Introducción
Orduña, en euskera y de forma cooficial Urduña, es un municipio de la provincia de Vizcaya, en el País Vasco, con una particularidad que no comparte ningún otro pueblo vizcaíno: es la única localidad de la provincia con título de ciudad. Según Wikidata y el INE, tiene 4.247 habitantes, una superficie de 33,49 kilómetros cuadrados y una altitud de 293 metros; sus vecinos son conocidos como urduñares. Orduña es además un enclave, es decir, un trozo de territorio vizcaíno completamente rodeado por otras dos provincias, Álava y Burgos, en pleno paso natural entre el País Vasco y Castilla. Esa posición de frontera y de paso explica buena parte de su historia y ha dado también nombres propios a la gran historia americana: de aquí salieron Juan de Garay, fundador de Buenos Aires y Santa Fe, y Juan Ortiz de Zárate, adelantado del Río de la Plata, dos de los personajes más citados entre los hijos ilustres de la ciudad.
Geografía
Orduña se asienta en una llanura situada en la margen izquierda del río Nervión, en la parte alta de su valle, rodeada de relieves que se elevan hacia el oeste y el suroeste hasta la sierra Salvada, cuyas cumbres oscilan entre los 400 y los 1.066 metros y dominan visualmente el núcleo urbano. Como enclave vizcaíno, el municipio limita al oeste con la Junta de Villalba de Losa y Berberana, ya en la provincia de Burgos, y al norte y al este con los municipios alaveses de Ayala, Amurrio y Urcabustaiz; el histórico puerto de Orduña ha sido durante siglos el principal paso de comunicación entre el País Vasco y Castilla. Dentro de su propio término, Orduña conserva una organización territorial poco habitual en Vizcaya: los concejos de Belandia, Lendoño de Abajo, Lendoño de Arriba y Mendeica, herederos de la antigua Junta de Ruzábal, mantienen cierta autonomía interna, de modo que Orduña es el único municipio vizcaíno con entidades de ámbito inferior reconocidas dentro de su término. A ello se añade un pequeño enclave propio, la Cerca de Villaño, situado dentro de la provincia de Burgos, y una comunidad de pastos y montes de aprovechamiento conjunto con Villalba de Losa, Ayala y Amurrio.
Historia
Los restos más antiguos documentados en el término, conocidos como el Dolmen de las Campas de la Choza, se remontan a la transición entre el Neolítico y la Edad del Bronce. La primera referencia escrita a Orduña aparece ya en el siglo VIII, en tiempos de Alfonso I, y una crónica asturiana del siglo IX la cita entre las tierras que sus habitantes poseían por derecho propio y no por concesión real. Pero la fundación formal de la villa no llegó hasta 1229, cuando Lope Díaz II de Haro, sexto señor de Vizcaya, le otorgó carta puebla; desde entonces Orduña se convirtió en un paso obligado para el comercio de la lana castellana hacia el norte de Europa, lo que le valió en 1467 el título de ciudad de manos de Enrique IV. Durante la guerra de las Comunidades, la ciudad se alineó con el bando comunero en 1520 y sufrió la derrota del ejército realista tras la batalla de Miñano Mayor al año siguiente, y en 1535 un gran incendio destruyó buena parte del núcleo urbano, sin que ello impidiera que los siglos XVI y XVII fueran la época de mayor esplendor comercial de la ciudad. En el XVIII se mejoró el camino hacia Castilla, culminado en 1774, y se construyó el edificio de la Aduana, en funcionamiento desde 1792, que concentró durante décadas el comercio que atravesaba el puerto de Orduña. El siglo XIX trajo el declive, con el traslado de las aduanas a la costa en 1841 y la pérdida de los fueros tras la derrota carlista, y ya en el siglo XX la ciudad buscó un nuevo impulso turístico gracias al balneario de La Muera y al paseo de la Antigua. Durante la guerra civil española, entre 1937 y 1941, funcionó en Orduña un campo de concentración y posterior prisión para presos del bando derrotado, episodio que forma parte de la memoria histórica más dolorosa de la ciudad. El escaso desarrollo industrial posterior tuvo, paradójicamente, un efecto positivo: ha permitido conservar casi intacto el patrimonio histórico y natural del municipio hasta hoy, cuando un intento de reconvertir la antigua Aduana en un balneario moderno terminó con su cierre por deudas en 2014.
Patrimonio
El casco histórico de Orduña conserva un rico patrimonio religioso y civil. Entre las iglesias destacan la parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la iglesia de la Sagrada Familia y el santuario de Nuestra Señora de la Antigua, al que se dirige la romería de las fiestas patronales; el antiguo convento de San Francisco, hoy convertido en residencia de mayores, y el antiguo convento de Santa Clara completan el patrimonio conventual, junto con la ermita del Buen Suceso. En el apartado civil, la Antigua Aduana, construida a finales del siglo XVIII, es el edificio más representativo de la época de esplendor comercial de la ciudad, mientras que la Foru Plaza, con sus soportales porticados, sigue siendo el centro de la vida urbana. Orduña conserva además varios palacios de linajes locales, entre ellos los de Díaz Pimienta, Mimenza, Belasko y Ortes de Belasko, testimonio del peso que tuvieron las familias hidalgas de la ciudad en los siglos de mayor prosperidad.
Economía
A diferencia de buena parte de Vizcaya, la economía de Orduña no se asentó históricamente sobre una gran industria, lo que explica en parte la buena conservación de su patrimonio. Hoy el sector servicios ocupa a la mayoría de la población activa, seguido de una industria manufacturera de peso considerable, mientras que la agricultura tiene un papel menor y se concentra casi por completo en el pasto permanente que alimenta una cabaña ganadera notable, con miles de cabezas de ganado vacuno, ovino, caprino y aves repartidas por las explotaciones del término. La ciudad es también la estación final de la línea de cercanías C-3, que la conecta directamente con Bilbao, una infraestructura que facilita tanto los desplazamientos de sus vecinos como la llegada de visitantes de la capital vizcaína.
Fiestas
La Semana Santa de Orduña está considerada una de las más importantes del País Vasco, con procesiones de gran solemnidad el Jueves y el Viernes Santo organizadas por la Santa Escuela de Cristo, cofradía que tiene su origen en una antigua congregación de feligreses. Las fiestas patronales, conocidas como Otxomaio o fiestas de Nuestra Señora de la Antigua, se celebran entre el 29 de abril y el fin de semana siguiente, con el 8 de mayo como día grande, cuando se renuevan los votos a la Virgen de la Antigua en una romería hasta su santuario; durante estos días se celebran también una feria taurina de origen muy antiguo, cuya plaza actual data de 1913, una feria de pelota, una feria agrícola y ganadera y varias modalidades de deporte rural vasco. De esa afición taurina salieron toreros como Iván Fandiño e Iván Abásolo. El primer fin de semana de septiembre llegan las Fiestas de la Coronación, con la tradicional comparsa de gigantes y cabezudos y un concurso de marmitako muy popular. El calendario festivo se completa con San Blas y Santa Águeda en febrero, San Isidro en mayo, San Juan en junio, con hogueras y feria de artesanía, y Santiago el 25 de julio, con la ascensión popular al monte Txarlazo y un concurso de perros pastor.
Cuándo Ir
La primera quincena de mayo, con las fiestas del Otxomaio y su día grande del 8 de mayo, es la mejor ocasión para ver Orduña volcada en su fiesta mayor, entre la romería a la Virgen de la Antigua y la feria taurina. Quien prefiera un ambiente de recogimiento religioso puede optar por la Semana Santa, con sus solemnes procesiones de la Santa Escuela de Cristo, mientras que el primer fin de semana de septiembre, con las Fiestas de la Coronación, ofrece un ambiente más popular gracias a los gigantes y cabezudos y al concurso de marmitako. Fuera de fechas festivas, cualquier época del año permite disfrutar del entorno natural de la sierra Salvada y del propio puerto de Orduña, aunque la primavera y el otoño son las estaciones más cómodas para las rutas de montaña.
Planifica tu Visita
Orduña tiene la ventaja de estar conectada con Bilbao por la línea de cercanías C-3, lo que la convierte en una escapada sencilla sin necesidad de coche desde la capital vizcaína. Un paseo por el casco histórico puede recorrer la Foru Plaza y sus soportales, la Antigua Aduana y los palacios de Díaz Pimienta, Mimenza, Belasko y Ortes de Belasko, para terminar en la parroquial de Nuestra Señora de la Asunción o en el santuario de la Antigua, algo alejado del centro. Los más aficionados a la montaña pueden subir hasta el mirador del puerto de Orduña o acercarse al monte Txarlazo, conocido también por ser un popular recorrido de descenso en bicicleta, con vistas sobre la llanura alavesa y la sierra Salvada. La situación de Orduña, entre Vizcaya, Álava y Burgos, permite además combinar la visita con pueblos de las tres provincias limítrofes sin apenas alargar el trayecto.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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