Hornachos

Hornachos. Pueblos de Badajoz

📝 Contenido:
  1. Hornachos, la villa morisca de la Sierra Grande
  2. Geografía
  3. Historia
  4. Patrimonio
  5. Economía
  6. Fiestas
  7. Cuándo ir
  8. Planifica tu visita
  9. Otros Pueblos de Badajoz

Hornachos, la villa morisca de la Sierra Grande

Hornachos es un municipio de la provincia de Badajoz, en la comarca de Tierra de Barros, con 3.375 habitantes según el padrón de 2025. Su nombre no es casual en la historia de España: durante los siglos XVI y XVII fue el asentamiento mudéjar y morisco más numeroso de toda la Corona de Castilla, una condición que marcó su urbanismo, su patrimonio religioso y hasta el destino de parte de sus vecinos, que tras la expulsión de 1609 fundaron en el norte de África una curiosa república pirata. Hoy ese pasado convive con una economía agrícola y ganadera y con un entorno natural protegido que invita a recorrer sus calles empinadas y su sierra.

Geografía

El pueblo se asienta en la Sierra Grande de Hornachos, a 538 metros de altitud, entre dos valles con nombres que resumen su historia: el de los Moros y el de los Cristianos. El término municipal se extiende sobre 296 km², una superficie notable para la zona, y pertenece al partido judicial de Villafranca de los Barros, población cercana con la que mantiene buena comunicación. La sierra, que alcanza los 951 metros en su cota más alta, fue declarada en 1998 Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), además de Zona de Interés Regional y Lugar de Importancia Comunitaria, por albergar una de las poblaciones de aves rapaces más variadas de Extremadura: águila imperial ibérica, buitre, búho real, águila azor-perdicera o alimoche se mueven entre roquedos y dehesas de encinas y alcornoques. En las zonas más altas crece el enebro (Juniperus oxycedrus) y una planta endémica, el Erodium mouretii, presente solo en algunos puntos de Extremadura, Andalucía y el norte de Marruecos.

Historia

La presencia humana en el entorno de Hornachos se remonta al Neolítico, como demuestran las pinturas rupestres de los Abrigos de la Sillá, talladas en roca cuarcítica. En época romana el lugar servía de paso hacia Augusta Emérita (Mérida) y Alange, y recibía el nombre de Fornacis, de donde deriva tanto el nombre actual del pueblo como uno de sus gentilicios, "fornacense". Tras la conquista musulmana del 711, se levantó sobre la cresta de la sierra una fortaleza defensiva que dominaba el territorio. En 1235 el rey Fernando III de Castilla entregó la villa a la Orden de Santiago, pero la población siguió siendo mayoritariamente musulmana —y después morisca— durante siglos: a finales del XV, Hornachos era el asentamiento mudéjar más numeroso de toda la Corona de Castilla, y a finales del XVI llegó a estar amurallada y a superar los 10.000 habitantes, convertida en el principal núcleo morisco de España.

El punto de inflexión llegó con el decreto de expulsión de los moriscos dictado por Felipe III en 1609: los moriscos hornachegos salieron del pueblo en enero de 1610. Una parte, protegida por familias cristianas, logró quedarse; la mayoría marchó al norte de África, donde, junto a lo que luego sería Rabat, fundó una singular república corsaria —conocida como República de Salé o de Bou Regreg— que durante años plantó cara a las armadas española y francesa desde el Atlántico. Algunas de aquellas familias moriscas, como los Vargas o los Correón, adoptaron en Marruecos los apellidos Bargach y Karioun, que todavía existen. En el pueblo, mientras tanto, la marcha de buena parte de sus vecinos abrió una etapa de decadencia, con problemas de orden público que obligaron a destacar allí fuerzas de seguridad y caballería. Tras la caída del Antiguo Régimen, Hornachos se constituyó en municipio y en 1834 quedó integrado en el partido judicial de Almendralejo; el censo de 1842 recogía ya 623 hogares y 2.600 vecinos.

Patrimonio

El legado morisco se nota sobre todo en el patrimonio religioso: durante el siglo XVI el pueblo llegó a tener cuatro iglesias, una ermita y un convento, un número inusual para su tamaño. La construcción más destacada que se conserva es la iglesia de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, iniciada en 1511, con tres naves de cabecera gótica separadas por arcos ojivales sobre pilares de ladrillo y cubiertas de madera que en su tramo central muestran el escudo imperial de Carlos V; pertenece hoy a la archidiócesis de Mérida-Badajoz. La ermita de Nuestra Señora de los Remedios custodia la imagen de la patrona del pueblo, mientras que el convento franciscano de San Ildefonso, fundado por Carlos I y continuado por Felipe II, conserva retablos interiores de interés y una fachada que sigue siendo escenario de celebraciones locales, entre ellas el tradicional zoco morisco. Para entender esta herencia, el pueblo cuenta con dos espacios museísticos: el Centro de Interpretación de la Sierra Grande, dedicado al entorno natural, y el Centro de Interpretación de la Cultura Morisca, instalado en el antiguo pósito, entre los valles de los Moros y de los Cristianos, que explica el conflicto y la expulsión de 1609.

Economía

La actividad económica de Hornachos combina el sector servicios —hoy reforzado por un turismo rural en auge gracias al entorno de la sierra— con la agricultura y la ganadería tradicionales, en particular la cría del cerdo ibérico. En el término funcionan casas y apartamentos rurales, fábricas de vino y aceite, y fábricas de embutidos y jamones que dan salida a esa cabaña porcina. Según el último Censo Agrario, el municipio contaba con 468 explotaciones agrarias que trabajaban 22.241 hectáreas de superficie agrícola útil —el 75 % del término—, repartidas entre tierras de labor, pastos permanentes y superficie arbolada; la cabaña ganadera sumaba más de 2.100 cabezas de vacuno, cerca de 39.000 entre ovino y caprino y más de 10.000 cerdos.

Fiestas

El calendario festivo de Hornachos arranca el 2 de febrero con Las Candelas, cuando grupos de vecinos encienden hogueras repartidas por el pueblo y compiten disfrazados por temáticas con premio. En febrero llega el Carnaval, y en primavera la Semana Santa, con procesiones por el casco antiguo y la procesión del encuentro en la que se bendicen las roscas de Pascua; el Lunes de Pascua es tradición salir al campo con la familia. A mediados de mayo se celebra San Isidro, con actividades lúdicas, procesión y romería. La noche del 23 de junio, por San Juan, los hornachegos acuden al pilar de San Francisco para mojarse la cabeza a medianoche, siguiendo la creencia de que así evitan los dolores de cabeza durante el año. En agosto se recuerda a los emigrantes del pueblo con las Fiestas del Emigrante, pensadas para quienes regresan esas fechas. La fiesta mayor llega del 7 al 10 de septiembre en honor a la Virgen de los Remedios, patrona de la localidad, con la noche de fuegos, la misa de campaña y la procesión alrededor de la ermita; días después, en octubre, se celebra San Francisco junto al convento, con la popular subasta del ramo del santo. A ello se suma, en otoño, la Semana Micológica, dedicada a las setas de la sierra, y a lo largo del año la ruta de la tapa entre bares y restaurantes del pueblo.

Cuándo ir

La mejor época para visitar Hornachos depende de lo que se busque: quien prefiera temperaturas suaves para recorrer la sierra y el casco histórico tiene en la primavera (abril-mayo, coincidiendo con San Isidro) y el otoño (octubre-noviembre, con la Semana Micológica) los momentos más agradables, lejos del calor extremo del verano extremeño. Quien quiera vivir el ambiente festivo más intenso debe acudir en la primera quincena de septiembre, con la fiesta patronal de la Virgen de los Remedios, o la noche del 23 de junio para la tradición de San Juan en el pilar de San Francisco.

Planifica tu visita

Hornachos se encuentra a pocos minutos de Villafranca de los Barros, en la comarca de Tierra de Barros, bien conectada por carretera con Almendralejo, Mérida y Badajoz capital. Para conocer el pueblo conviene empezar por el casco antiguo, subir hasta los restos de la fortaleza en lo alto de la sierra y visitar la iglesia de la Purísima Concepción y la ermita de los Remedios; los dos centros de interpretación —el de la Sierra Grande y el de la Cultura Morisca, en el antiguo pósito— ayudan a situar tanto el valor natural del entorno como el episodio morisco que define la identidad del municipio. La Sierra Grande, con sus miradores y sus sendas entre dehesas, es también punto de referencia para la observación de aves rapaces. Antes de bajar al pueblo conviene reservar tiempo para probar su gastronomía, con la caldereta extremeña de cordero, las migas, el salmorejo de conejo o los dulces de Semana Santa como las puchas y las roscas, además de productos derivados del cerdo ibérico que se elaboran en las fábricas locales de embutidos y jamones.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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