La Puebla de Almoradiel, Toledo

La Puebla de Almoradiel. Pueblos de Toledo

La Puebla de Almoradiel es un municipio de 4.950 habitantes en pleno corazón de la Mancha toledana, cuyo nombre resume ya buena parte de su historia: "Almoradiel" vendría del árabe-mozárabe "al-murad-ied", algo así como "el castillo pequeño", mientras que "La Puebla" se añadió en el siglo XIV, cuando la Orden de Santiago repobló el lugar. Hoy es, sobre todo, un pueblo de viñas y bodegas, con una curiosa leyenda subterránea que todavía se cuenta entre sus vecinos: la de una supuesta red de cuevas selladas bajo el casco urbano que, según la tradición oral, pudo usarse como fosa común en tiempos de peste.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Historia
  3. Patrimonio
  4. Economía
  5. Fiestas
  6. Cuándo ir
  7. Planifica tu visita
  8. Otros Pueblos de Toledo

Geografía

El municipio limita con Corral de Almaguer y Villanueva de Alcardete al norte, Quintanar de la Orden al este, Miguel Esteban y Quero al sur, y La Villa de Don Fadrique al oeste, todos ellos también en la provincia de Toledo. Sus tierras arcillosas, bañadas por el río Gigüela en la parte oriental del término, son aptas para el cereal, buenas para la vid y excelentes para el olivo, y esa misma arcilla ha dado tradicionalmente materia prima para la teja árabe, la alfarería y los tapiales de las casas antiguas del pueblo. El clima mediterráneo continental deja veranos calurosos y secos, con hasta dos meses de aridez estival, e inviernos fríos, mientras que primavera y otoño concentran la mayor parte de las lluvias. El casco urbano se asienta a 695 metros de altitud, en una llanura apenas interrumpida por leves elevaciones típica de esta parte de la Mancha toledana.

Historia

El origen del lugar se remonta a una fortaleza de época ibérica y celta, ocupada después por romanos, visigodos, mozárabes y, durante la dominación musulmana, por la tribu de los almorávides. La población primitiva se situaba junto al río Cigüela, a 1,3 kilómetros del actual emplazamiento, y fue abandonada en 1276 por las epidemias ligadas a la cercanía del cauce. De aquel núcleo original quedó una ermita dedicada a Santa María Magdalena, cuyo culto pasó después a la actual iglesia de San Juan Bautista, y un castillo de época musulmana del que apenas quedan referencias documentales.

A mediados del siglo XII el lugar pertenecía ya a la Orden de Santiago y a la de San Juan, según consta en un tratado de 1243 entre ambas. En 1315 Corral de Almaguer y sus aldeas, entre ellas La Puebla de Almoradiel, recibieron la carta-puebla del maestre Diego Muñiz, pero fue en 1331 cuando La Puebla logró el privilegio de villazgo y se independizó de Corral de Almaguer, formalizándose en 1341 con la carta de población otorgada por el maestre santiaguista Alonso Meléndez de Guzmán. El municipio pasó después por distintas adscripciones territoriales, primero en el común de La Mancha de Ocaña desde 1353 y, desde 1575, en la Mancha de Montearagón, bajo el partido de Quintanar de la Orden.

Entre los vecinos más mayores del pueblo circula todavía, sin confirmación histórica documentada, la leyenda de una red de cuevas semiderruidas que uniría el subsuelo de la actual iglesia de San Juan Bautista con el cerro de la Madalena, donde se asentaba el pueblo original. Se dice que esas cuevas pudieron usarse en la Edad Media y que terminaron selladas y olvidadas en tiempos de la peste negra, cuando habrían servido de fosa común para los enfermos. Es, como tantas leyendas de pueblo, un relato transmitido de boca en boca que convive con la historia documentada sin pretender sustituirla.

Patrimonio

La iglesia de San Juan Bautista, en la plaza de la Constitución, mezcla estilos de varias épocas de construcción, con restos románicos y góticos de los siglos XII al XIV convivientes con una nave renacentista de bóveda de cañón y una capilla de los Ortiz con bóveda estrellada, donde hoy se veneran la Virgen de Palomares y un retablo del siglo XVII de Jesús de Medinaceli; el retablo barroco original del altar mayor se perdió durante la Guerra Civil. A las afueras, la ermita del Santísimo Cristo de la Salud, mandada construir en el siglo XVII por Francisco Sánchez Roldán, guarda una imagen de Cristo fechada por una inscripción interior en 1766, obra de un tal Juan Antonio Argüelles. Completan el patrimonio religioso la ermita renacentista de Nuestra Señora del Egido —antiguo convento y hospital—, la de Santa Ana, con frescos en su cúpula y un retablo barroco restaurado por alumnos de Bellas Artes, y la de San Isidro, levantada desde 1950 junto a la Vereda Real Soriana.

La ermita de la Virgen de Palomares, situada en el paraje del mismo nombre entre La Puebla y Quero, tiene su propia leyenda fundacional: cuenta la tradición que unos agricultores encontraron allí enterrada una imagen de la Virgen y, sin saber qué hacer con ella, la subieron a un carro dejando que los bueyes decidieran el camino a seguir. Los animales se dirigieron hacia La Puebla de Almoradiel en lugar de hacia Quero, origen de una disputa entre ambos pueblos por los derechos sobre la imagen que se mantiene, de forma más folclórica que real, hasta nuestros días.

Economía

El motor económico de La Puebla de Almoradiel es la industria vitivinícola. La cooperativa Virgen del Egido, con cerca de 570 socios y casi sesenta años de historia, es una de las bodegas más grandes de la zona, junto a la más pequeña pero reconocida Bodega Almurad. A las afueras del pueblo, la alcoholera de la finca La Blanca destila vino y sus derivados, como la mistela, para exportarlos a otros países europeos, especialmente Francia y Alemania. Durante la vendimia el pueblo se llena de temporeros —antes mayoritariamente andaluces, hoy sobre todo de Europa del Este— y del tráfico constante de maquinaria agrícola cargada de uva. Es habitual que muchas familias, además de su trabajo principal, mantengan pequeñas parcelas de vid propias o arrendadas como ingreso complementario, medidas en fanegas, la unidad tradicional que en esta localidad equivale a 800 cepas plantadas.

Fiestas

El calendario festivo arranca en mayo con la Fiesta del Campo Manchego en honor a San Isidro Labrador, que combina actos religiosos con el concurso de gachas manchegas y la prueba de habilidad con tractor, y se cierra con el traslado de la imagen en procesión hasta su ermita, junto al Gigüela. El primer sábado de junio tiene lugar la romería de la Virgen de Palomares, con traslado a pie hasta su ermita, a nueve kilómetros del pueblo. El 14 y 15 de agosto se celebra a la Virgen del Egido, patrona del municipio, y entre el 31 de agosto y el 3 de septiembre llega la fiesta grande, la del Santísimo Cristo de la Salud, declarada de interés turístico regional en 2016 y que atrae a peregrinos de los pueblos vecinos. La Semana Santa, organizada por cinco hermandades con varios centenares de miembros cada una, suma once pasos entre el Jueves y el Viernes Santo, y se cierra el Lunes de Pascua con la tradicional "traída" de la Virgen de Palomares. Desde hace más de 25 años, la Asociación de Mujeres organiza además la Fiesta de la Vendimia a finales de julio, con su concurso de calderetas como plato fuerte.

Cuándo ir

Quien quiera ver el pueblo en su momento de mayor devoción y afluencia debe apuntar los primeros días de septiembre, con la Feria y Fiestas del Santísimo Cristo de la Salud. Para los más interesados en la cultura del vino, el periodo de la vendimia, entre finales de agosto y septiembre, permite ver el pueblo en plena actividad bodeguera, con el característico olor a orujo en el ambiente. La primavera, con la fiesta de San Isidro en mayo, ofrece además un buen punto intermedio climático antes del calor seco del verano manchego.

Planifica tu visita

Una visita puede combinar el recorrido por la iglesia de San Juan Bautista y la ermita del Santísimo Cristo de la Salud en el propio casco urbano con una escapada al paraje de Palomares, donde se entiende mejor la rivalidad legendaria con el vecino pueblo de Quero. Los aficionados al enoturismo pueden acercarse a la cooperativa Virgen del Egido o a alguna de las bodegas privadas de la localidad para conocer de cerca el proceso de elaboración del vino que sostiene la economía local, y quien visite en fechas de vendimia o de alguna de las fiestas gastronómicas podrá probar las tradicionales calderetas o las gachas manchegas, dos de los platos más identificados con esta parte de la provincia de Toledo.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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