Castilblanco de los Arroyos es un municipio de la Sierra Morena sevillana, a poco más de 35 kilómetros de la capital, con algo más de 5.100 habitantes repartidos en un extenso término de 325 kilómetros cuadrados. Su nombre delata su historia doble: "Castilblanco" por el pequeño castillo blanco que coronó el pueblo desde época medieval, y "de los Arroyos" por un añadido que no llegó hasta 1916, cuando el Gobierno obligó a diferenciarlo de los más de mil pueblos españoles que entonces se llamaban igual. Situado sobre la antigua Vía de la Plata, la calzada romana que hoy siguen peregrinos camino de Santiago, el municipio combina un patrimonio religioso notable con una economía todavía muy apoyada en el campo y la ganadería.
Geografía
El término se extiende sobre la Sierra Morena, dentro de la comarca conocida como Corredor de la Plata, a una altitud media de 313 metros. El paisaje combina dehesa, monte y pastizal, surcado por el río Viar y la Rivera de Cala, sobre la que se construyó en 1986 el embalse de los Molinos, decisivo para el abastecimiento de agua del pueblo tras un largo ciclo de sequías. Más al sur, el embalse de los Melonares, en el propio Viar, abastece hoy al área metropolitana de Sevilla. El municipio limita con Almadén de la Plata, El Pedroso, Cantillana, Villaverde del Río, Burguillos, Alcalá del Río, Guillena y El Ronquillo, y a cinco kilómetros del núcleo, en plena sierra, se encuentra la zona de ocio de Siete Arroyos, con merenderos habilitados para el contacto con la naturaleza.
Historia
El territorio muestra huellas de ocupación desde la Prehistoria, y en época romana la Vía de la Plata convirtió la zona en lugar de paso obligado, con una posada de tres plantas y un puente de tres ojos sobre el río Viar que, aunque remozado en época árabe, se mantuvo en pie hasta que se derrumbó en 1907; los restos que quedaban fueron destruidos al construirse el embalse de los Melonares. La conquista cristiana llegó entre 1246 y 1247 de mano de Fernando III, que acampó en la zona de Escardiel durante el asedio a Sevilla y dejó allí, según la tradición, la imagen de la Virgen que da nombre a la ermita. El castillo que dio nombre al pueblo se reconstruyó hacia 1292, probablemente sobre un castro romano anterior, aunque ya en el siglo XVIII solo quedaban sus cimientos.
La villa aparece documentada desde el siglo XIV como "Castriel Blanco" en el Libro de monterías de Alfonso XI, y durante los siglos XVI y XVII fue una localidad con notable presencia morisca y judía, con su propia aljama. En la primera década del siglo XVII residió aquí Miguel de Cervantes mientras ejercía como recaudador de impuestos, y llegó a citar la localidad en su novela Las dos doncellas, de 1613. La parroquia del Divino Salvador, de origen mudéjar, se construyó y reformó a lo largo de esos siglos, con intervenciones de artistas como Francisco Antonio Ruiz Gijón, autor en 1677 del Cristo de los Vaqueros. El cambio de nombre a Castilblanco de los Arroyos llegó por real decreto de Alfonso XIII en 1916, cuando la Real Sociedad Geográfica detectó que más de mil localidades españolas compartían el mismo nombre de Castilblanco. Ya en el siglo XX, entre 1955 y 1965, el pueblo vivió un breve intento de industrialización en torno a la crin vegetal de palma, un periodo tan duro que sus vecinos lo recuerdan como "la época de la Palma", cuando llegó a haber más de 500 palmeros trabajando la fibra para ganarse el sustento.
Patrimonio
La Parroquia del Divino Salvador concentra buena parte del patrimonio artístico del pueblo, con imágenes como el Niño Jesús atribuido al imaginero Francisco Antonio Ruiz Gijón, el Cristo de la Vera Cruz de la escuela sevillana del siglo XVII o el Padre Jesús Nazareno, también del XVII. A 12 kilómetros del núcleo urbano, junto al río Viar, se levanta la ermita de San Benito, atendida desde tiempo inmemorial por una familia de santeros y rodeada de salas de exvotos que los fieles dejan como acción de gracias; su devoción se ha extendido a localidades vecinas como Cantillana, Brenes o Tocina-Los Rosales, que mantienen hermandades filiales. La ermita de Escardiel, junto a la antigua Vía de la Plata, guarda el Cristo de los Vaqueros, considerado el primer crucificado documentado de Ruiz Gijón, recuperado a finales de los noventa tras desaparecer durante décadas. El Teatro Municipal Miguel Fisac, obra del célebre arquitecto Premio Nacional de Arquitectura e inaugurado en 2003, es hoy el centro cultural del pueblo, con capacidad para 340 personas y sede de la biblioteca municipal.
Economía
El campo sigue siendo columna vertebral de la economía local: el último censo agrario recoge 120 explotaciones que trabajan casi 20.000 hectáreas, el 61% del término municipal, con el pasto permanente como uso mayoritario del suelo. La cabaña ganadera reúne cerca de 11.700 cerdos, 7.500 ovejas y cabras y casi 5.900 vacas, cifras propias de un municipio de dehesa serrana. Con todo, hoy casi 7 de cada 10 empleos se concentran en el sector servicios, con el comercio y la administración pública como ramas principales, mientras agricultura y ganadería siguen aportando un 14% del empleo, un peso muy superior al de la media de los municipios urbanos de la provincia.
Fiestas
La Semana Santa castilblanqueña se articula en tres hermandades que procesionan entre el Jueves y el Sábado Santo, con la incorporación desde 2011 de la entrada de Jesús en Jerusalén o "borriquita". A finales de julio llega la Feria en honor a la Virgen de Gracia, patrona del pueblo, que arranca con la tradicional Fiesta del Agua —un baño colectivo en la Plaza Amarilla que recuerda la llegada de las primeras aguas del embalse de los Molinos en 1986— y se suspendió en 1995 y 2003 por solidaridad con otras poblaciones afectadas por la sequía. La Romería de San Benito lleva a los vecinos en carretas hasta la ermita a 12 kilómetros del pueblo, con la Hermandad Matriz regresando al día siguiente en lo que se declara Fiesta Local, y en septiembre se celebra la Romería de Escardiel, en dos fines de semana, con la Virgen saliendo en procesión nocturna. El día de Las Candelarias, cerca del 2 de febrero, reúne a los vecinos por barriadas alrededor de hogueras decoradas con motivos reivindicativos.
Cuándo ir
El verano sevillano aprieta con fuerza en Castilblanco, así que julio y agosto solo convienen a quien quiera vivir la Feria de la Virgen de Gracia y la Fiesta del Agua, pensada precisamente para sobrellevar el calor con un buen chapuzón colectivo. Para quien busque temperaturas más suaves, la primavera trae la Semana Santa y un paisaje de dehesa en su mejor momento, mientras que septiembre, con la Romería de Escardiel, ofrece una alternativa más tranquila tras el verano. El invierno, con Las Candelarias a principios de febrero, es la estación menos concurrida pero también la más auténtica para quien quiera ver el pueblo en su día a día.
Planifica tu visita
El municipio se encuentra a poco más de media hora en coche de Sevilla, lo que lo convierte en una excursión fácil desde la capital para quien quiera conocer la Sierra Morena sevillana sin alejarse demasiado. La visita puede organizarse en torno al casco histórico, con la parroquia del Divino Salvador y el Teatro Miguel Fisac como puntos de referencia, y completarse con una salida a la ermita de San Benito o a la de Escardiel, ambas accesibles en coche y vinculadas a las romerías más importantes del calendario local. La zona de ocio de Siete Arroyos, a solo cinco kilómetros del pueblo, es una buena opción para quien prefiera pasar el día al aire libre con zonas de merendero, y los embalses de los Molinos y los Melonares, aunque de uso principalmente hídrico, dan una idea de la importancia del agua en la historia reciente del municipio.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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