La Campana se levanta sobre un cerro de la campiña sevillana, entre los arroyos Santa Marina y Gamonal, a 58 kilómetros de la capital de la provincia. Con algo más de 5.100 habitantes y un término de 125 kilómetros cuadrados volcado casi por completo en el cultivo del trigo y del olivo, forma parte de la comarca de la Campiña de Carmona y de la ruta jacobea del Camino de la Frontera. Su nombre, documentado desde 1385, no tiene un origen del todo aclarado: unos lo relacionan con su ubicación en plena campiña y otros con la campana que, según la tradición, se tocaba para avisar de las incursiones moriscas cuando la frontera con Granada pasaba cerca de aquí.
Geografía
El relieve de La Campana es el típico de la campiña sevillana, suave y alomado, con el núcleo urbano asentado en lo alto de un cerro que domina kilómetros de tierra de labor a su alrededor. La altitud del término oscila entre los 172 metros al sureste y los 78 junto al arroyo Gamonal, que recorre unos 2,5 kilómetros del municipio de oeste a norte antes de sumarse, como el Santa Marina, a la subcuenca del Genil y, finalmente, al Guadalquivir. El clima es mediterráneo continentalizado, con veranos muy calurosos —julio promedia 35 grados— e inviernos frescos en torno a los 5 grados de media en enero, y una pluviometría anual de 583 milímetros concentrada sobre todo en diciembre. La fauna conserva presencias notables como el águila imperial, en peligro de extinción, junto a perdices, conejos y liebres en un paisaje dominado por el cultivo de cereal y olivar, con matorral de lentisco, palmito y retama en las márgenes de los arroyos.
Historia
El término municipal conserva yacimientos que se remontan a inicios del segundo milenio antes de Cristo, con ocupación continuada durante las edades del Cobre, el Bronce y el Hierro, y restos romanos que apuntan a un posible centro de mercado sobre la vía que unía las antiguas Obúlcula y Axati, hoy Lora del Río. Tras la crisis del siglo III el núcleo quedó probablemente despoblado durante siglos, y su repoblación llegó después de que Fernando III conquistara Carmona en 1247, cuando estas tierras pasaron a formar parte de un extenso territorio de realengo. En 1558, Felipe II vendió la aldea, hasta entonces bajo jurisdicción de Carmona, a don Fadrique Enríquez de Ribera, primer señor de La Campana, dando inicio a una disputa judicial de dieciséis años entre la villa matriz y la nueva casa señorial que acabó resolviéndose a favor de los Enríquez. El señorío se mantuvo vinculado a esta familia hasta la abolición de los señoríos en 1810, el mismo año en que el ejército francés entró en la localidad durante la Guerra de la Independencia, en la que el vecindario llegó a derrotar a una tropa francesa.
Patrimonio
La iglesia de Santa María la Blanca, con sus dos torres asimétricas, es el edificio más reconocible de La Campana: nació como ermita en la primera mitad del siglo XV y la actual construcción se levantó entre 1565 y 1630, con ampliaciones posteriores que culminaron en 1792 con su portada neoclásica; en su interior se venera la imagen de la Virgen de Consolación, del siglo XIV, la más antigua de la localidad. La iglesia de San Sebastián, construida sobre una ermita anterior y vinculada a un convento franciscano fundado en 1642, y la iglesia de San Lorenzo, terminada en 1784 y con un zócalo de azulejos del siglo XVIII, completan el patrimonio religioso del municipio. En el casco histórico se conservan además seis casas palacio del siglo XVIII, entre ellas la de la familia Benjumea, de marcado uso ornamental del ladrillo, y varias haciendas rurales, cinco de ellas protegidas por su valor arquitectónico e histórico.
Economía
La Campana sigue siendo un municipio eminentemente agrario: la agricultura, la ganadería y la pesca ocupan hoy a casi un tercio de la población activa, muy por encima de la media provincial, con 6.241 hectáreas dedicadas a cultivos herbáceos —sobre todo trigo— y casi 4.000 de olivar de aceituna de aceite, que se procesa desde 1960 en la almazara de la Sociedad Cooperativa Andaluza Olivarera local. La ganadería, de menor peso, se concentra en equino y porcino, mientras que la industria apenas tiene presencia fuera de la propia transformación agraria, y el comercio local se limita a cubrir las necesidades básicas de la población, que para el resto depende de Carmona o Sevilla. La artesanía de la pleita, trabajada con palma recogida en verano para hacer cestas, capazos y sombreros, fue durante la primera mitad del siglo XX un recurso económico importante que hoy sobrevive de forma más restringida.
Fiestas
La Romería de la Virgen de Fátima, el domingo más próximo al 13 de mayo, es una de las citas más queridas del calendario local: nació como procesiones en torno a la iglesia y se convirtió en romería a partir de 1966 por la creciente devoción popular. La Feria de San Lorenzo, en torno al 10 de agosto, tiene su origen documentado en 1754 como una feria comercial donde llegaban especialistas en cáñamo, mercería, platería y sastrería, aunque hoy se limita a espectáculos y actividades festivas. Las fiestas patronales de San Nicolás, conocidas popularmente como las Fiestas de los Toros, se celebran en torno al 10 de septiembre y tienen su origen en 1605, cuando los vecinos se encomendaron a este santo durante una epidemia de peste; incluyen la suelta de vaquillas más antigua de Andalucía, en una localidad con fuerte vínculo histórico con la ganadería brava de Miura, cuya finca de Zahariche se encuentra en el cercano término de Lora del Río.
Cuándo ir
Mayo, con la Romería de la Virgen de Fátima, y septiembre, con las Fiestas de los Toros en honor a San Nicolás, son las dos citas que mejor reflejan el carácter de La Campana, entre lo devocional y lo taurino. El verano, con julio superando los 35 grados de media, no es la época más cómoda para recorrer el pueblo a pie, aunque la Feria de San Lorenzo en agosto compensa el calor con animación nocturna. La primavera y el otoño, con temperaturas más suaves, son las estaciones más agradables para pasear por el casco histórico y el entorno agrícola del municipio.
Planifica tu visita
La Campana se alcanza por la autovía A-4 entre Sevilla y Córdoba, con la A-456 como vía de acceso directo al núcleo urbano desde la propia autovía. La visita puede concentrarse en la Plaza de Andalucía, junto a Santa María la Blanca, y extenderse al Paseo del Campo, antiguo recinto ferial convertido hoy en zona de ocio, o a la Plaza Antonio Machado, conocida popularmente como El Parque. A cuatro kilómetros del pueblo, el Parque de La Atalaya ofrece senderos entre pinos y eucaliptos, zona infantil y alojamiento rural, una buena opción para quien quiera completar la visita con un paseo por el campo. La gastronomía local, con el conejo y la perdiz en temporada de caza, el gazpacho, el salmorejo y las empanadas dulces de cualquier panadería del pueblo, cierra con un sabor muy de campiña cualquier recorrido por La Campana.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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