Jerez de los Caballeros

Jerez de Los Caballeros. Pueblos de Badajoz

Jerez de Los Caballeros cuenta con 9.095 habitantes (padrón de 2025) y ocupa 740,5 kilómetros cuadrados de la provincia de Badajoz, con una densidad de 12,3 habitantes por kilómetro cuadrado.

El casco urbano se sitúa a 506 metros de altitud.

📝 Contenido:
  1. Lo que Cuentan los Censos de Jerez de Los Caballeros
  2. Datos de Jerez de Los Caballeros de un Vistazo
  3. Un lugar con alma
    1. Patrimonio que perdura
    2. Naturaleza en estado puro
    3. Costumbres que viven
    4. Sabores con historia
    5. Un destino que deja huella
  4. Otros pueblos de Badajoz

Lo que Cuentan los Censos de Jerez de Los Caballeros

El registro disponible empieza en 2001 con 9.647 habitantes. El máximo llegó en 2009, con 10.237 vecinos.

La cifra actual, 9.095 habitantes, se mantiene cerca de aquel máximo: solo un 11 % por debajo.

La tendencia reciente sigue a la baja: de 9.167 habitantes en 2022 a 9.095 en 2025.

Datos de Jerez de Los Caballeros de un Vistazo

  • Provincia: Badajoz
  • Población: 9.095 habitantes (padrón de 2025)
  • Superficie: 740,5 km²
  • Altitud: 506 metros
  • Coordenadas: 38,3208 N, 6,7730 O
  • Código INE: 06070
  • Ayuntamiento: jerezcaballeros.es

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata, serie desde 2001.

Jerez de los Caballeros

Un lugar con alma

Jerez de los Caballeros es una ciudad que no se limita a ser vista: se siente. Elevada sobre una colina que domina un paisaje de dehesas infinitas, sierras suaves y horizontes que cambian de color con la luz, esta joya pacense en plena comarca de Sierra Suroeste respira historia, memoria, espiritualidad y belleza. Jerez no es un lugar más del mapa extremeño: es un escenario donde el pasado caballeresco de la Orden del Temple, la arquitectura barroca más espléndida, las calles empedradas y la vida cotidiana se mezclan para formar un conjunto único que sobrecoge al viajero desde el primer instante.

El casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural, se alza entre torres que vigilan desde hace siglos, murallas que bordean el casco antiguo y templos que parecen conversaciones entre piedra y cielo. Pasear por Jerez de los Caballeros es caminar entre sombras medievales, entre fachadas blancas que brillan al sol de Extremadura y entre plazas donde la vida se comparte como si el tiempo aquí tuviera otro ritmo.

La ciudad conserva una elegancia natural, una mezcla perfecta entre nobleza y autenticidad. En cada rincón se percibe la huella de las órdenes militares, el poderío artístico del barroco y la vida tranquila de sus barrios altos y bajos. Y cuando el sol cae, cuando las torres de sus iglesias se tiñen de oro, Jerez se vuelve una postal viva, una ciudad que parece surgida de un libro antiguo pero que late con fuerza en el presente.

Jerez de los Caballeros es un lugar con alma porque su esencia es profunda, luminosa y llena de verdad. Un pueblo-ciudad donde la historia manda, la belleza envuelve y la vida fluye con serenidad.

Patrimonio que perdura

El patrimonio de Jerez de los Caballeros es extraordinario. De hecho, pocos lugares de Extremadura albergan tal concentración de arte, historia y monumentalidad. Su casco histórico es un museo al aire libre, un viaje a través de estilos, épocas y símbolos que han marcado el carácter del municipio.

El punto más emblemático es el Castillo Templario, construido sobre restos árabes y ampliado por la Orden del Temple. Sus murallas, torres y pasadizos guardan episodios tan legendarios como trágicos, como la famosa “Torre Sangrienta”, donde se dice que los caballeros templarios fueron ejecutados tras su caída en desgracia. Desde las almenas, el panorama es inmenso: dehesas, sierras y tejados rojizos que dibujan uno de los perfiles urbanos más hermosos de la provincia.

Pero si hay algo que define a Jerez de los Caballeros es su trilogía de torres barrocas, auténticas obras maestras del arte extremeño:

La Iglesia de Santa María de la Encarnación, la más antigua de la ciudad, mezcla estilos y guarda tesoros artísticos en su interior.
La Iglesia de San Bartolomé, con una de las torres barrocas más impresionantes de Extremadura, un despliegue decorativo que corta la respiración por su altura, color y riqueza escultórica.
La Iglesia de Santa Catalina, majestuosa, elegante, con una torre que equilibra armonía y poder visual.

Ver estas tres torres recortadas sobre el cielo azul es una de las imágenes más icónicas de Jerez.

A esto se suma la Iglesia del Cristo de la Vera Cruz, la Ermita de los Santos Mártires, la Ermita de la Trinidad, la Torre del Reloj y numerosos conventos, cada uno con su propia historia, devoción y belleza.

Las murallas medievales, aún visibles en muchos puntos, recuerdan el papel militar y fronterizo de la ciudad. Las casas nobiliarias, con sus escudos de piedra, patios empedrados y balcones señoriales, completan un patrimonio donde se mezclan hidalgos, órdenes militares y familias que marcaron la historia local.

El museo templario, los antiguos molinos, las fuentes históricas y los restos de arquitectura popular hacen que cada calle tenga su propia personalidad. Jerez de los Caballeros es un lugar donde el patrimonio no solo se conserva: se vive.

Naturaleza en estado puro

El entorno natural de Jerez de los Caballeros es un paraíso silencioso, una mezcla perfecta entre sierras, dehesas, arroyos y suaves colinas que se pierden hasta donde alcanza la vista. La naturaleza aquí no es solo un marco: es parte esencial de la identidad del pueblo.

La dehesa extremeña, una de las más hermosas y mejor conservadas de la región, rodea la ciudad como un manto verde en primavera y dorado en verano. Encinas centenarias, alcornocales, pastizales y caminos de tierra dibujan un paisaje que transmite paz y libertad.

En primavera, el campo estalla en colores: jaras blancas, cantuesos morados, retamas amarillas y praderas llenas de vida. El aroma a tomillo y a romero impregna el aire, y los caminos rurales se convierten en rutas perfectas para el senderismo y la fotografía.

El verano, caluroso y luminoso, regala atardeceres que parecen incendiar el horizonte. Es una época donde la sombra de una encina se convierte en un refugio y donde las noches muestran un cielo estrellado de una nitidez incomparable.

En otoño, la naturaleza se tiñe de tonos cálidos. Las primeras lluvias avivan el olor de la tierra húmeda, los montes recuperan su verdor y el clima invita a caminar, admirar y sentir el paisaje.

El invierno, aunque sobrio, muestra una belleza tranquila: brumas que ascienden desde los valles, encinas oscuras recortadas sobre cielos plateados y mañanas frías pero llenas de luz.

La fauna es abundante y variada:
• ciervos y jabalíes que cruzan los montes al amanecer,
• zorros, tejones y meloncillos que se esconden en los matorrales,
• rapaces como el águila culebrera, el milano negro, el buitre leonado y el águila real,
• aves pequeñas que pueblan cada rincón de la dehesa.

La cercanía a embalses como el de Valuengo o Brovales añade un ecosistema fluvial donde observar garzas, patos, somormujos y otras aves acuáticas.

Jerez de los Caballeros es un punto perfecto para los amantes del senderismo, la fotografía, las rutas a caballo y el turismo de naturaleza en estado puro.

Costumbres que viven

Las tradiciones de Jerez de los Caballeros son tan ricas como su patrimonio. Aquí, la cultura se vive con intensidad, las fiestas se celebran con pasión y las costumbres rurales mantienen vivo el vínculo con la tierra.

La fiesta más conocida, y una de las más espectaculares de Extremadura, es la Semana Santa de Jerez de los Caballeros, declarada de Interés Turístico Nacional. Las procesiones recorren las empinadas calles del casco histórico entre el silencio, la emoción, el sonido de los tambores y la belleza impresionante de las imágenes. Las hermandades cuidan cada detalle con una devoción que se siente incluso para quienes llegan de fuera.

Otra celebración imprescindible es la Fiesta del Templar o las jornadas templarias, donde el pueblo revive su pasado medieval con recreaciones históricas, mercados artesanales, pasacalles, música, torneos simbólicos y miles de detalles que transportan a otra época. Durante estos días, Jerez parece una ciudad detenida en el tiempo.

La Feria de San Bartolomé, las fiestas de agosto y la romería en honor a diferentes advocaciones completan un calendario lleno de vida, color y tradición.

Las costumbres rurales también siguen vivas:
• la matanza tradicional,
• la recogida de aceitunas,
• el pastoreo en la dehesa,
• el trabajo agrícola y ganadero que da forma al paisaje.

En los barrios, la convivencia sigue siendo un valor fundamental: cafés compartidos, conversaciones al atardecer y relaciones que mantienen unido el tejido social del pueblo.

Jerez de los Caballeros es un lugar donde la tradición no es un adorno: es parte de su alma.

Sabores con historia

La gastronomía de Jerez de los Caballeros es tan generosa como su tierra. Aquí, los sabores tienen identidad propia: intensos, sinceros, llenos de carácter. La cocina mezcla productos de la dehesa, recetas antiguas, carnes de primera calidad y dulces tradicionales que evocan infancia y hogar.

Entre los platos más representativos destacan:
Caldereta de cordero, tierna y aromática.
Migas extremeñas, con panceta, pimientos y pan del día anterior.
Cordero asado, una auténtica delicia.
• Platos de cerdo ibérico, criado en las dehesas cercanas, como pluma, secreto, presa o solomillo.
• Guisos de caza, como perdiz, conejo o jabalí.
Sopas de tomate, una receta humilde pero llena de sabor.

Los embutidos ibéricos son una obra maestra: jamones, chorizos, lomos y salchichones que hablan de tradición y excelencia.

En el terreno dulce, Jerez conserva recetas que forman parte de su identidad:
Perrunillas,
bollos turcos,
roscos fritos,
pestiños,
flores de sartén,
• dulces ligados a la Semana Santa y a las celebraciones familiares.

Comer en Jerez de los Caballeros es adentrarse en una cocina que abraza, emociona y cuenta historias.

Un destino que deja huella

Jerez de los Caballeros es un lugar que marca, que toca el alma. Su castillo recortado contra el cielo, sus torres barrocas brillando al sol, sus calles que huelen a historia, su gente que saluda con cercanía, sus paisajes inmensos y la luz que cae sobre cada piedra hacen de este pueblo un destino inolvidable.

Quien lo visita comprende muy pronto que Jerez no es solo un lugar para ver:
es un lugar para sentir, recordar y volver.

Una ciudad noble, luminosa, profunda.
Un rincón de Extremadura que deja huella en la memoria
y un pedazo de historia viva que se lleva dentro para siempre.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Jerez de Los Caballeros. Pueblos de Badajoz puedes visitar la categoría Badajoz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir