Cordobilla de Lácara

Cordobilla de Lácara. Pueblos de Badajoz

En Cordobilla de Lácara viven 815 personas según el padrón de 2025, en un término municipal de 37,0 kilómetros cuadrados. La densidad, 22,0 habitantes por kilómetro cuadrado, queda muy por debajo de la media española.

El casco urbano se sitúa a 361 metros de altitud.

📝 Contenido:
  1. Lo que Cuentan los Censos de Cordobilla de Lácara
  2. Datos de Cordobilla de Lácara de un Vistazo
  3. Un lugar con alma
    1. Patrimonio que perdura
    2. Naturaleza en estado puro
    3. Costumbres que viven
    4. Sabores con historia
    5. Un destino que deja huella
  4. Otros Pueblos de Badajoz

Lo que Cuentan los Censos de Cordobilla de Lácara

El registro disponible empieza en 2001 con 1.047 habitantes. El máximo llegó en 2004, con 1.048 vecinos.

Hoy son 815, un 22 % menos que en aquel momento de máxima población.

La tendencia reciente sigue a la baja: de 855 habitantes en 2022 a 815 en 2025.

Datos de Cordobilla de Lácara de un Vistazo

  • Provincia: Badajoz
  • Población: 815 habitantes (padrón de 2025)
  • Superficie: 37,0 km²
  • Altitud: 361 metros
  • Coordenadas: 39,1482 N, 6,4374 O
  • Gentilicio: cordobillanos
  • Código INE: 06038
  • Ayuntamiento: www.cordobilladelacara.es

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata, serie desde 2001.

Cordobilla de Lácara

Un lugar con alma

Cordobilla de Lácara es uno de esos pueblos que se descubren poco a poco, como un secreto que se abre al viajero con suavidad. Situado en el corazón de la provincia de Badajoz, en un entorno marcado por las dehesas, los arroyos tranquilos y un silencio que parece bendecido por la naturaleza, este municipio conserva una esencia profundamente rural, auténtica y cercana. Aquí, la vida transcurre con la serenidad de los lugares que no han olvidado quiénes son.

El caserío se despliega en calles luminosas, plazas amplias y rincones donde los geranios, las puertas de madera y las fachadas encaladas cuentan historias de generaciones. El aire huele a campo, a encina, a jaras, a pan recién hecho. La luz, tan característica de esta comarca, acaricia los muros blancos y transforma cada día en una pintura distinta. Cordobilla de Lácara es un lugar donde aún se conversa en las puertas, donde el saludo diario no se pierde, donde la vida es cercana, humana, real.

Su entorno natural ha marcado su carácter: la dehesa extremeña, los caminos antiguos, los olivares y, sobre todo, la presencia de un elemento único en Europa que dota al pueblo de una personalidad especial. Cordobilla no solo es un pueblo: es una experiencia de calma, naturaleza y memoria que envuelve al visitante desde el primer momento.

Patrimonio que perdura

El patrimonio de Cordobilla de Lácara es un diálogo constante entre la historia, la tradición y la naturaleza. Su joya más extraordinaria y universalmente conocida es el Dolmen de Lácara, uno de los monumentos megalíticos más impresionantes de la Península Ibérica. Este dolmen, construido hace más de 5.000 años, es un testimonio monumental del pasado prehistórico de Extremadura. Su corredor de grandes ortostatos, su cámara funeraria y su integración con el paisaje hablan de una conexión ancestral entre el hombre y la tierra. Visitarlo es una experiencia casi espiritual: un viaje al tiempo en el que las piedras eran templos y la naturaleza marcaba el ritmo de la vida.

En el centro del pueblo se alza la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, un templo sencillo pero lleno de encanto, construido mayoritariamente entre los siglos XVI y XVIII. Su torre destaca sobre el caserío y actúa como faro visual de la comunidad. En su interior, retablos y esculturas de devoción popular acompañan la vida religiosa de generaciones.

El patrimonio urbano de Cordobilla de Lácara se caracteriza por sus calles estrechas y blancas, sus casas tradicionales de una o dos alturas, sus patios interiores y sus zócalos pintados en tonos que protegen del sol y aportan identidad al paisaje urbano. El conjunto transmite armonía, autenticidad y una serenidad particular.

Además, el pueblo conserva lavaderos antiguos, abrevaderos, pozos y otros elementos etnográficos que forman parte esencial de su memoria. La presencia del agua ha sido siempre fundamental, y en varios rincones aparecen restos de canales y estructuras relacionadas con la vida agrícola.

En el entorno también se encuentran restos de chozos de piedra, casas de labor, muros antiguos y caminos tradicionales que conectan con fincas, dehesas y parajes naturales donde el tiempo parece haberse detenido.

Cordobilla de Lácara es un pueblo cuyo patrimonio se vive desde la emoción y la sencillez. No es un lugar marcado por grandes palacios, sino por la verdad de lo que permanece: la piedra antigua, la fe, la arquitectura rural y la memoria compartida.

Naturaleza en estado puro

La naturaleza es uno de los grandes tesoros de Cordobilla de Lácara. El pueblo se encuentra rodeado de una dehesa exuberante formada por encinas centenarias, alcornoques, matorral mediterráneo y praderas que cambian de color con las estaciones. Este entorno ofrece una sensación de libertad y amplitud difícil de describir con palabras.

En primavera, la dehesa estalla en vida: los prados se cubren de flores silvestres —jaras, cantuesos, retamas, amapolas, margaritas— que pintan el suelo de colores vibrantes. Los arroyos bajan llenos, el canto de los pájaros acompaña cada paseo y el aire huele a hierbas frescas. Es una estación perfecta para caminar hasta el dolmen, recorrer los senderos rurales o simplemente disfrutar del espectáculo natural.

El verano extiende su luz intensa sobre las encinas y los montes que rodean el pueblo. Los días son largos, las sombras se alargan bajo los árboles y la brisa cálida recorre las lomas dejando un aroma a tierra y resina inconfundible. Las noches, silenciosas y estrelladas, ofrecen uno de los cielos más limpios de Extremadura.

En otoño, la dehesa adquiere tonos ocres, amarillos y marrones. Es tiempo de cosechas, de paseos entre hojas secas, de lluvias suaves que perfuman la tierra. Los arroyos recuperan fuerza y el campo respira un aire renovado.

El invierno trae quietud. Las mañanas frías, las brumas que se asientan en los valles y el silencio profundo crean una atmósfera íntima, casi poética. El paisaje se vuelve sobrio, pero igual de hermoso. Los caminos rurales, húmedos y tranquilos, invitan a paseos pausados donde la naturaleza se siente aún más cercana.

La fauna de la zona es rica y diversa:
• ciervos que cruzan la dehesa al amanecer,
• jabalíes que se asoman entre los matorrales,
• zorros, tejones y conejos,
• y una gran variedad de aves: rapaces como águilas, milanos o cernícalos; y aves de dehesa como la abubilla, la perdiz o el alcaudón.

Los senderos que rodean Cordobilla de Lácara permiten disfrutar de todo este paisaje en estado puro, ideal para senderistas, fotógrafos, ciclistas o amantes del turismo rural que busquen calma y naturaleza auténtica.

Costumbres que viven

Las tradiciones de Cordobilla de Lácara son parte fundamental de la identidad del pueblo. Aquí, las fiestas no son un mero acontecimiento: son el corazón emocional que une a los vecinos y da continuidad a la historia.

La celebración más importante es la de Santa María Magdalena, patrona del municipio. Durante estos días, el pueblo se llena de música, actos religiosos, verbenas, competiciones deportivas y momentos de convivencia que reúnen a familias enteras. La iglesia se convierte en el centro espiritual y las calles se llenan de vida y alegría.

Otra festividad profundamente arraigada es la Romería de San Isidro, que une devoción, campo y tradición. Carrozas engalanadas, caballos, trajes típicos y comidas al aire libre acompañan el camino hacia la ermita o el paraje elegido cada año para celebrar al patrón de los agricultores.

La Semana Santa, sobria e íntima, avanza por las calles blancas del casco antiguo entre silencio, velas y emoción. Las procesiones, cuidadas con detalle por las cofradías, son expresión de fe y continuidad.

Las fiestas de verano, los encuentros gastronómicos, los actos culturales y las celebraciones familiares completan un calendario festivo que mantiene vivo el espíritu comunitario.

Además de las festividades, Cordobilla de Lácara conserva numerosas costumbres rurales:
• la matanza tradicional,
• las labores del campo,
• la recogida de aceitunas,
• las tareas de la dehesa,
• las reuniones familiares en torno a guisos ancestrales.

Cada tradición es un puente entre el pasado y el presente, una forma de mantener vivo el alma del pueblo.

Sabores con historia

La gastronomía de Cordobilla de Lácara es un reflejo fiel de su entorno y de su historia. Sus platos están marcados por el sabor del campo, por el producto local y por recetas que han pasado de generación en generación.

Entre los platos más representativos destacan:
migas extremeñas, elaboradas con pan, ajo, tocino y pimentón,
caldereta de cordero, tierna y aromática,
sopas de tomate, humildes pero llenas de sabor,
gazpacho extremeño, fresco y contundente,
• guisos de caza menor,
• platos de cerdo ibérico en todas sus variantes.

Los productos derivados de la matanza —chorizos, morcillas, jamones, lomos adobados— forman parte esencial de la despensa local. Los quesos artesanales, el aceite de oliva y el pan tradicional completan una gastronomía que sabe a hogar, a campo y a tradición.

En repostería destacan dulces como:
perrunillas,
flores fritas,
pestiños,
roscos caseros,
• y otros postres elaborados en fiestas y reuniones familiares.

Cada bocado cuenta una historia: la del trabajo, la tierra, la familia y la memoria.

Un destino que deja huella

Cordobilla de Lácara es un lugar que se queda en el corazón por su calma, por su luz, por su naturaleza y por la verdad de sus gentes. Un pueblo donde el visitante encuentra un refugio sereno, donde la dehesa envuelve cada paso y donde el tiempo transcurre con la suavidad de los lugares que conservan su esencia intacta.

Quien lo visita descubre un rincón sincero, lleno de historia, de tradiciones y de belleza natural.
Un lugar que invita a caminar despacio,
a respirar profundo,
a escuchar el silencio.

Cordobilla de Lácara es un destino que deja huella,
un pequeño tesoro de Extremadura
al que siempre apetece volver.

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