- Valls: la capital del Alt Camp que reúne a más de la mitad de su comarca
- El mercado de 1210 y unas ordenanzas de las más antiguas de Cataluña
- Lo que Cuentan los Censos de Valls
- La filoxera, el golpe que vació Valls durante medio siglo
- Castells, calçots y las Decenals: el calendario que define Valls
- Cicatrices en la piedra: de Lepanto al Arco del Triunfo
- Cuándo Ir a Valls
- Planifica tu Visita a Valls
- Otros Pueblos de Tarragona
Valls: la capital del Alt Camp que reúne a más de la mitad de su comarca
De los 25.518 habitantes que tiene Valls, lo verdaderamente llamativo no es la cifra, sino lo que representa: más de la mitad de toda la población de su comarca, el Alt Camp, de la que es capital. Pocas capitales comarcales catalanas concentran tanto. El municipio ocupa 55,3 km² de la provincia de Tarragona, a 215 metros de altitud, junto al río Francolí y dentro del área del Camp de Tarragona. Su densidad ronda los 461 habitantes por kilómetro cuadrado.
A los nacidos aquí se les llama vallencs y vallenques, y han dado al catálogo cultural catalán dos cosas que se reconocen al instante en cualquier parte: la calçotada y las colles castelleres.
El mercado de 1210 y unas ordenanzas de las más antiguas de Cataluña
La zona estuvo habitada desde la prehistoria —lo atestigua el yacimiento de Picamoixons—, y en época ibérica y romana con intensidad: el poblado ibérico de El Vilar y el horno ibero-romano de Fontscaldes lo demuestran. Pero la ciudad como tal no nace hasta la primera mitad del siglo XII, una vez derrotados los sarracenos que poblaban Siurana y la sierra de Prades.
Desde entonces, tres fechas explican el despegue:
- 1194: queda documentada la iglesia parroquial de Sant Joan, románica.
- 1210: el rey Pedro el Católico concede el privilegio de mercado semanal.
- 1229: la villa ya tiene sus Ordinacions Municipals, unas de las más antiguas de Cataluña, señal de una estructura económica y social compleja para la época.
La villa medieval giraba en torno a dos polos: la parroquia de Sant Joan y el castillo, propiedad del arzobispo, que desde 1391 fue señor absoluto del municipio, cuando el rey Juan I le vendió la jurisdicción. Fue en ese último tercio del siglo XIV cuando se levantaron las murallas que fijaron los límites de la ciudad antigua.
El año 1410 concentró dos visitas de peso: predicó en la ciudad san Vicente Ferrer y, el 27 de junio, Valls recibió solemnemente al papa Benedicto XIII de Aviñón. Durante los siglos XIV, XV y XVI fue la segunda población del Camp de Tarragona, y de ese empuje salió la nueva iglesia parroquial de Sant Joan, construida entre 1569 y 1583, y la Capella del Roser, que conserva un mosaico de azulejos del siglo XVI sobre la batalla de Lepanto.
Lo que Cuentan los Censos de Valls
Valls tiene una de esas series largas que permiten ver tres siglos de un tirón: 46 recuentos entre 1717 y 2025. Y como ocurre en pocos municipios, el máximo histórico es el dato más reciente: los 25.518 habitantes de 2025 son la cifra más alta de toda la serie.
Pero el camino hasta ahí no fue en línea recta, ni mucho menos. Tiene un siglo entero de retroceso en medio:
- 1717-1787: de 3.116 a 8.155 habitantes. El siglo XVIII multiplica la villa por dos y medio.
- 1857: 13.588, el valor más alto de todo el siglo XIX dentro de la serie.
- 1857-1920: la caída. 13.319 en 1860, 12.625 en 1900, 11.911 en 1910 y el fondo en 1920 con 10.698 habitantes. Son 2.890 vecinos menos en poco más de sesenta años: un 21 % de pérdida.
- 1920-1960: cuarenta años de recuperación lenta, con el bache de la Guerra Civil y la posguerra (10.866 en 1940), hasta volver a 11.886 en 1960. Ni siquiera había recobrado el nivel de 1860.
- 1960-1991: el gran salto. 13.507 en 1965, 15.091 en 1970, 16.710 en 1975, 18.753 en 1981 y 20.124 en 1991. En treinta años el municipio prácticamente duplica su población.
- 2001-2010: de 20.568 a 25.158. Casi 4.600 vecinos nuevos en nueve años.
- 2011-2017: retroceso de 25.016 a 24.112, el único tramo descendente del siglo XXI.
- 2018-2025: recuperación sostenida hasta el récord. El último tramo es especialmente vivo: de 25.047 en 2024 a 25.518 en 2025, un salto de 471 personas en un solo año, el mayor incremento interanual de las dos últimas décadas.
Hay un dato documentado que queda fuera de la serie y conviene mencionar sin confundirlo con ella: en 1842 se atribuye a la villa la cifra de 16.084 habitantes, que la convertía fugazmente en la cuarta ciudad de Cataluña por peso demográfico, detrás de Barcelona, Reus y Tortosa. Si ese recuento era exacto, significaría que Valls tardó más de 130 años en recuperar el nivel de mediados del XIX: los 16.710 habitantes de 1975 serían la primera vez que lo superó.
La filoxera, el golpe que vació Valls durante medio siglo
Esa caída de 1857 a 1920 no es un misterio. Valls era una ciudad de viña y comercio del vino, con una expansión notable en el siglo XVIII. A eso se sumó una industrialización textil fuerte, con repercusión internacional, que arrastró consigo los enfrentamientos lógicos entre patronos y obreros a lo largo de todo el XIX: motines en 1834 y 1845, episodios revolucionarios en 1868 y 1869.
El golpe definitivo fue la filoxera, la plaga que arruinó la viña y provocó el hundimiento económico de la ciudad. La demografía lo refleja con precisión: la curva no se recupera hasta bien entrado el siglo XX.
Aun así, las dos últimas décadas del XIX dejaron una lista de hitos que habla de una ciudad que no se rindió: la fábrica de gas en 1880, la fundación del Banco de Valls en 1881, la llegada del tren Barcelona-Vilanova-Valls en 1883, el nacimiento de la Sociedad Agrícola en 1888 y, en 1897, la construcción del campanario de Sant Joan, el más alto de Cataluña. Antes, en 1850, se había inaugurado el Teatro Principal, uno de los primeros de Cataluña.
Castells, calçots y las Decenals: el calendario que define Valls
Las primeras manifestaciones del hecho casteller tal como se conoce hoy aparecen a finales del siglo XVIII, coincidiendo con la fundación en 1791 de las Festes Decennals de la Mare de Déu de la Candela, de enorme repercusión en la historia de la ciudad. Valls mantiene dos colles castelleres, la Colla Vella y los Joves Xiquets de Valls, y está construyendo el Museu Casteller de Catalunya.
Que la tradición viene de lejos lo confirma una anécdota de 1814: el rey Fernando VII, acogido en la ciudad el 3 de abril de aquel año, vio desde el balcón del Ayuntamiento las habilidades de los castellers y sentenció que aquello era «una magnífica escuela de ladrones». Más de un siglo después, el 19 de abril de 1931 —cinco días después de proclamarse aquí la Segunda República— se levantaron castells para celebrar la apertura de una nueva era.
El otro emblema es gastronómico y de temporada: el calçot, una cebolla dulce y alargada en torno a la cual se celebra la calçotada. Es el plato que ha hecho del nombre de Valls una referencia culinaria en toda Cataluña.
Y el calendario festivo arranca en enero con los Tres Tombs, procedentes de la fiesta de Sant Antoni Abat del 17 de enero. Los de Valls son de los más concurridos de Cataluña, con la mejor colección de carros de trabajo y el recorrido más complejo, por su paso a través del barrio antiguo.
Cicatrices en la piedra: de Lepanto al Arco del Triunfo
La situación estratégica de Valls, en un punto de paso entre Lérida y Tarragona, le costó caro durante siglos. El XVII empezó con crisis continuas agravadas por la guerra contra Francia y luego por la guerra dels Segadors, con tropas invasoras acosando la ciudad una y otra vez. En agosto de 1694 se produjo el llamado alboroto de los pobres, que se extendió hasta Solivella.
En la guerra de Sucesión, el archiduque Carlos concedió en 1709 el título de ciudad a la villa por los servicios prestados a su causa, título que Valls perdió al imponerse Felipe V. Formó parte de la veguería de Tarragona hasta 1716 y después del corregimiento de Tarragona entre 1716 y 1833. De aquella nueva etapa salió una familia local decisiva, los Veciana, que dirigieron el cuerpo de los Mossos d'Esquadra, nacido en la ciudad.
El siglo XIX se abrió con la invasión francesa y la batalla del Pont de Goi, el 25 de febrero de 1809, tras la cual la ciudad fue saqueada. De ese episodio queda un rastro inesperado: el nombre de Valls está inscrito en el Arco del Triunfo de París. Y el siglo XX dejó la última cicatriz: la ciudad, fiel a la República, fue bombardeada los días 6 y 14 de enero de 1938, poco antes de la toma de Tarragona.
Cuándo Ir a Valls
El calendario manda más que el clima en este municipio, porque casi todo lo que distingue a Valls tiene fecha fija:
- Enero: los Tres Tombs, en torno al 17, con el desfile de carros por el barrio antiguo.
- Invierno y principio de primavera: temporada de calçots. Es cuando tiene sentido venir a comer aquí.
- Temporada castellera: conviene consultar el calendario de las colles antes de planificar, porque las grandes actuaciones no son continuas.
- Festes Decennals: se celebran cada diez años desde su fundación en 1791; si el año coincide, es la cita mayor de la ciudad.
Planifica tu Visita a Valls
El casco antiguo es compacto y se recorre a pie: la iglesia romanogótica de Sant Joan, con el campanario más alto de Cataluña, la Capella del Roser y su mosaico de Lepanto, el trazado de las murallas del siglo XIV y el Teatro Principal de 1850. La parada pendiente, para quien venga por los castells, es el Museu Casteller de Catalunya, aún en obras.
- Provincia: Tarragona (Cataluña), capital de la comarca del Alt Camp.
- Población: 25.518 habitantes, máximo histórico de la serie.
- Superficie: 55,3 km².
- Altitud: 215 metros.
- Gentilicio: vallenc, vallenca.
- Código INE: 43161.
- Web municipal: valls.cat, con la agenda cultural y los horarios de los equipamientos.
Un consejo práctico: si el objetivo es la calçotada, hay que venir en temporada fría y reservar. Y si lo es el casco histórico, el mejor punto de partida es el campanario: desde abajo se entiende de golpe por qué esta villa fue durante tres siglos la segunda del Camp de Tarragona.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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