- Ribadesella: pinturas de 29.000 años, huellas de dinosaurio y un río que se desciende en piragua
- Lo que Cuentan los Censos de Ribadesella
- Del Sella al monte Mofrechu
- De los Salaenos a la villa fundada por Alfonso X
- El puerto que perdió la partida frente a Gijón
- Tito Bustillo y las huellas que dejaron los dinosaurios
- El Descenso que llena de piraguas el Sella
- Planifica tu Visita a Ribadesella
- Otros Pueblos de Asturias
Ribadesella: pinturas de 29.000 años, huellas de dinosaurio y un río que se desciende en piragua
Ribadesella, en el oriente de Asturias, concentra en un concejo de apenas 84 km² algunas de las postales más reconocibles de la región: la desembocadura del Sella, las pinturas prehistóricas de la cueva de Tito Bustillo y un descenso en piragua que cada agosto llena de gente la villa. La reina Letizia, de hecho, tiene raíces familiares en Ribadesella, aunque nació en Oviedo.
Lo que Cuentan los Censos de Ribadesella
La serie del INE marca el máximo de Ribadesella en 2010, con 6.301 habitantes, y desde entonces la caída ha sido lenta pero sostenida: 5.904 en 2015, 5.730 en 2018, hasta los 5.591 de 2025, un 11 % por debajo de aquel máximo. El dato más llamativo, sin embargo, es otro: 2025 fue el primer año desde 1960 en que la población del concejo creció, aunque fuera de forma leve, con 34 vecinos más que el año anterior. Para encontrar la cifra más alta de toda su historia hay que remontarse a 1920, cuando Ribadesella llegó a los 9.173 habitantes de derecho.
Del Sella al monte Mofrechu
El concejo riosellano combina litoral y montaña de una forma poco frecuente tan cerca del mar: el punto más alto del término, el monte Mofrechu, alcanza los 897 metros en el límite con Cangas de Onís, mientras que la propia villa se asienta apenas a 5 metros sobre el nivel del mar, junto a la desembocadura del río Sella. Entre ambos extremos se reparten playas como la de Santa Marina —la más importante, junto al puerto— y la de La Atalaya, además de arenales menos conocidos como Vega, Arra, Tereñes o la singular playa de Guadamía, una gran ría que en marea alta parece una piscina natural y en bajamar deja al descubierto un extenso arenal.
De los Salaenos a la villa fundada por Alfonso X
Las primeras referencias escritas sobre Ribadesella son del siglo I antes de Cristo, obra del geógrafo griego Estrabón, que hablaba de la ría de "Noega" separando a los astures de los cántabros; a la gente de la zona la llamaban Salaenos. La fundación formal de la villa llegó siglos después, en el siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio unió los territorios de Leces y Meluerda, uno a cada lado del río, dotando a la nueva población de una carta puebla con derechos civiles y gobierno tutelado por la corona.
Durante la Edad Media, Ribadesella vivió un momento de esplendor gracias a sus astilleros, alimentados por la madera que bajaba por el Sella, y al comercio marítimo de la sal. Pero la actividad más rentable era otra: la captura de salmones, controlada por los "mareantes", y la caza de las ballenas que invernaban en estas aguas, de la que quedó memoria en la llamada Casa de las Ballenas, en pie hasta el siglo XIX. En el siglo XVI, la visita del emperador Carlos I se festejó durante dos días seguidos, y fue entonces cuando se fortificó la ermita de la Guía para defender el puerto.
El puerto que perdió la partida frente a Gijón
En el siglo XVII, Ribadesella intentó convertirse en el puerto principal de Asturias y enlace con la meseta a través de Ponga, pero la influencia de Jovellanos terminó inclinando la balanza hacia Gijón, que proyectaba su propia carretera a León por Pajares. Carlos III llegó a donar 100.000 reales para las obras de mejora del puerto riosellano, que no se completarían hasta un siglo después. La invasión francesa paralizó los trabajos, y la villa fue usada como cuartel de retaguardia hasta la derrota del general Francisco Ballesteros en 1810.
El primer puente de madera sobre el Sella se construyó en 1865; lo sustituyó uno de hierro en 1898, obra de José Eugenio Ribera, que la Guerra Civil destruyó en 1937 y que se reconstruyó definitivamente en hormigón en 1940, el puente que todavía cruza hoy el río. Durante los años sesenta y setenta se urbanizó el Arenal de la playa de Santa Marina, dando a la villa su aspecto actual, mientras el concejo vivía su mayor movimiento migratorio: la capital pasó de concentrar el 23 % de la población total en 1910 a casi el 50 % de hoy, dejando muchos pueblos del interior casi desiertos.
Tito Bustillo y las huellas que dejaron los dinosaurios
La cueva de Tito Bustillo, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, guarda pinturas rupestres de la edad magdaleniense —hace unos 29.000 años— con más de un centenar de figuras de animales y signos, a la altura de las de Altamira. No muy lejos, en los acantilados de Vega y de Tereñes, se han encontrado huellas de dinosaurio de la edad jurásica, una combinación de arte prehistórico humano y rastro de la era de los dinosaurios que pocos concejos pueden ofrecer.
El patrimonio religioso suma la iglesia románica de Santa María de Junco, con capiteles de cabezas monstruosas en su arco de triunfo, y el santuario medieval de San Mamés de Cuerres, del siglo XIV. En el plano civil destaca el Ayuntamiento, instalado en el antiguo palacio plateresco de Prieto Cutre, del siglo XVI, y los chalés de indianos que bordean el Arenal de Santa Marina, construidos a principios del XX con el impulso de la marquesa de Argüelles: entre ellos, Villa Rosario, hoy convertida en hotel, y el chalé de los hermanos Uría-Aza, con una colección de escultura al aire libre.
El Descenso que llena de piraguas el Sella
La cita grande del calendario riosellano es el Descenso Internacional del Sella, declarado fiesta de Interés Turístico Internacional y nacido de una idea de Dionisio de la Huerta: cada primer sábado de agosto después del día 2, piragüistas de todo el mundo recorren los últimos 20 kilómetros del río hasta la villa, en una jornada que combina deporte y fiesta popular. El resto del verano tiene su propio calendario: la Feria del Queso de Cuerres, el 9 de agosto, reúne a las mejores queserías de la zona, y el día siguiente, festividad de San Lorenzo, trae la Feria de Ganado con su tradicional carrera de cintas a caballo. En enero, la fiesta de San Antón en Cuerres conserva ritos típicamente asturianos: el ramo, la procesión cantada al son de la pandereta y la Danza Prima antes de la romería nocturna.
Planifica tu Visita a Ribadesella
Ribadesella está a 83 kilómetros de Oviedo por la autovía A-8, con salidas hacia las carreteras locales que conectan con Arriondas y Llanes. El gentilicio de sus vecinos es riosellano, y el concejo —reconocido como Municipio de Excelencia Turística— alcanza una densidad de 65,76 habitantes por km².
Un buen plan de visita combina la mañana en la cueva de Tito Bustillo, con acceso limitado y por temporada, con un paseo por el casco antiguo y la Gran Vía de Agustín Argüelles, y la tarde en la playa de Santa Marina. Para quien visite en agosto, coincidir con el Descenso Internacional del Sella o con la Feria del Queso de Cuerres añade a la jornada toda la fiesta popular que acompaña a estas citas desde hace décadas.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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