- Simancas: el pueblo que guarda la memoria de España en su castillo
- Geografía: en la Campiña del Pisuerga
- Lo que cuentan los censos de Simancas
- Historia: de Septimanca a la batalla de Simancas
- Patrimonio: el castillo que Felipe II convirtió en Archivo
- Folclore y fiestas: la leyenda que se representa cada verano
- Cuándo ir a Simancas
- Planifica tu visita a Simancas
- Otros Pueblos de Valladolid
Simancas: el pueblo que guarda la memoria de España en su castillo
A catorce kilómetros de Valladolid, sobre el río Pisuerga, Simancas es mucho más que un pueblo dormitorio de la capital: su castillo alberga el Archivo General de Simancas, uno de los archivos históricos más importantes de Europa, y sus calles conservan viva una leyenda medieval que ha inspirado desde Lope de Vega hasta las fiestas patronales de hoy. Pocos municipios de su tamaño combinan tanta historia documentada con tanta leyenda representada.
Geografía: en la Campiña del Pisuerga
El municipio se extiende sobre 42,5 km² a 725 metros de altitud, en la margen derecha del río Pisuerga, en la comarca de la Campiña del Pisuerga y dentro de la cuenca del Duero. El relieve está marcado por el tramo final del Pisuerga, cuya desembocadura en el Duero queda dentro del término, y por los páramos de los Montes Torozos al norte y al oeste, que arrancan cerca del pueblo en el páramo de Perdigueras, a 842 metros. La autovía de Castilla (A-62) atraviesa el municipio, igual que el Camino de Santiago de Madrid, que pasa por la propia localidad.
Lo que cuentan los censos de Simancas
La serie de población de Simancas, con datos repartidos entre 2001 y 2025, cuenta una historia de crecimiento casi sin parangón entre los pueblos pequeños de Castilla y León: de los 3.678 habitantes de 2001 a los 5.538 de 2024, el mayor dato de la serie, un incremento superior al 50 % en apenas dos décadas. El último dato, de 2025, se mantiene prácticamente en ese máximo, con 5.533 habitantes. Es un crecimiento que no se explica por el turismo ni por la industria, sino por la cercanía a Valladolid: a solo catorce kilómetros capital, Simancas se ha convertido en una opción habitual para quienes trabajan en la ciudad y buscan vivir en un pueblo con identidad propia y buenas comunicaciones.
Historia: de Septimanca a la batalla de Simancas
En las afueras del pueblo se conserva la tumba megalítica de Los Zumacales, un crómlech funerario del Neolítico. En época romana, el lugar fue conocido como Septimanca, en territorio de los vacceos, y sobre el cauce del Pisuerga queda todavía el puente medieval que heredó el trazado de la antigua calzada romana. Hasta el siglo XII, Simancas fue, junto a Cabezón, la localidad más importante de la actual provincia de Valladolid: ocupada por el ejército de Alfonso I de Asturias en el año 753, fue conquistada definitivamente por Alfonso III en el 883 y, más tarde, tomada y destruida por Almanzor tras la batalla de Rueda.
El episodio más célebre de su historia es la batalla de Simancas del año 939, librada junto a los muros de la ciudad entre las tropas cristianas de Ramiro II de León y el califa Abderramán III. A ese enfrentamiento se asocia la leyenda del tributo de las siete doncellas, que la localidad debía entregar anualmente a los caudillos árabes y que, según la tradición, se cortaron una mano antes de ser entregadas; Abderramán habría exclamado entonces «si mancas me las dais, mancas no las quiero», frase a la que el pueblo debe su nombre según la leyenda. La historia inspiró a Lope de Vega su comedia Las doncellas de Simancas. Siglos después, en 1812, Simancas volvió a ser escenario de guerra: una nueva batalla enfrentó a las tropas aliadas de Wellington con las francesas en retirada tras la batalla de los Arapiles.
Patrimonio: el castillo que Felipe II convirtió en Archivo
El castillo de Simancas tiene su origen en una fortaleza árabe que la familia Enríquez, almirantes de Castilla, reconstruyó en el siglo XV, cuando ejercía el señorío del pueblo; de esa época data la capilla. Poco después, los Reyes Católicos reclamaron la fortaleza para la corona y la convirtieron en prisión de Estado. Aquí estuvo preso el obispo de Zamora, Antonio de Acuña, capitán comunero que había participado en la batalla de Villalar: encerrado en la torre que hoy lleva su nombre, estranguló al alcaide de la fortaleza al intentar huir, por lo que el alcalde Ronquillo ordenó su ejecución con garrote vil en 1521.
Fue Felipe II quien transformó definitivamente el castillo en el Archivo General del Reino, hoy Archivo General de Simancas, que custodia alrededor de 35 millones de documentos y es uno de los archivos históricos más importantes de Europa. El muro perimetral, los cubos, las almenas, el foso y los dos puentes de acceso son de finales del siglo XV, mientras que el edificio del castillo propiamente dicho responde a las reformas del siglo XVI firmadas por Juan de Herrera y Francisco de Mora, con la característica linterna acampanada de la Torre del Obispo. La capilla, reformada por los Enríquez en el XV y de nuevo en los años 1950, conserva una bóveda estrellada pintada con las armas de sus fundadores, Alonso Enríquez y María de Velasco, así como la antigua cámara de tormentos.
Folclore y fiestas: la leyenda que se representa cada verano
Pocos pueblos mantienen tan viva una leyenda medieval como Simancas. Cada mes de julio, desde 1988, se celebra el Requerimiento de las Siete Doncellas: el alcalde de la villa «requiere» en su propia casa a cada una de las siete jóvenes elegidas para representar a las doncellas del tributo, en un acto que saca al pueblo entero a la calle. El ciclo se cierra el 6 de agosto, día de la fiesta patronal del Salvador, con la Jura del Rey Ramiro II de León, instaurada en 1994: cuarenta y una personas recrean el juramento del monarca de no volver a entregar a las jóvenes de Simancas como moneda de cambio ante los moros, cerrando así el relato que un año después retomarán otras siete doncellas con trajes medievales de colores.
La tradición debe mucho a la Asociación El Zancón y a su directora, Teresa Salvador, responsable de recuperar y poner en escena el romance de las siete mancas a partir de un manuscrito del siglo XVIII de Manuel Bachiller, rehecho en 1982 por el folclorista Joaquín Díaz. A principios del siglo XX existió además la danza de los Lazos, ligada a la Pascua de Resurrección, en la que doce mozos vestidos con camisa blanca, enaguas y un llamativo gorro floreado bailaban por las calles acompañados del Zárraga, un personaje con un látigo rematado en una pelota, deteniéndose ante las casas de los vecinos más generosos para recibir un regalo en metálico.
Cuándo ir a Simancas
El mejor momento para visitar Simancas es, sin duda, el verano: a mediados de julio con el Requerimiento de las Siete Doncellas y el 6 de agosto con la Jura del Rey Ramiro II, las dos citas que dan vida en la calle a la leyenda fundacional del pueblo. Fuera de esas fechas, el Archivo General sigue siendo la gran razón para la visita durante todo el año, especialmente para quien tenga interés en la historia documental de España.
Planifica tu visita a Simancas
El castillo-archivo es la visita obligada, aunque su naturaleza de archivo en activo limita el acceso a determinadas zonas y horarios: conviene informarse antes de ir si el objetivo es entrar más allá del perímetro exterior. El resto del pueblo se recorre a pie sin dificultad, con el puente medieval sobre el Pisuerga como otro de sus rincones con más historia. Por su cercanía a Valladolid, Simancas funciona perfectamente como excursión de medio día desde la capital, combinando el Camino de Santiago de Madrid, que atraviesa la localidad, con una parada en la Campiña del Pisuerga antes o después de la visita a la ciudad.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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