- Viana do Bolo, el corazón del país del Bibey en Ourense
- Un castillo que marca mil años de historia
- Lo que cuentan los censos de Viana do Bolo
- Agricultura ecológica casi sin querer, y ganadería
- Románico, pazos y un museo dentro de la torre
- La androlla y la fiesta más multitudinaria del año
- El entrudio más antiguo de la comarca
- Planifica tu visita a Viana do Bolo
- Otros Pueblos de Ourense
Viana do Bolo, el corazón del país del Bibey en Ourense
Viana do Bolo, también conocida como Viana del Bollo, es un municipio de 2.715 habitantes (INE 2025) situado en el este de la provincia de Ourense, en Galicia. Fue cabeza de su propio partido judicial hasta 1965, cuando pasó a depender del de Trives, y hoy sigue siendo el núcleo de referencia de una comarca conocida como la «Maxia Verde de Galicia»: un territorio a caballo entre Galicia y Castilla y León, de montañas altas y valles profundos recorridos por los ríos Bibey, Camba y Conso, que en muchos tramos forman embalses y cañones.
Un castillo que marca mil años de historia
La historia de Viana do Bolo transcurre a la sombra de un castillo medieval que gozó de fueros y gobierno propios. De aquella fortaleza perdura la Torre da Homenaxe, de base cuadrada y 18 metros de altura, levantada hacia el año 800 para defender el territorio frente a los ataques musulmanes y destruida durante los enfrentamientos posteriores con ellos. En 1180 llegó a Viana Fernando II, que encontró la fortaleza en ruinas, la reedificó y repobló la villa.
A finales del siglo XIV la villa pasó a manos de Pedro Enríquez de Castilla, nieto de Alfonso XI y conde de Trastámara, Lemos, Sarria, Viana y El Bollo, entre otros muchos títulos. A su muerte en 1400 heredó el condado su hijo Fadrique Enríquez de Castilla, que llegó a duque de Arjona, hasta que en 1429 fue apresado por orden de Juan II de Castilla y despojado de todo; murió poco después en el castillo de Peñafiel, sin que se sepa con certeza si por causas naturales o asesinado por orden real. Ya en el reinado de Felipe II, el rey erigió el marquesado de Viana del Bollo a favor de Pedro Pimentel de Velasco. Durante las guerras carlistas del siglo XIX la zona volvió a ser escenario de enfrentamientos militares.
Hasta la reforma de la nomenclatura municipal de 1916 el municipio se llamaba simplemente Viana; desde entonces es Viana del Bollo. El siglo XX trajo consigo la explotación de estaño y wolframio de la mina de Penouta, trabajada entre 1971 y 1986 primero por Hornos de Bilbao y después por Rumasa. Tras cerrar, la mina quedó abandonada y muchos trabajadores tuvieron que emigrar o buscar otra actividad. En 2012 la compañía Strategic Minerals Spain encontró en Penouta tantalio, del que se extrae la tantalita usada para fabricar coltán, muy demandado en la industria electrónica.
Lo que cuentan los censos de Viana do Bolo
Pocos municipios ilustran tan bien el despoblamiento del interior gallego. A finales del siglo XIX, en 1900, Viana do Bolo tenía 8.016 habitantes. El siglo XX empezó con un ligero descenso —7.906 habitantes en 1930— y una recuperación hasta los 8.448 de 1950, techo de toda la serie conocida. A partir de ahí se desató una emigración intensa, sobre todo hacia Brasil, pero también hacia otras ciudades españolas y hacia Alemania y Francia: en 1981 el censo ya marcaba 6.411 habitantes, y en 1991 solo 4.672. La sangría continuó, más lenta, durante los noventa y los primeros años del siglo XXI: 4.398 en 1996, 3.893 en 2001, 3.663 en 2004. La serie moderna, de 2001 a 2025, confirma que el descenso no se ha detenido: de 3.961 habitantes a los 2.715 actuales, una pérdida del 31 % en apenas 24 años, con una densidad que ya en 2004 bajaba de los 14 habitantes por kilómetro cuadrado en un término de 256 km².
Agricultura ecológica casi sin querer, y ganadería
Viana do Bolo es, ante todo, un municipio agrícola y ganadero. La agricultura, limitada por el clima de montaña y el minifundio, se orienta sobre todo al consumo propio, con la excepción de la castaña, que tiene una demanda creciente en el mercado. Es una forma de cultivo muy respetuosa con el paisaje, que mantiene el entorno en un estado casi natural y por eso mismo resulta atractivo para el turismo. En la ganadería predomina el vacuno, seguido del ovino, el caprino y el porcino, con un aprovechamiento fundamentalmente cárnico y una larga tradición en las técnicas de transformación autóctonas. La actividad forestal ha crecido de forma notable a pesar de los incendios de los últimos años, con las coníferas como especies más repobladas. La actividad industrial se concentra en la transformación agraria y en la producción de energía hidroeléctrica en los valles del Bibey, el Camba y el Conso.
Románico, pazos y un museo dentro de la torre
En la Torre del Homenaje, declarada Monumento Histórico-Artístico en 1949, se ubica hoy el Museo Etnográfico de Viana do Bolo, con secciones dedicadas a la arquitectura popular, el hogar y la vida doméstica, las técnicas agrícolas y ganaderas, y la artesanía y los oficios tradicionales. La villa, con su emplazamiento singular sobre un promontorio rodeado por uno de los brazos del embalse de Bao, conserva en torno a su plaza Mayor edificios barrocos con soportales, un frontón semicircular, pináculos, gárgolas y galerías acristaladas, además de una fuente conocida como «el pilón», levantada para conmemorar el alzamiento liberal de 1830 liderado por Antonio Rodríguez Bordás.
La comarca cuenta con numerosas iglesias de origen románico, entre las que destacan las de Bembibre, Grijoá y San Cipriano, además de la iglesia del Padre Eterno, santuario neoclásico del siglo XVII donde se celebra cada día de la Trinidad una popular romería. En arquitectura civil sobresalen los pazos, con el Pazo de Humoso —del siglo XVIII, con su patio interior representativo de la cultura paciega orensana—, el Pazo de Fradelo, el Pazo de Punjeiro y el Pazo de Grijoá, este último escenario de una novela de Eduardo Blanco Amor.
La androlla y la fiesta más multitudinaria del año
Los días 13 y 28 de cada mes se celebran en la villa ferias tradicionales donde los vecinos venden ganado y productos agrícolas, aprovechando para degustar pulpo a la gallega. El producto gastronómico más característico es la androlla, un embutido de costilla de cerdo adobada y curada al humo de las lareiras tradicionales, que se diferencia del botillo del Bierzo en que este se rellena de huesos y carne de cabeza de cerdo, mientras que la androlla usa costilla troceada y la tripa gorda en lugar del estómago. El «Domingo Gordo» del Entrudio acoge la Fiesta de la Androlla, una comida multitudinaria en el pabellón polideportivo que reúne a unos 3.000 comensales con caldo, cachelos con grelos, lacón, chorizo y androlla, cordero asado y la bica de Viana de postre.
El entrudio más antiguo de la comarca
El Entrudio o carnaval de Viana do Bolo tiene fama de ser el más antiguo y con más tradición de la zona. Sus preparativos arrancan al terminar el día de Reyes, y durante las semanas siguientes los vecinos recorren los pueblos de la comarca tocando el «fulión». Llegado el «Xoves de Compadres», las mujeres persiguen a los hombres para colgarle una prenda robada al «Lardeiro», un muñeco relleno de paja y petardos; al día siguiente los hombres responden llenando de harina a las mujeres. La revancha llega el jueves siguiente con el «Xoves de Comadres» y su muñeca «Lardeira». El «Domingo Gordo» es el gran día: desfilan los Boteiros con sus trajes de seda artesanales, la Mula guiada por un maragato, los Fulións con sus bombos y los carros alegóricos, mientras el concejo reparte entre los visitantes el tradicional pincho de androlla. Desde 2015, Viana do Bolo acoge además la Mascarada Ibérica, un festival que ha llegado a reunir más de 40 mascaradas de invierno llegadas de España, Portugal e Italia con cerca de 700 participantes, la mayor concentración de mascaradas de toda la península ibérica.
Planifica tu visita a Viana do Bolo
Se llega por la carretera OU-533, que enlaza La Rúa con La Gudiña, a 115 kilómetros de la ciudad de Ourense. Entre las fiestas patronales de las distintas parroquias destacan las de la Asunción, del 13 al 17 de agosto, la romería del Padre Eterno en mayo y la de San Antón el 14 de junio. Quien busque naturaleza encontrará en sus montes castaños centenarios, robles y abedules donde habitan el búho real, el águila real, el lobo ibérico y la nutria, además de rutas de senderismo, cicloturismo, piragüismo y pesca en un territorio que conserva, como pocos en España, un grado casi virgen de conservación.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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