde la música, la cultura y la convivencia llenan las calles de vida. Son días en los que la villa se transforma, pero sin perder su esencia, manteniendo ese equilibrio entre lo tradicional y lo actual.
Las ferias, los mercados y las actividades culturales forman parte de una vida social activa, donde vecinos y visitantes comparten espacios y experiencias. Las tradiciones no se conservan solo por inercia, sino por el valor que tienen en la construcción de la identidad colectiva.
Los oficios tradicionales, aunque adaptados a los tiempos actuales, siguen presentes en la memoria y en la forma de entender el trabajo. La hospitalidad de sus gentes, su cercanía y su forma de recibir hacen que cualquier visitante se sienta parte del lugar. Medina de Pomar es una villa que se vive desde dentro, que se comparte y que se siente.
Sabores con historia
La gastronomía de Medina de Pomar es un reflejo fiel de su entorno y de su historia. Aquí, los sabores son intensos, auténticos y profundamente ligados a la tradición.
El cordero asado es uno de los platos más representativos, preparado con técnicas que respetan el producto y que han pasado de generación en generación. Su sabor evoca celebraciones, encuentros familiares y momentos que forman parte de la memoria colectiva.
Los embutidos artesanales, los quesos y los productos de la tierra completan una oferta gastronómica que combina sencillez y calidad. Los platos de cuchara, especialmente en los meses más fríos, aportan ese carácter reconfortante que define la cocina castellana.
El pan, elaborado de forma tradicional, y los dulces caseros añaden ese toque final que conecta con la tradición. El vino, presente en la cultura de la región, acompaña cada comida, creando una experiencia completa.
Comer en Medina de Pomar es descubrir el sabor de la historia, es entender la tierra a través de cada bocado.
Un destino que deja huella
Medina de Pomar es uno de esos lugares que no necesitan artificios para quedarse en la memoria. Su riqueza está en la combinación de historia, naturaleza y vida, en ese equilibrio que se percibe en cada rincón.
Es un destino que invita a descubrir, a caminar sin rumbo, a detenerse y observar. Es la sensación de estar en un lugar donde todo tiene su espacio, su tiempo y su sentido.
Quien visita Medina de Pomar no solo encuentra una villa con historia, encuentra una experiencia que conecta con lo esencial, con lo auténtico. Es un lugar que no se olvida, que deja huella sin necesidad de grandes gestos.
Un rincón de Burgos donde la historia sigue viva y donde cada instante se convierte en un recuerdo que permanece.
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