Introducción
Sollana es un municipio de la provincia de Valencia, en la comarca de la Ribera Baja, situado a unos 22 kilómetros de la capital valenciana y perteneciente a la segunda corona de su área metropolitana. Según el INE tiene 5.089 habitantes, el dato más alto de su serie, repartidos en un término de 39,2 kilómetros cuadrados a solo 4 metros de altitud, con el gentilicio de sollaner. Lindando con el lago de la Albufera, Sollana se considera el lugar donde se cultivó por primera vez el arroz en la península ibérica, y la tradición local reivindica también haber sido cuna de la paella, el plato que más ha universalizado la gastronomía valenciana. Esa doble condición de pueblo arrocero y de puerta de la Albufera marca por completo su paisaje, su economía y su identidad.
Geografía
El término de Sollana es completamente llano, al asentarse sobre una zona sedimentaria reciente formada por los arrastres del río Júcar, que discurre algo más al sur. Hacia el norte, lindando con la Albufera, los terrenos son pantanosos, y esa combinación de horizontalidad y encharcamiento es la que ha hecho posible el cultivo del arroz que da fisonomía al municipio. La altitud oscila entre los 22 metros al oeste y el nivel del mar junto a la Albufera, mientras que el núcleo urbano se alza a apenas 5 metros. El clima es mediterráneo, con inviernos suaves, veranos cálidos, pocos días de lluvia al año y riesgo de episodios de gota fría. El municipio incluye la pedanía de El Romaní y limita con Valencia, Sueca, Albalat de la Ribera, Algemesí, Alginet, Almusafes y Silla; lo atraviesan la autopista del Mediterráneo AP-7 y la autovía A-38 hacia Gandía, y cuenta con dos estaciones de la línea C-1 de cercanías de Valencia, Sollana y El Romaní, que conectan con Gandía, Cullera, Silla y la propia capital. La proximidad a la Albufera convierte a Sollana en una de las zonas más importantes del Mediterráneo ibérico para la avifauna, con más de 350 especies registradas: en invierno se observan gaviotas, garzas y flamencos, y en época de cría destacan la garza imperial, la cigüeñela y el ánade real.
Historia
El nombre de Sollana procede, según la teoría más aceptada, del dignatario romano Sulius, propietario de una villa en el término, al que se añadió el sufijo latino «-ana» de pertenencia; con la dominación musulmana derivó en Suilana, y tras la conquista cristiana quedó fijado como Sollana. Los primeros asentamientos humanos documentados se remontan a la Edad del Bronce, cuando se ocuparon los puntos más altos que emergían de una zona entonces muy pantanosa, de donde proceden hachas de piedra pulida, restos humanos y ánforas. De época romana se conservan restos de la villa de Sulius, con mosaicos, fragmentos de embarcaciones, monedas imperiales y columnas, además de una pequeña estatuilla de Júpiter hallada a dos metros de profundidad en los campos de arroz, considerada la única pieza de este tipo documentada con certeza en toda España. En época musulmana se levantaron tres torres, Rafalcadí, Suilana y Trullàs, que dieron origen a los núcleos de población, y la localidad, conocida como Sulyanah, era cabeza de un territorio que incluía los caseríos de El Romaní, Alcahecia y Trullás, con introducción del cultivo del arroz, la caña de azúcar y la morera para la cría del gusano de seda. En 1238, durante el avance de las tropas de Jaime I hacia Valencia, Sollana fue tomada por Ximén de Urrea, que se convirtió en su primer señor; tras él se sucedieron los Vilaragut, los Thous, los Català, la casa de Portugal y los duques de Híxer, hasta la abolición de los señoríos. En noviembre de 1864 una gran inundación provocada por el desbordamiento de los ríos Júcar, Cabriel, Sellent y Cañoles afectó gravemente a la zona, y en enero de 1932, durante la Segunda República, se produjo en Sollana un levantamiento anarquista en favor del comunismo libertario que terminó con una veintena de detenidos.
Patrimonio
El patrimonio religioso de Sollana se reparte entre la iglesia de la Inmaculada y la iglesia del Raval, único vestigio que queda del antiguo convento de los padres mercedarios, con una fachada neoclásica setecentista y dos torres características; la patrona del pueblo es Santa María Magdalena. En el entramado urbano se conservan además el Pou Pudent, fuente pública en la calle López Ibor, el lavadero municipal y el mercado municipal, ambos obra del arquitecto Juan Segura Lago, y la casa consistorial, cuya fachada actual data de 1922. El Motoret, elemento del sistema hidráulico de la Albufera que regula la entrada de agua superficial sin carga contaminante, forma parte también del patrimonio funcional del municipio. Pero el gran atractivo de Sollana es su patrimonio natural, integrado en el parque natural de la Albufera: el Portet de Sollana, a apenas 200 metros de la salida del lago, permite practicar piragüismo y senderismo; los Ullals son una reserva de fauna y flora con especies piscícolas amenazadas; y el Tancat de Milia funciona como reserva natural y filtro verde junto al Mediterráneo. Los propios campos de arroz, tierras ganadas a la Albufera que se inundan entre mayo y los meses de la recolección en septiembre y octubre, forman durante esos meses un paisaje de espejos de agua único en España.
Economía
La economía de Sollana sigue girando en torno a la agricultura, con la Cooperativa Agrícola de Sollana como referencia del sector. Todo el término es de regadío, abastecido por el río Júcar, sin cultivos de secano, y se reparte entre los arrozales, los naranjos y el maíz. La ganadería aporta cabezas de ovino, porcino y granjas avícolas. La industria, siempre ligada al campo, se apoyó tradicionalmente en los molinos de arroz, y hoy cuenta con empresas de fabricación de muebles, como Marckeric, y de productos químicos y conservas, como Salazones Ciges. La pesca, antes pilar económico centrado en la lubina y la anguila, ha perdido peso frente a capturas como la tenca y el cangrejo americano. Por su ubicación dentro del término de la Albufera, Sollana está reconocido como Lugar de Interés Comunitario por la Generalitat Valenciana.
Fiestas
El calendario festivo de Sollana arranca el 22 de julio con la celebración de Santa María Magdalena, su patrona, y continúa, tras un breve paréntesis, con las fiestas de la pedanía de El Romaní hasta el 9 de agosto, día en que se celebra la ofrenda al Cristo de la Piedad. El 10 de agosto es la fiesta mayor en honor a este Cristo, cuya imagen se traslada en procesión nocturna desde la iglesia de la Magdalena hasta la del Raval, donde pasa la noche; al día siguiente, 11 de agosto, se celebra el día del Cristo del Raval antes de devolver la imagen por la tarde, jornada que tradicionalmente cerraba la cordá, hoy sustituida por un correfuegos. El 14 de agosto es la Noche de las Paellas, en la que el ayuntamiento sufraga los condimentos y habilita el centro del pueblo para que, a partir de las nueve de la noche, los vecinos cocinen y compartan sus paellas en la calle. Del 17 al 24 de agosto se instala una plaza de toros de madera en la plaza mayor con sueltas de vaquillas y toros embolados, y a finales de mes se celebran las fiestas de la barriada de San Ramón, con una cena tradicional en sus calles. Por la cercanía a la capital, Sollana también vive con intensidad las Fallas, entre el 15 y el 19 de marzo.
Cuándo ir
Marzo es buena fecha para quien quiera combinar la visita con el ambiente fallero que llega desde Valencia, mientras que agosto concentra el grueso de la vida festiva propia del pueblo, con la fiesta mayor del Cristo de la Piedad y la popular Noche de las Paellas del día 14. Para disfrutar del paisaje de los arrozales inundados conviene visitar entre mayo y el inicio del otoño, cuando los campos se convierten en un espejo de agua que multiplica temporalmente la superficie de humedal de la Albufera; la recolección llega en septiembre y octubre. Los aficionados a la observación de aves encontrarán su mejor momento en invierno, cuando llegan miles de ejemplares de gaviotas, garzas y flamencos, aunque la primavera y el verano son la época de cría de especies como la garza imperial o la cigüeñela.
Planifica tu visita
Sollana se encuentra a unos 22 kilómetros de Valencia capital, bien conectada por la AP-7 y por la A-38 hacia Gandía, y dispone de dos estaciones propias en la línea C-1 de cercanías, Sollana y El Romaní, con enlaces directos a Valencia, Silla, Cullera y Gandía. Una visita puede combinar el casco urbano, con la iglesia del Raval y el entorno de la plaza Mayor, con una escapada al Portet de Sollana para practicar piragüismo o senderismo junto a la Albufera, y una parada en los Ullals o el Tancat de Milia para quienes se interesen por la observación de fauna. La gastronomía local, centrada en el arroz, ofrece arroces caldosos y al perol, paella, croquetas de bacalao, los dulces mostatxuts y, gracias a la cercanía del lago, platos de pescado de Albufera como la anguila, la tenca o la lisa. El pueblo es también la localidad natal del psiquiatra Juan José López Ibor, una de las figuras médicas españolas más reconocidas del siglo XX, cuyo apellido da nombre a una de sus calles.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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