- Salteras: de la Paesula romana al "barrio" legal de Sevilla
- Lo que Cuentan los Censos de Salteras
- Un cerro, cuatro entidades y 57 kilómetros cuadrados
- De la villa romana al privilegio real
- La Virgen que apareció en un olivo
- Un museo de cerámica y un centro para personas sordociegas
- Bandas, hermandades y la fiesta de febrero
- Planifica tu Visita a Salteras
- Otros Pueblos de Sevilla
Salteras: de la Paesula romana al "barrio" legal de Sevilla
Salteras, en pleno Aljarafe sevillano, lleva su pasado romano grabado en el propio escudo municipal: aquí se llamó Paesula. Siglos después, un rey le concedería un privilegio poco habitual que la convertiría, a todos los efectos legales, en un barrio más de la ciudad de Sevilla sin dejar de ser pueblo.
Lo que Cuentan los Censos de Salteras
La serie del INE marca el máximo de Salteras en 2013, con 5.876 habitantes, y hay que descartar un dato de 2018 que el propio Wikidata señala como imposible: 11.854 habitantes, un error estadístico que ni siquiera figura en la serie real. Entre 2013 y 2014 el municipio perdió un 6,9 % de su población, 408 vecinos, un ajuste de padrón típico de estas localidades más que un éxodo real. Desde entonces la cifra se ha mantenido estable, con los 5.604 habitantes de 2025 apenas un 5 % por debajo de aquel máximo.
Un cerro, cuatro entidades y 57 kilómetros cuadrados
El núcleo principal de Salteras se asienta sobre un cerro que debió de estar poblado desde la Prehistoria, en plena comarca de El Aljarafe, a 15 kilómetros de Sevilla capital. El relieve es predominantemente llano, con la Rivera de Huelva marcando el límite natural con La Algaba. Del municipio dependen cuatro entidades menores: Fuemblanca y La Alondra, barrios modernos ya integrados en el casco; La Dehesilla; y Palmaraya, la más curiosa de todas. De origen romano —se cita como Palma Regia en el repartimiento del siglo XIII—, Palmaraya quedó despoblada en siglos posteriores hasta reducirse a un cortijo, hoy la hacienda Las Dueñas; a mediados del siglo XX se levantó junto a él una fábrica de ladrillos que todavía se mantiene en pie, y que algunas asociaciones de vecinos han propuesto rebautizar como "barrio de Palmaraya" en memoria de aquel pasado.
De la villa romana al privilegio real
De la etapa romana de Paesula quedan cipos funerarios que durante años se usaron como simples marmolillos en algunas calles del pueblo, y una lápida visigoda del siglo VI que se conserva en la parroquia. Tras la Reconquista, Fernando III concedió a la localidad el título de "villa" y la entregó como realengo a un miembro de su corte; en el siglo XV, Juan II fue un paso más allá y le otorgó el privilegio de ser "calle, guarda y collación de Sevilla", es decir, la consideró jurídicamente un barrio más de la capital, con sus mismos fueros y derechos.
El siglo XVII trajo varios cambios de manos: en 1641 Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, compró la villa pero no llegó a pagarla, así que terminó en manos de Luis Méndez de Haro, que a su vez la vendió a la Casa de Alba. Durante la Guerra de la Independencia, una vecina llamada Francisca Pérez-Cerpa se convirtió en heroína local: las Cortes de Cádiz le reconocieron el mérito con una pensión vitalicia de tres pesetas y el grado honorífico de coronel, que mantuvo hasta su muerte en 1815. Viuda con siete hijos, armó y vistió a los tres mayores vendiendo todo lo que tenía, incluida la vaca de la que vivía la familia, y pasó sus últimos años sosteniéndose de la limosna pública.
La Virgen que apareció en un olivo
El principal monumento de Salteras es la iglesia mudéjar de Nuestra Señora de la Oliva, de finales del XV y principios del XVI, con tres naves y una torre terminada en el siglo XVII. Cuenta la tradición que la imagen original de la Virgen apareció en un olivo, de donde toma su nombre; aquella primera talla se perdió en un incendio, y aunque se hizo una nueva imagen más parecida a la desaparecida, el pueblo prefirió quedarse con "su" Oliva, la que hoy preside el altar mayor. Junto a la iglesia, la capilla de Nuestra Señora de la Oliva conserva un retablo barroco del XVIII, un Niño Jesús de influencia de Martínez Montañés y una lámpara de 1772 obra de Cárdenas y Amat. La propia iglesia parroquial ha ido cambiando de manos de maestros a lo largo de los siglos: en 1717 el alarife Andrés de Silva hizo reparaciones, y en 1762 Marcos Lebrón trabajó bajo la dirección de Pedro de Silva en una nueva armadura para la nave central. En la capilla, además del Niño Jesús y la lámpara ya citados, se conservan una pintura de la Virgen con el Niño del siglo XVII y dos lienzos del XVIII, uno con el sacrificio de Isaac y otro con el abrazo ante la Puerta Dorada. Completan el patrimonio la Hacienda del Mayorazgo, antigua finca olivarera del XVIII convertida hoy en casa de la cultura municipal, y el Pozo de la Alberquilla, de origen romano.
Un museo de cerámica y un centro para personas sordociegas
Salteras guarda dos sorpresas poco esperables en un pueblo de su tamaño. El Museo Pickman reúne una colección de cerámica vinculada a la histórica fábrica de La Cartuja de Sevilla, mientras que el Parque Ambiental de la Cárcava del Chorrito ofrece un espacio natural dentro del propio término. Y desde 2010 funciona el Centro Santa Ángela de la Cruz, gestionado por la Asociación Española de Familias de Personas Sordociegas, un centro residencial y de día pensado específicamente para personas con sordoceguera que fue inaugurado por la reina Sofía.
Bandas, hermandades y la fiesta de febrero
La vida festiva de Salteras gira en torno a dos bandas filarmónicas centenarias, la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva, fundada en 1913, y la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora del Carmen, de 1928, y a dos hermandades de penitencia: la de los Negros, que procesiona el Miércoles Santo con el Cristo de la Vera Cruz, la Virgen de la Soledad y la Magdalena, y la de los Blancos, que sale el Martes Santo con el Nazareno y la Virgen de los Dolores. La gran cita del año llega en febrero, con las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de la Oliva Coronada y su Función Principal y Procesión por las calles de la villa el primer domingo del mes.
Planifica tu Visita a Salteras
Salteras se recorre en coche desde Sevilla por la autovía Ruta de la Plata (A-66) o por la antigua N-630, con salida hacia la carretera A-8077 que conecta con Valencina de la Concepción y Olivares. El municipio está a 152 metros de altitud y ocupa 57,46 km² de superficie, repartidos entre el olivar —565 hectáreas dedicadas a aceituna de mesa— y los cultivos herbáceos, con el trigo como protagonista sobre casi 1.700 hectáreas. La actividad económica no es solo agrícola: al este del pueblo se extiende el polígono industrial Malpesa, y a seis kilómetros al noreste, junto a la autovía A-66, el parque empresarial Los Llanos. Salteras cuenta además con estación propia de Cercanías, que facilita llegar sin coche desde la propia Sevilla.
Una visita de un día puede combinar la iglesia y la capilla de la Oliva en el centro del pueblo con el Museo Pickman y un paseo por el Parque de la Cárcava del Chorrito, dejando tiempo para acercarse, si el calendario lo permite, a febrero, cuando la localidad vive sus fiestas patronales más importantes.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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