Calañas, Huelva

Calañas. Pueblos de Huelva

📝 Contenido:
  1. Calañas: el Pueblo Onubense que Vivió de sus Minas
  2. Lo que Cuentan los Censos de Calañas
  3. El Andévalo y su Paisaje Natural
  4. La Fiebre Minera que Transformó Calañas
  5. De la Crisis Minera al Siglo XXI
  6. El Patrimonio que Dejó la Minería
  7. Cómo Llegar a Calañas
  8. Planifica tu Visita a Calañas
  9. Otros Pueblos de Huelva

Calañas: el Pueblo Onubense que Vivió de sus Minas

En el corazón del Andévalo, a 64 kilómetros de Huelva capital, Calañas guarda en su paisaje y en sus archivos la huella de más de un siglo de actividad minera. Pocos municipios de la provincia han visto una transformación tan radical como la suya: de aldea agrícola a gran núcleo industrial en apenas unas décadas, y después, con el cierre de las minas, un lento reajuste hacia una economía más tranquila que todavía se está escribiendo. Hoy, con menos de tres mil habitantes, el municipio conserva en sus alrededores restos arqueológicos que se remontan hasta la época romana, prueba de que la riqueza mineral de esta tierra se viene explotando desde hace casi dos mil años.

Lo que Cuentan los Censos de Calañas

La serie de población de Calañas es de las más expresivas de la comarca. En 2001 el municipio contaba con 4.646 habitantes, el valor más alto de toda la serie, y desde entonces no ha dejado de perder vecinos hasta los 2.749 de 2025: una caída del 41 % en apenas 24 años. El descenso fue gradual y constante hasta 2018 —de 4.646 a 4.077—, pero entre 2018 y 2019 se produjo un salto brusco: el municipio perdió 1.286 vecinos de golpe, un 31,5 % de su población en un solo año. No se trató de un éxodo repentino: en 2018, las antiguas poblaciones mineras de La Zarza y El Perrunal, que hasta entonces formaban parte del término de Calañas, se segregaron para constituir el municipio de La Zarza-Perrunal, lo que explica de un plumazo el escalón que se ve en la serie y reduce de forma considerable la extensión territorial que había tenido Calañas hasta entonces.

El Andévalo y su Paisaje Natural

El término municipal de Calañas se extiende por la comarca del Andévalo, a una altitud de 291 metros, e incluye varias pedanías nacidas precisamente para la explotación minera, como Sotiel Coronada y Torerera. Casi dos tercios de la superficie están ocupados por masa forestal, con predominio de eucaliptos (Eucalyptus globulus y Eucalyptus camaldulensis) y repoblaciones de pino piñonero, junto a encinares, alcornocales y monte bajo de jara, romero, brezo y tomillo, un paisaje muy característico de todo el Andévalo onubense. La fauna incluye poblaciones importantes de liebres, conejos, perdices, tejones, jabalíes, ciervos y gato montés, además de aves migratorias como la paloma torcaz y el zorzal, que encuentran refugio en esta combinación de bosque y monte bajo. El clima es mediterráneo subhúmedo de influencia atlántica, con inviernos frescos y veranos cálidos, precipitaciones abundantes en otoño e invierno, y una temperatura media anual de 17,7 °C que hace de la zona un territorio agradable buena parte del año.

La Fiebre Minera que Transformó Calañas

La minería marcó la vida de Calañas desde la Antigüedad, pero fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando el municipio vivió su gran transformación. A partir de 1853, tras la visita del ingeniero francés Ernest Deligny a la comarca, se pusieron en marcha numerosos yacimientos: Calañesa, Sotiel Coronada, La Torerera, La Zarza y Perrunal, estos dos últimos integrados en la cuenca minera de Tharsis-La Zarza. Empresas de capital extranjero como la Tharsis Sulphur and Copper Company Limited o la Sociedad Francesa de Piritas de Huelva explotaron estos yacimientos con instalaciones de todo tipo: malacates, cargaderos, embalses y canales de cementación. La necesidad de mano de obra atrajo inmigración desde municipios cercanos, y la población de Calañas llegó a alcanzar los 12.707 habitantes en 1910, una cifra que da la medida real de lo que significó aquel auge para un municipio que hoy no llega a los tres mil vecinos. En 1886 llegó el ferrocarril con la línea Zafra-Huelva, y dos años después Tharsis abrió un ramal propio para sacar el mineral hasta la ría de Huelva.

De la Crisis Minera al Siglo XXI

A partir de la década de 1960 la minería entró en declive y las explotaciones se fueron cerrando, lo que provocó una crisis demográfica por la falta de perspectivas laborales y obligó a Calañas a mirar de nuevo hacia el sector agrícola, volviendo a ganar peso como alternativa económica frente a la actividad minera que entraba en declive. El nuevo siglo trajo cierto optimismo: en 2015 la empresa Matsa reactivó la explotación de Sotiel Coronada, devolviendo actividad a uno de los yacimientos históricos del municipio, aunque tres años después, en 2018, llegaría la segregación de La Zarza-Perrunal que redujo de forma notable el territorio y la población oficial del municipio, cerrando así un ciclo de más de siglo y medio en el que estas poblaciones mineras habían formado parte de Calañas.

El Patrimonio que Dejó la Minería

El casco de Calañas conserva edificios como la Casa Consistorial, del siglo XIX, y el Mercado de Abastos, de estilo regionalista y construido ya en el siglo XX. El pasado minero, mucho más antiguo de lo que pudiera parecer, se deja ver en restos como el Castillo El Morante, de gran valor arqueológico, las Minas de Aguas Agrias y la Mina Calañesa, con fundiciones de época romana, y la Mina de Sotiel, donde se conservan restos de fundición de plata también romana: tres yacimientos que demuestran que la explotación minera de este territorio no empezó con las empresas británicas y francesas del siglo XIX, sino muchos siglos antes, en tiempos del Imperio romano. En el apartado religioso destacan la Ermita de los Santos Mártires, del siglo XVII, situada a las afueras del núcleo urbano, la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, construida progresivamente entre los siglos XVI y XIX y que funciona como iglesia parroquial, la Ermita de Nuestra Señora de la Coronada en Sotiel Coronada, templo católico de época moderna, y el cementerio municipal, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX.

Cómo Llegar a Calañas

El término municipal conserva varias paradas de la línea férrea convencional que une Zafra con Huelva, un recordatorio más de la importancia que tuvo el ferrocarril en la explotación minera de la zona. La más importante es la estación de Calañas, con servicios de Media Distancia que enlazan con la capital onubense, Jabugo-Galaroza, Zafra o Madrid-Atocha, además de dos apeaderos, Los Milanos y El Cobujón, dentro del propio término, que en su día sirvieron también para dar salida al mineral extraído en las minas cercanas.

Planifica tu Visita a Calañas

Quien se acerque a Calañas encontrará un municipio que combina patrimonio minero de más de dos mil años, desde las fundiciones romanas hasta las instalaciones industriales del siglo XIX, con un entorno natural de bosques y monte bajo propio del Andévalo, ideal para quienes disfrutan de rutas por dehesas y masas forestales. La mejor época para visitarlo es el otoño o la primavera, cuando las temperaturas del clima subhúmedo atlántico son más suaves y permiten recorrer con comodidad tanto el casco urbano como los restos mineros de los alrededores. Con sus 2.749 habitantes y una superficie de 283 kilómetros cuadrados, Calañas sigue siendo, pese a la pérdida de población y de territorio de las últimas décadas, una referencia histórica de la minería onubense, bien conectada por carretera y por tren con Huelva capital y con el resto de la provincia.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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