A menos de diez kilómetros de Logroño, el Camino de Santiago trepa por la ladera sur de un cerro llamado Tedeón y entra en Navarrete, la villa riojana que durante siglos ha sido parada obligada de peregrinos y, a la vez, el único centro alfarero que sigue en pie en toda La Rioja. Declarada conjunto histórico-artístico, conserva un trazado medieval de calles porticadas, una muralla a medio desvanecer y una tradición ceramista que se remonta, como mínimo, al siglo XVI.
- Navarrete: la Villa Alfarera que Vigila el Camino de Santiago
- Lo que Cuentan los Censos de Navarrete
- Geografía de Navarrete, entre el Iregua y el Cerro Tedeón
- Historia: de los Corcuetos a la Villa Fortificada
- Patrimonio de Navarrete: Muralla, Iglesia y Ruinas Jacobeas
- La Alfarería y la Economía de Navarrete
- Fiestas y Tradiciones de Navarrete
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El núcleo urbano de Navarrete se asienta sobre el cerro Tedeón, a 512 metros de altitud, en un cruce de carreteras que ha sido decisivo en toda su historia: por aquí pasaban ya la vía romana entre Tarraco y Asturica Augusta y, siglos después, la ruta jacobea que todavía trae caminantes cada día. El término municipal, de 28,49 km², limita con Cenicero, Fuenmayor, Logroño, Lardero, Entrena, Medrano, Hornos de Moncalvillo, Sotés y Huércanos, un mosaico de pueblos pequeños típico de la Rioja Media.
La serie del INE para Navarrete arranca en 2001, con 2.165 habitantes, y no ha dejado de crecer desde entonces, algo poco frecuente entre los pueblos de esta lista. En 2025 la cifra oficial es de 3.061 navarretanos, el dato más alto de toda la serie. El crecimiento no ha sido parejo: hubo un salto fuerte entre 2001 y 2010, cuando la población pasó de poco más de dos mil a casi 2.900 habitantes, y después una fase de meseta entre 2015 y 2020, con cifras clavadas en torno a 2.930-2.950. Desde 2021 la curva ha vuelto a subir, año a año, hasta los 3.061 actuales. Conviene no confundir este máximo de la serie con el máximo histórico del pueblo: el propio Instituto Nacional de Estadística solo certifica datos desde el siglo XXI, y Navarrete tiene documentación municipal desde 1195.
El relieve de Navarrete es, en general, suave: terrazas que descienden desde el sur del término hacia el valle, sobre terrenos arcillosos y margosos que se elevan hacia el oeste en la Dehesa la Verde, la única zona boscosa y elevada en varios kilómetros a la redonda, con cotas entre 600 y 800 metros y 290 hectáreas de superficie. Por el término corre el río Antiguo, afluente menor que nace de las aguas del Iregua y que durante generaciones movió varios molinos harineros.
El accidente geográfico más singular, sin embargo, es artificial: el pantano de Valbornedo, inaugurado en 1930 tras catorce años de obras, con una capacidad de 430.000 metros cúbicos. Riega cerca de 800 hectáreas de cultivo entre Navarrete y Fuenmayor y está catalogado como humedal de interés ecológico, aunque con amenazas señaladas por las fluctuaciones de su nivel y la presencia de peces exóticos. Por el término pasan además la AP-68 (Bilbao-Zaragoza) y la A-12, lo que ha trasladado buena parte de la actividad industrial del pueblo a las zonas bajas, lejos del casco antiguo.
Historia: de los Corcuetos a la Villa Fortificada
Antes de que existiera Navarrete como tal, la zona estaba poblada por varias aldeas pequeñas conocidas como los Corcuetos: San Llorente, San Antolín, San Pedro y Nuestra Señora del Prado. El rey castellano Alfonso VIII convocó a sus habitantes a fundar un único núcleo defensivo en torno al cerro Tedeón, y en 1195 le otorgó el fuero que marca jurídicamente el nacimiento de la villa, con el objetivo de consolidar el dominio castellano sobre La Rioja frente al reino de Navarra. De ahí, según una de las teorías, el propio nombre del pueblo, que procedería del euskera y significaría "el portillo de los navarros".
El fuero trajo privilegios sobre pastos y leñas compartidos con los pueblos vecinos, agrupados en la mancomunidad de las Villas del Campo, documentada desde el siglo XI. La ruta jacobea impulsó el crecimiento durante el siglo XII, pero también llegó la inestabilidad: epidemias y pleitos dinásticos obligaron a levantar un castillo en el Tedeón y una muralla con siete puertas. En el siglo XIV la villa dejó de depender de la corona: Enrique II de Trastámara la donó a Juan Ramírez de Arellano, y en 1380 pasó a Diego Gómez Manrique de Lara, padre del primer duque de Nájera. En 1367 tuvo lugar junto a Navarrete un enfrentamiento recordado en los libros de historia como la batalla de Nájera, episodio de la guerra civil castellana entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastámara.
Del castillo que dio origen a la villa no queda ya ningún resto visible, pero sí un mirador en lo alto del Tedeón desde el que se divisan los pueblos vecinos. De la muralla medieval, construida probablemente en el siglo XIV sobre una estructura anterior, sobreviven tramos en las calles la Cruz, en la plaza Donantes de Sangre y en la Abadía, además de restos de una puerta en la plaza del Arco. Sobre ella se levantaron después los llamados Certijos y Cocinos, dos tipos de pasadizo urbano propios de Navarrete: calles porticadas y de trazado curvo, parcialmente cubiertas, que se adosan a lo que queda del lienzo amurallado.
La iglesia de Santa María de la Asunción, construida entre 1553 y el siglo XVII, tiene tres naves y un retablo barroco de gran tamaño. Camino de Nájera, a la salida del pueblo, se conservan las ruinas del hospital medieval de San Juan de Acre, fundado hacia 1185 para asistir a los peregrinos; su portada románica, desmontada cuando el edificio fue derribado en el siglo XIX, se reaprovechó como acceso principal del cementerio municipal, situado también sobre el propio Camino de Santiago. El conjunto urbano de Navarrete fue declarado bien de interés cultural en marzo de 1970, y la ruta jacobea a su paso por el pueblo lo fue en 1978, un año antes de que la Unesco reconociera el Camino Francés como Patrimonio de la Humanidad.
Navarrete es, a día de hoy, el único centro alfarero activo de La Rioja y uno de los que más peso tuvo en el norte de España. El oficio despegó a mediados del siglo XIX, justo cuando decaían otros alfares cercanos, y se nutría de la arcilla extraída del propio cerro Tedeón y de los parajes de Campastro, en la Dehesa la Verde. La pieza más reconocible es el cántaro navarretano, más ancho que alto, con un asa y un vidriado característico en la parte superior, que las mujeres del pueblo usaban para transportar agua sobre la cabeza antes de que llegara el agua corriente a las casas. Desde 2009, la feria N.A.CE. (Navarrete, Alfarería y Cerámica) reúne cada julio a ceramistas de toda España y de países como Italia, Japón o Irán, y se ha convertido en la mayor cita del sector en el norte peninsular.
Junto a la cerámica, la otra gran pata económica es el vino: Navarrete pertenece a la subzona de Rioja Alta y alberga bodegas de peso como Corral/Don Jacobo, Navajas, Montecillo o Bretón Criadores, además de un viñedo que ocupa más de mil hectáreas del término. El polígono industrial de Lentiscares, al norte de la A-12, concentra hoy buena parte de la actividad fabril, separada ya del núcleo residencial. Según los datos más recientes del padrón de actividad, los servicios ocupan a cerca de dos de cada tres trabajadores del municipio, con la industria manufacturera como segunda rama en importancia, muy por delante de la construcción y de la agricultura.
Las fiestas patronales se celebran entre el 14 y el 19 de agosto, en honor a la Virgen de la Asunción y a San Roque. El 29 de septiembre, coincidiendo con San Miguel, Navarrete rinde homenaje a su patrona, la Virgen del Sagrario, con una fiesta de acción de gracias. En julio, la festividad de las Santitas (Santa Justa y Santa Rufina, patronas de los alfareros) sirve de percha para la feria N.A.CE., de modo que el oficio alfarero y el calendario festivo del pueblo van de la mano. Y cada segundo fin de semana de febrero se celebra la fiesta de los Kintos, protagonizada por los jóvenes que cumplen 19 años, que recorren el pueblo con la "farola", una estructura de madera decorada que antiguamente servía para iluminar sus vueltas nocturnas por las calles antes de que estas tuvieran luz eléctrica.
Navarrete se visita bien en una mañana larga, pero conviene llegar con tiempo si se quiere recorrer el Camino de Santiago a pie desde Logroño, apenas 11 kilómetros de etapa. Lo esencial del casco histórico se concentra en la calle Mayor Alta y Baja, con sus fachadas de los siglos XVI al XVIII, y en el entorno de la plaza Mayor, donde la fuente de 1884 y la escultura dedicada a la mujer navarretana recuerdan el papel del cántaro de barro en la vida cotidiana del pueblo. Quien llegue en julio puede combinar la visita con la feria N.A.CE., y quien prefiera el silencio del invierno encontrará el mirador del antiguo castillo, en lo alto del Tedeón, igual de abierto todo el año.
- Cómo llegar: por la AP-68 o la A-12 desde Logroño, a menos de 15 minutos en coche; también por la LO-20 y la N-232.
- Qué no perderse: la iglesia de la Asunción, las ruinas del hospital de San Juan de Acre, los Certijos y Cocinos del casco histórico, y algún taller de alfarería en activo.
- Datos del municipio: código INE 26105, gentilicio navarretano, web municipal navarrete.es.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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