Ibros es un municipio de la provincia de Jaén, en Andalucía, integrado en la comarca de La Loma. Según los últimos datos del INE, cuenta con 2.773 habitantes repartidos en un término de 55,74 kilómetros cuadrados, a una altitud oficial de 595 metros sobre el nivel del mar. Limita con Baeza, localidad con la que mantiene una relación histórica muy estrecha, y también con Lupión, Rus, Canena y Linares, situándose a unos 50 kilómetros de la capital provincial.
Geografía
El término de Ibros queda atravesado por la autovía A-32 y por la carretera nacional N-322, además de por varias vías locales que lo conectan con Canena, Baeza, Lupión y Linares. Esta buena red de comunicaciones ha sido históricamente clave para un municipio pequeño que depende de los núcleos vecinos para buena parte de sus servicios y de su actividad laboral. El paisaje predominante es el de una campiña cubierta de olivares que desciende suavemente hasta el río Guadalimar, cauce que marca el límite natural con los municipios de Linares y Vilches. En la zona norte del término se encuentra parte del embalse del Giribaile, formado por las aguas represadas del propio Guadalimar, un espacio que en los últimos años ha ganado protagonismo como zona de ocio y de pesca para los vecinos de toda la comarca. El relieve es notablemente variado para un municipio de este tamaño: la cota más alta se alcanza en el cerro Mesías, al sureste, mientras que el punto más bajo se sitúa junto al cauce del río, generando un contraste entre la zona alta, más agreste, y la vega fértil que acompaña al Guadalimar.
Historia
El origen del nombre de Ibros se remonta, según varios autores, a la antigua Ibes o Ibris de los oretanos, pueblo prerromano que habría tomado su denominación de un legendario rey íbero asentado en el lugar. De esa etapa ibérica procede la célebre muralla ciclópea que todavía puede verse en el casco urbano, levantada entre el siglo I antes de Cristo y el siglo I después de Cristo. Los numerosos restos arqueológicos localizados en el término confirman además una intensa presencia romana, con villas rústicas como las del Cortijo del Álamo, el paraje del Horcajo o el Corral del Manchego, donde se descubrió incluso una pequeña necrópolis.
De la etapa islámica se conservan dos inscripciones halladas en la localidad: una lápida funeraria fechada en el año 1025, que estuvo empotrada en la propia muralla ciclópea y hoy se custodia en el Museo Arqueológico Nacional, y otra posterior, del siglo XII, depositada en el Museo Provincial de Jaén. Los cristianos tomaron la plaza en 1157, aunque volvió a manos musulmanas hasta su conquista definitiva por Fernando III el Santo. Un privilegio de Felipe IV, del siglo XVII, señala que de las antiguas defensas solo quedaban ya la muralla, su cerca y dos torres descubiertas, lo que sugiere que el sistema defensivo original estuvo formado por un pequeño castillo junto a esa cerca amurallada.
Tras la conquista castellana, Ibros quedó dividido durante siglos en dos jurisdicciones bien diferenciadas: Ibros del Rey, de realengo, e Ibros del Señorío, perteneciente al duque de Santisteban. La diferencia no era solo administrativa, sino también económica, ya que los vecinos del señorío soportaban impuestos mucho más altos; de hecho, en 1561 el núcleo de realengo reunía 297 vecinos frente a apenas 31 en el de señorío. Esa doble naturaleza quedó grabada en el urbanismo del pueblo, que conserva dos zonas claramente yuxtapuestas: Ibros del Rey, en torno a la iglesia parroquial y el ayuntamiento, con calles empedradas y casas nobles de sillares, e Ibros del Señorío, un barrio más popular y pintoresco que refleja el origen humilde de sus antiguos habitantes.
Patrimonio
El elemento patrimonial más singular de Ibros es precisamente esa muralla ciclópea de origen ibero-romano, declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931. Junto a ella destaca la iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, construida en estilo manierista y considerada uno de los edificios religiosos más notables de la comarca de La Loma.
Economía
La actividad económica de Ibros gira en buena medida alrededor del olivar, que ocupa prácticamente la totalidad del territorio municipal y ha dado lugar a una industria oleícola local consolidada, con almazaras que transforman la cosecha de buena parte de los agricultores de la zona. El municipio conserva también un amplio espacio dedicado a las huertas que desciende hacia el Guadalimar, un entorno que destaca dentro de la provincia por su aportación a la diversidad biológica y a la producción de alimentos de cercanía, con hortalizas y frutales que abastecen tanto el consumo local como los mercados de las localidades próximas. Junto al olivar y la huerta conviven otras actividades de raíz artesanal, como la carpintería, el trabajo del cuero, la transformación metálica y la industria textil, oficios que en otro tiempo dieron empleo a un número mucho mayor de vecinos. La cercanía de Ibros a Linares, Úbeda y Baeza resulta determinante para su mercado laboral actual, ya que buena parte de la población joven encuentra empleo en esas ciudades, sobre todo en construcción, servicios e industria, lo que explica también el goteo migratorio hacia esos núcleos mayores que ha marcado las últimas décadas.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Ibros se abre el 17 de enero con la festividad de San Antón, cuando se encienden luminarias en barrios y plazas alrededor de las cuales los vecinos cantan, bailan y comparten una velada popular. Apenas tres días después, el 20 de enero, llega el Santobastián: los ibreños se agrupan por cuadrillas de edad para almorzar en el campo —con las rosquillas de pan como protagonistas— y regresan al pueblo por la noche para reunirse de nuevo junto a las luminarias, donde es típica la elaboración de gachas.
Entre el 2 y el 5 de mayo se celebra la feria y fiestas en honor de la Virgen de los Remedios, patrona del municipio. La tradición local cuenta que su imagen fue hallada oculta en una campana, en una finca de Baeza conocida desde entonces como la Huerta de la Virgen; en tres ocasiones se intentó trasladarla a esa localidad, pero siempre regresó a Ibros, donde permanece. El 15 de mayo se honra a San Isidro Labrador, y entre el 17 y el 25 de ese mismo mes se celebran las fiestas de San Pascual Bailón, nueve jornadas en las que las calles se adornan con altares de flores en honor al santo franciscano, patrón de la devoción eucarística. El 13 de junio es el turno de San Antonio, copatrón junto a la Virgen de los Remedios, festividad en la que, tras la procesión, es costumbre degustar la "paloma", una bebida refrescante elaborada con agua, azúcar, aguardiente y limón. Cierra el calendario festivo la Fiesta del Emigrante, el primer domingo de agosto, pensada para los ibreños que regresan al pueblo durante sus vacaciones.
Demografía
La serie de población disponible, que arranca en 2001, sitúa el mayor dato registrado en 2006, con 3.186 habitantes. Desde entonces el municipio ha ido perdiendo población de forma paulatina hasta los 2.773 habitantes actuales, lo que supone una caída de aproximadamente el 13 por ciento respecto a esa cifra. El descenso ha sido constante pero moderado año a año, sin sobresaltos bruscos, un patrón habitual en buena parte de los municipios rurales del interior de Jaén.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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