Seva es un municipio de la comarca de Osona, en la provincia de Barcelona, con 3.808 habitantes (INE 2025) sobre 30,4 km² y a 663 metros de altitud, en la falda noroeste del macizo del Montseny. El gentilicio de sus vecinos es sevenc o sevenca, y el municipio incluye también el núcleo de Sant Miquel de Balenyà, nacido alrededor de la estación de ferrocarril Balenyà-Tona-Seva e incorporado por completo al término en 1996. Pueblo de estatuas vivas en su memoria reciente —la del piloto Àlex Crivillé recibe a quien llega por la carretera principal—, Seva conserva también un pasado medieval y de guerras civiles que ha dejado una huella notable en su paisaje.
Geografía
El término de Seva se extiende desde el eje de la llanura de Vic, marcado por la autovía C-17 entre Barcelona y Puigcerdà, hasta el límite con la provincia de Girona, en Viladrau, y el turó de Matagalls Xic. Limita con Taradell al norte, Viladrau al este, El Brull al sur y Tona al oeste. No existen grandes ríos en el municipio: sus aguas desaguan por el Gurri hacia el Ter, alimentado por los torrentes que bajan de la vertiente norte del Matagalls Xic, donde se ha construido un pequeño embalse para el abastecimiento doméstico y de emergencia del pueblo. El paisaje combina la vegetación típica del Montseny —encinas, pinos y rebrotes de roble martinenc, antes dominante en la zona— con un clima mediterráneo de montaña media y cierta influencia marítima, con temperaturas medias de entre 10 y 14 grados que pueden bajar de los -10 en pleno invierno y superar los 30 en verano. Además del núcleo de Seva y de Sant Miquel de Balenyà, el municipio se completa con varias urbanizaciones de segunda residencia: Can Garriga, El Pinós —que toma nombre del antiguo hostal homónimo junto a la C-17—, Perafita, con un menhir frente a su pequeña capilla, y El Muntanyà, la más extensa, con instalaciones hoteleras y deportivas.
Historia
El poblado ibérico de la zona fue destruido durante la Segunda Guerra Púnica y quedó abandonado hasta la plena Edad Media, cuando se recuperó el territorio que los romanos habían atravesado con una vía que unía Osona con el resto de comarcas romanizadas. A finales del siglo X los vizcondes de Osona construyeron un castillo en lo que hoy es el término de El Brull, dando nombre al "terme del Castell del Brull", que entonces englobaba también todo el territorio "Sevedano" —de "selvático"—, formado por la parroquia de Santa María, El Brull y varias masías del entorno. El nombre de Seva empezó a referirse entonces a la parroquia de Santa María, próxima a una villa llamada precisamente "villa Seva"; en 1048 el obispado de Vic levantó una nueva iglesia, más sólida que la anterior, que con pequeñas transformaciones sigue siendo hoy uno de los edificios más reconocibles del pueblo.
Entre los siglos XIII y XIV, Seva fue una sagrera fortificada, rodeada de muros y con portales, que jugó un papel destacado en las luchas de bandos de principios del siglo XV y en la guerra contra Juan II, resuelta con la capitulación de Vic de 1472. Hacia el siglo XVII el núcleo antiguo se amplió dando lugar a los barrios de Pedret y Bonaire, y ya en los siglos XVIII y XIX a los del Serradal y la Serreta. La ocupación francesa de 1809, durante la Guerra del Francés, dejó un recuerdo trágico en el pueblo, con un asalto en el que las tropas napoleónicas robaron y asesinaron a varios vecinos con el pretexto de perseguir a los sublevados. Más tarde, las guerras carlistas del siglo XIX marcaron de nuevo la vida local: en 1868 Seva eligió por primera vez su ayuntamiento por sufragio universal masculino, con Josep Tarrés como primer alcalde democrático, y durante la tercera guerra carlista, en 1875, las fuerzas liberales llegaron a bombardear el pueblo, entonces ocupado por los carlistas, un episodio que recuerda todavía la Creu del Carlí del Pla de Terrades, inaugurada en 1911.
Patrimonio
La iglesia de Santa María, de origen románico y reconstruida en 1048, preside junto al núcleo histórico de casas medievales el centro del pueblo. En el término se conservan también las ruinas del castillo de Esparreguera, la capilla románica de Sant Mamet y los restos de la capilla románica de San Ginés de Valldoriola, además del Casal de Figueroles, un edificio gótico con torre de defensa del siglo XVI y capilla de origen románico. La capilla de San Antonio de Pádua completa el patrimonio religioso disperso por el municipio. En la urbanización de El Muntanyà se instaló en 1991 el Club Hípico que al año siguiente fue sede olímpica de los Juegos de Barcelona 1992, acogiendo las pruebas de doma clásica y de pentatlón moderno, un episodio que sigue siendo motivo de orgullo local. A la entrada del pueblo, una estatua recuerda al piloto Àlex Crivillé, y junto a la capilla de Sant Antoni se encuentra el monumento a Pep Bassas.
Economía
La economía de Seva combina la agricultura, la ganadería y la industria con un peso creciente de las urbanizaciones de segunda residencia. Según el censo agrario de 2020, el municipio contaba con 25 explotaciones que trabajaban 769 hectáreas de superficie agrícola útil —el 25,3% del término—, mayoritariamente tierra de labor, y una cabaña ganadera de cerca de mil cabezas de vacuno, más de mil doscientas de ovino y caprino y más de once mil cerdos. El sector servicios e industrial ocupa hoy a la mayoría de la población activa, en un municipio que combina su vocación rural tradicional con la proximidad a la C-17 y al eje económico de la llanura de Vic.
Fiestas
La vida festiva de Seva está marcada por su identidad doble, la del núcleo histórico junto a la iglesia románica de Santa María y la de Sant Miquel de Balenyà, con su propia historia documentada desde el año 972 bajo el nombre de l'Aguilar. El recuerdo de los sucesos de las guerras carlistas del siglo XIX pervive en la Creu del Carlí del Pla de Terrades, punto de memoria histórica del municipio, mientras que el pasado olímpico de El Muntanyà y la figura de Àlex Crivillé, homenajeado con una estatua a la entrada del pueblo, forman parte del orgullo colectivo de los sevencs en las celebraciones y actos locales a lo largo del año.
Cuándo Ir
La primavera y el otoño son las estaciones más agradables para visitar Seva, con el Montseny luciendo su vegetación en pleno cambio y temperaturas suaves para recorrer a pie el núcleo histórico y las rutas hacia las masías del entorno. El verano permite combinar la visita con el ambiente de las urbanizaciones de segunda residencia, mientras que el invierno, con temperaturas que pueden bajar con fuerza por la altitud del pueblo, es la época menos recomendable salvo para quienes busquen paisajes de montaña nevados en el Montseny cercano.
Planifica tu Visita
Seva está muy bien conectada gracias a la autovía C-17, que la une con Barcelona y con Puigcerdà, y a la estación de ferrocarril de la línea Barcelona-Puigcerdà en el núcleo de Sant Miquel de Balenyà. Una visita de medio día permite recorrer la iglesia de Santa María y el núcleo histórico, acercarse al Casal de Figueroles y completar la ruta con las ruinas del castillo de Esparreguera o la capilla de Sant Mamet. Los aficionados a la naturaleza pueden aprovechar la cercanía del Montseny para prolongar la visita con una ruta de senderismo hacia el Matagalls, mientras que la carretera BV-5301 permite adentrarse directamente en el parque natural desde la propia capital municipal.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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