En Esparragosa de Lares viven 839 personas según el padrón de 2025, en un término municipal de 207,0 kilómetros cuadrados. La densidad, 4,1 habitantes por kilómetro cuadrado, queda muy por debajo de la media española.
El casco urbano se sitúa a 473 metros de altitud.
Lo que Cuentan los Censos de Esparragosa de Lares
El registro disponible empieza en 2001 con 1.150 habitantes. Ese sigue siendo su máximo registrado.
Hoy son 839, un 27 % menos que en aquel momento de máxima población.
La tendencia reciente sigue a la baja: de 883 habitantes en 2022 a 839 en 2025.
Datos de Esparragosa de Lares de un Vistazo
- Provincia: Badajoz
- Población: 839 habitantes (padrón de 2025)
- Superficie: 207,0 km²
- Altitud: 473 metros
- Coordenadas: 38,9756 N, 5,2703 O
- Gentilicio: esparragosentos
- Código INE: 06048
- Ayuntamiento: www.esparragosadelares.es
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata, serie desde 2001.
Esparragosa de Lares
Un lugar con alma
Esparragosa de Lares es uno de esos pueblos que parecen dibujados con delicadeza sobre el mapa de Extremadura. Situado en plena comarca de La Siberia, al noreste de la provincia de Badajoz, este rincón sereno y luminoso se levanta entre colinas suaves, dehesas infinitas y el inmenso espejo de agua del embalse de La Serena, uno de los más grandes de España. Desde la distancia, Esparragosa aparece como un caserío blanco que se recuesta sobre la ladera, mirando al horizonte con la tranquilidad de quienes saben que habitan un lugar especial.
Aquí, la luz es un espectáculo cotidiano. Las mañanas despiertan con una claridad limpia que ilumina los tejados de teja árabe y resalta el blanco puro de las fachadas. Las tardes tiñen el paisaje de tonos dorados, haciendo que el agua del embalse brille como un cristal quieto. Las noches son un regalo para los amantes del cielo: la poca contaminación lumínica permite contemplar un firmamento lleno de estrellas que parece tocarse con las manos.
Esparragosa de Lares respira autenticidad. Sus calles estrechas, sus balcones con macetas, sus plazuelas donde siempre sopla una brisa suave y el aroma a chimenea en invierno componen escenas que recuerdan los pueblos en los que la vida aún se vive despacio, con calma y con un profundo sentido de comunidad. Los vecinos conversan al fresco, se saludan de puerta a puerta y mantienen viva una identidad que forma parte del alma siberiana: noble, sencilla y profundamente ligada a su entorno natural.
Quien llega a Esparragosa de Lares descubre un refugio. Un lugar que invita a desconectar, a respirar, a escuchar el silencio y a dejar que el paisaje se quede grabado para siempre en la memoria. Es un destino ideal para quienes buscan turismo rural, naturaleza, historia y una belleza discreta pero poderosa.
Patrimonio que perdura
El patrimonio de Esparragosa de Lares es una mezcla de arquitectura religiosa, edificios tradicionales, calles llenas de historia y elementos que remiten a la vida rural que ha definido al pueblo durante siglos.
La Iglesia de Santa Catalina, del siglo XVI, es el monumento más representativo del municipio. Su torre, sobria y elegante, se alza sobre el caserío como un faro espiritual que marca el ritmo del pueblo. En su interior, retablos de gran devoción, una nave luminosa y detalles arquitectónicos propios del arte mudéjar y renacentista transmiten la historia de una comunidad profundamente unida a sus creencias.
Cerca del templo, el visitante encuentra plazas tranquilas donde el tiempo parece haberse detenido. La Plaza Mayor, amplia y acogedora, es punto de encuentro para los vecinos. En sus bancos, bajo la sombra de los árboles, es habitual ver a mayores conversando mientras los niños juegan en un ambiente seguro y familiar.
La arquitectura tradicional del pueblo es un tesoro en sí misma:
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Casas encaladas, de una o dos plantas, con puertas de madera y rejas de hierro forjado.
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Callejuelas estrechas que serpentean con encanto.
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Zócalos oscuros, típicos de los pueblos extremeños.
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Patios interiores donde crecen plantas aromáticas.
Muchos de estos elementos arquitectónicos han sido conservados con cariño, manteniendo viva la esencia rural del municipio.
En los alrededores del casco urbano, Esparragosa guarda también vestigios de su pasado más antiguo: caminos medievales, eras donde se trillaba el cereal, fuentes tradicionales, puentes de piedra y restos de antiguas estructuras ganaderas que recuerdan la importancia del oficio pastoril en la economía del pueblo.
Especial mención merece su proximidad al Castillo de Puebla de Alcocer, cuya silueta domina el horizonte y forma parte de la identidad visual de la zona. Aunque no pertenece al municipio, su presencia cercana añade un aire histórico y legendario al paisaje.
Naturaleza en estado puro
Si hay algo que define a Esparragosa de Lares, es su entorno natural privilegiado. La localidad se encuentra a orillas del vasto Embalse de La Serena, un mar interior que crea paisajes de una belleza sobrecogedora. Las aguas tranquilas, los islotes que emergen cuando baja el nivel, las montañas que lo rodean y el cielo inmenso componen escenas que parecen pintadas por la naturaleza.
En primavera, La Siberia se transforma en un espectáculo de vida y color:
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Las laderas se llenan de flores silvestres.
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Los campos se tiñen de verde intenso.
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Los arroyos bajan con fuerza.
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Las dehesas se convierten en un paraíso para la fauna.
El canto de los pájaros, el murmullo del viento y el aroma del romero y la jara acompañan cada paseo por los caminos que rodean el municipio.
En verano, el embalse se vuelve protagonista. Sus aguas azules invitan a descansar junto a la orilla, observar aves acuáticas y disfrutar del paisaje. La luz del atardecer, reflejada sobre el agua, crea un espectáculo único, mientras que las noches estivales ofrecen un cielo lleno de estrellas que sorprende incluso a quienes viven en la zona.
El otoño trae colores cálidos, brumas matinales que envuelven los montes y temperaturas perfectas para recorrer senderos, practicar cicloturismo o fotografiar la naturaleza en su máximo esplendor.
En invierno, Esparragosa muestra una belleza más sobria, pero profundamente evocadora. Las lluvias llenan el embalse, el paisaje adquiere un tono más verde y los días fríos, acompañados de cielos claros, invitan a pasear al abrigo de una bufanda, disfrutando del silencio y de la paz del entorno.
La fauna de la zona es rica y diversa:
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Cigüeñas negras, que encuentran aquí un hábitat ideal.
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Buitres leonados y negros, visibles en los riscos cercanos.
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Águilas reales y águilas culebreras, que sobrevuelan la sierra.
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Nutrias, zorros, ciervos y jabalíes, que habitan los montes y riberas.
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Numerosas especies acuáticas, gracias al embalse.
Esparragosa de Lares es un paraíso para quienes disfrutan del senderismo, la fotografía de naturaleza, la observación de aves, la pesca deportiva, los paseos panorámicos y la calma.
Costumbres que viven
Las tradiciones de Esparragosa de Lares son profundas, queridas y vividas con pasión por sus habitantes. Cada fiesta es una expresión de identidad, de unión y de cariño por la historia del pueblo.
La celebración más importante es la dedicada a Santa Catalina, patrona del municipio. Durante varios días, el pueblo se llena de procesiones, verbenas, actos religiosos, encuentros familiares y comidas populares que fortalecen los lazos de la comunidad.
Otra fiesta muy querida es la Romería de San Isidro, en la que vecinos y visitantes acompañan al santo en un recorrido festivo hacia el campo. Las carrozas decoradas, los cantos, las comidas al aire libre y el ambiente alegre hacen de esta celebración uno de los momentos más esperados del año.
El Carnaval, con sus disfraces y desfiles, llena las calles de color y humor. La Semana Santa, solemne y emotiva, recorre el casco urbano con pasos tradicionales que conmueven por su simbolismo.
Durante el verano se celebran las Fiestas Patronales y diversas actividades culturales, verbenas nocturnas, encuentros deportivos, talleres, teatro al aire libre y juegos populares que animan las noches cálidas de La Siberia.
Las costumbres rurales también son esenciales en la vida del pueblo:
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La matanza tradicional.
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La recogida de aceitunas y uvas.
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Las labores pastoriles.
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La elaboración de productos caseros.
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La convivencia en las eras y en las huertas.
Estas tradiciones no solo forman parte de la memoria colectiva, sino que siguen vivas gracias al cariño con el que los vecinos las mantienen.
Sabores con historia
La gastronomía de Esparragosa de Lares es uno de sus mayores encantos. La cocina local es sincera, contundente y elaborada con productos de la zona, muchos de ellos procedentes de la dehesa y del campo siberiano.
Entre sus platos más representativos destacan:
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Caldereta de cordero, preparada con mimo y tradición.
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Migas extremeñas, acompañadas de panceta, chorizo o sardinas.
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Sopa de tomate, sencilla y deliciosa.
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Ajo de patatas, una receta humilde llena de sabor.
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Gazpacho extremeño, refrescante en los días de calor.
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Cocido tradicional, perfecto para el invierno.
La dehesa aporta productos de altísima calidad:
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Embutidos artesanos, como morcón, chorizo, lomo adobado y salchichón.
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Carnes de cerdo ibérico, elaboradas según recetas familiares.
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Quesos de oveja y cabra, intensos y deliciosos.
Los dulces tradicionales también ocupan un lugar importante:
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Pestiños,
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Perrunillas,
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Flores fritas,
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Rosquillas,
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Magdalenas caseras,
todos elaborados siguiendo recetas transmitidas de generación en generación.
Los panes artesanales, las aceitunas aliñadas y el aceite de oliva de la comarca completan una experiencia gastronómica auténtica, llena de memoria y sabor.
Un destino que deja huella
Visitar Esparragosa de Lares es descubrir un pueblo que combina historia, naturaleza y calma en un equilibrio perfecto. Es caminar por calles blancas que respiran serenidad. Es contemplar un embalse que parece un océano. Es escuchar el silencio del campo y sentir cómo el tiempo se vuelve más amable. Es dejarse llevar por la luz, por el paisaje, por las tradiciones y por la calidez de un pueblo que recibe con cariño sincero.
Esparragosa no busca impresionar:
Esparragosa emociona porque es verdadera.
Es agua y sierra.
Es tradición viva.
Es luz que abraza.
Es calma profunda.
Es esencia rural que permanece.
Quien llega descubre un refugio lleno de alma.
Quien se va, guarda para siempre la belleza silenciosa, la fuerza del paisaje y la paz inmensa de un pueblo que deja huella en el corazón.
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