Alburquerque

Alburquerque. Pueblos de Badajoz

Alburquerque es un municipio de 4.928 habitantes en el noroeste de la provincia de Badajoz, muy cerca de la frontera con Portugal, y con un término de 723 km² tan extenso que multiplica por muchas veces el tamaño habitual de un pueblo de su población. Su nombre, del latín "albus quercus" o "alcornoque blanco", viajó hasta América con los colonizadores y hoy lo comparte con la ciudad estadounidense de Albuquerque, con la que mantiene una relación de hermanamiento. Pero el verdadero protagonista de Alburquerque es su patrimonio medieval: un castillo inexpugnable, una muralla casi completa y un barrio gótico-judío que todavía se recorre por las mismas calles de hace setecientos años.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Historia
  3. Patrimonio
  4. Economía
  5. Fiestas
  6. Cuándo ir
  7. Planifica tu visita
  8. Otros Pueblos de Badajoz

Geografía

Enclavado en la sierra de San Pedro, en el puerto de Albahacar, el municipio limita al norte con Herreruela y San Vicente de Alcántara, al sur con Badajoz y Villar del Rey, al este con Cáceres y al oeste con los municipios portugueses de Arronches y Campomayor y con La Codosera. Dista 45 km de la capital provincial y 100 km de Mérida. Su extenso término, de 72.320 hectáreas, combina zonas serranas con páramos desforestados para el cultivo y grandes dehesas de encinas, entre ellas los llamados Baldíos de Alburquerque, 7.500 hectáreas de tierra adehesada de propiedad comunal que administra el propio ayuntamiento, una fórmula de gestión poco habitual que se remonta siglos atrás. Buena parte de la sierra de San Pedro, protegida como Zona de Especial Conservación y Zona de Especial Protección para las Aves, se encuentra dentro del municipio. El río Gévora, con una cuenca de 2.184 km² formada por afluentes como el Guadarranque, el Abrilongo o el Albarragena, es el curso principal, mientras que el Zapatón, regulado por el embalse de Peña del Águila, abastece de agua a Alburquerque, Badajoz y Villar del Rey.

Historia

Los primeros vestigios humanos en el entorno de Alburquerque son prehistóricos, con estelas funerarias, hachas, puntas de flecha, tumbas antropomorfas y dólmenes repartidos por el término; la tradición local atribuye un posible origen a los vetones hacia el año 590 a. C. La reconquista cristiana llegó en 1166, cuando Fernando II la tomó de los almohades para entregarla en 1171 a la Orden de Santiago, aunque los árabes la recuperaron en 1184 antes de que Alfonso IX volviera a conquistarla, en un vaivén de luchas entre cristianos y musulmanes típico de esta frontera. De ese periodo medieval procede el actual casco histórico, coronado por el Castillo de Luna, construido en parte por el condestable de Castilla Álvaro de Luna, y rodeado por una muralla que protege el barrio de Villa Adentro, de trazado gótico-judío, donde todavía se conservan casas con dinteles ojivales que delatan el origen de algunos de sus antiguos moradores judíos antes de la expulsión de 1492.

La proximidad con Portugal marcó buena parte de la historia posterior de la villa, sometida a los vaivenes de sucesivas guerras entre ambos reinos, con periodos de despoblamiento por la pérdida de hombres en combate y posteriores repoblaciones. Durante la guerra de Sucesión, en el reinado de Felipe V, el castillo fue tomado en 1705 por tropas angloportuguesas y no volvió a la corona española hasta 1716. Siglos antes, durante la colonización de América y Filipinas, numerosos alburquerqueños cruzaron el océano: el cronista Vicente Navarro del Castillo cifra en 96 las personas de la villa que participaron en aquella empresa, entre ellas Juan Castaño, presente en la fundación de Caracas y de las venezolanas El Tocuyo y La Borburata, o el capitán Juan Ruiz de Arce, que participó en la conquista del Perú y dejó escrita una crónica del apresamiento del Inca Atahualpa. También salió de Alburquerque fray Bernardo de Alburquerque, dominico recomendado por fray Bartolomé de las Casas que llegó a obispo de Oaxaca y fue propuesto, sin éxito, para la santidad por su labor de protección de los indígenas.

Patrimonio

El Castillo de Luna, levantado en lo alto de un risco de la sierra de San Pedro y declarado monumento nacional en 1924, es una de las fortalezas medievales más destacadas de toda La Raya fronteriza con Portugal. A sus pies, el recinto amurallado conserva torres defensivas como la del Reloj, la Cabera o la Mocha, además de dos puertas monumentales: la Puerta de la Villa, frente a la iglesia de San Mateo, y la Puerta de Valencia, flanqueada por dos torres cilíndricas de trece metros. Dentro de la muralla, el barrio de Villa Adentro conserva su trazado gótico-judío casi intacto, con la calle Derecha como eje principal de este a oeste. El patrimonio religioso se reparte entre la iglesia de Santa María del Mercado, de los siglos XIII al XV con añadidos barrocos del XVIII y que guarda la talla del Cristo del Amparo, la de San Mateo, de estilo ojival-renacentista, la de San Francisco, con su retablo churrigueresco, y el antiguo templo románico de Santa María del Castillo, hoy sin culto. A las afueras, el Castillo de Azagala, en proceso de rehabilitación como hotel de lujo, y las pinturas rupestres esquemáticas del Risco de San Blas, de la Edad del Bronce y declaradas monumento nacional en 1942, completan un patrimonio que explica por qué Alburquerque es, pese a su tamaño, uno de los conjuntos históricos más ricos de Extremadura.

Economía

La chacinería tradicional del cerdo ibérico es la gran seña de identidad económica y gastronómica de Alburquerque, con jamones y embutidos de calidad reconocida que se pueden encontrar en las tiendas de la localidad. En el empleo predominan los servicios, especialmente los sociales y asistenciales públicos, seguidos muy de cerca por el sector ganadero, mientras que la industria y la construcción quedan más atrás. La gastronomía local, con platos como la prueba de cerdo, el pestorejo o la chanfaina, y dulces típicos como las perrunillas y las empanadas de Pascua, se complementa en temporada con productos silvestres como los espárragos trigueros o las criadillas de tierra, que varios restaurantes de la zona incorporan a su carta junto a la caza mayor y menor.

Fiestas

La gran cita del calendario es el Festival Medieval "Villa de Alburquerque", en la segunda quincena de agosto, declarado Fiesta de Interés Turístico Regional y que recrea con teatro, pasacalles y torneos la vida de la villa en la Edad Media. La feria de mayo, dedicada al ganadero, recupera desde hace un cuarto de siglo el mercado conocido como "El Rodeo", mientras que las ferias de septiembre arrancan el día 8, coincidiendo con el Día de Extremadura, en torno a la romería de la Virgen de Carrión, patrona del municipio. El 15 de agosto se celebra la singular fiesta del emigrante, un homenaje a los alburquerqueños que tuvieron que marcharse por motivos laborales sobre todo en los años sesenta y setenta y que cada verano regresan de visita. La Semana Santa, con su Pasión Viviente y la procesión nocturna del Cristo del Amparo por las calles de Villa Adentro, y el encuentro familiar del linaje de los Orantos, cada último fin de semana de octubre, que reúne a descendientes de esta familia alburquerqueña repartidos por España, Portugal y Argentina desde el siglo XVI, completan un calendario festivo fuera de lo común.

Cuándo ir

Agosto es el mes de referencia para visitar Alburquerque, con el Festival Medieval en su segunda quincena ofreciendo la experiencia más completa para conocer el patrimonio del municipio recreado en vivo, y con la fiesta del emigrante el día 15 como complemento más cercano y familiar. Quien prefiera un ambiente más rural puede optar por la feria de mayo, centrada en el mundo ganadero, o por las fiestas de septiembre en torno a la Virgen de Carrión, que además coinciden con el Día de Extremadura.

Planifica tu visita

La visita obligada combina el ascenso al Castillo de Luna, con sus vistas sobre la comarca de Los Baldíos y la raya portuguesa, con un paseo detenido por el barrio de Villa Adentro y su recinto amurallado, deteniéndose en la Puerta de Valencia y en las iglesias del casco histórico. A pocos kilómetros, el santuario de Nuestra Señora de Carrión, a orillas del Gévora, y las pinturas rupestres del Risco de San Blas permiten ampliar la ruta hacia el entorno natural de la sierra de San Pedro, mientras que el Museo Etnográfico Juan Castaño ofrece una mirada más cercana a la vida cotidiana del municipio en el siglo XX. Para los aficionados al deporte al aire libre, el amplio programa deportivo municipal incluye pruebas como la Ruta Cicloturista del Vino y el Jamón o la Media Maratón de Alburquerque, buena excusa para combinar ejercicio y gastronomía local.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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