- Sant Feliu de Guíxols: tres siglos de censos en la bahía de la Costa Brava
- Lo que Cuentan los Censos de Sant Feliu de Guíxols
- El Corcho que Hizo la Ciudad y la Crisis que la Vació
- El Monasterio, la Porta Ferrada y Mil Años de Obras
- Desde Sant Elm se Bautizó la Costa Brava
- El Paseo Marítimo de 1833 y las Casas de los Industriales
- La Vía Verde del Carrilet: el Tren que Ya No Está
- Planifica tu Visita a Sant Feliu de Guíxols
- Otros Pueblos de Girona
Sant Feliu de Guíxols: tres siglos de censos en la bahía de la Costa Brava
Sant Feliu de Guíxols tiene una ventaja que muy pocos municipios españoles pueden ofrecer: se le puede seguir la pista desde 1717. En aquel recuento, esta ciudad del Baix Empordà contaba 1.592 habitantes. Hoy figura con 23.141, y entre esas dos cifras hay tres siglos que incluyen un auge industrial del corcho, un derrumbe demográfico de proporciones brutales y una reinvención turística completa. El casco se enclava en la bahía de Sant Feliu, entre los cerros de Sant Elm y de Forques, a solo 4 metros sobre el nivel del mar, rodeado de colinas con bosques de pino, encina y alcornoque.
Lo que Cuentan los Censos de Sant Feliu de Guíxols
La serie de Sant Feliu de Guíxols reúne 47 registros repartidos entre 1717 y 2025, lo que la convierte en una de las más largas que se pueden consultar. Y lo que cuenta es una montaña rusa con tres actos bien diferenciados.
Acto primero: el crecimiento del corcho. De los 1.592 habitantes de 1717 se pasa a 5.090 en 1787, a 6.515 en 1857 y a 9.219 en 1887. El techo de esa fase llega en 1900, con 11.333 habitantes. En menos de doscientos años la población se había multiplicado por siete, al ritmo de la industria corchera del Baix Empordà.
Acto segundo: el derrumbe. Aquí está el dato que define la historia moderna del municipio. Desde los 11.333 habitantes de 1900, la curva se desploma:
- 1910: 11.327. Estancamiento.
- 1920: 10.013. Se pierden más de mil trescientos vecinos en una década.
- 1930: 9.082.
- 1940: 7.583. La caída más dura del siglo.
- 1945: 7.575 habitantes, el suelo absoluto del periodo contemporáneo.
Entre 1900 y 1945, Sant Feliu de Guíxols perdió 3.758 habitantes: un 33 % de su población. Un tercio de la ciudad desapareció del padrón en cuarenta y cinco años. La causa principal no fue ningún desastre natural, sino económica: la crisis del corcho de los años treinta acabó con la actividad dominante del municipio, y la guerra civil y la posguerra hicieron el resto. El dato de 1936 (9.147) y el de 1940 (7.583) encierran entre ellos una diferencia de 1.564 personas en apenas cuatro años.
Acto tercero: la recuperación turística. El giro empieza en 1950, con 8.306 habitantes, y se consolida en las décadas siguientes: 9.883 en 1955, 10.307 en 1960, 11.227 en 1965. Fíjate en esa última cifra: es prácticamente la misma que la de 1900. Hicieron falta sesenta y cinco años para volver al punto de partida, y setenta para superarlo con holgura, cuando en 1970 el censo marca 12.508.
Desde entonces la subida es continua: 15.485 en 1981, 16.088 en 1991, 18.677 en 2001 y 23.141 en 2025, que es el máximo histórico absoluto de los tres siglos documentados. Eso sí, con un paréntesis largo que merece mención: entre 2009 y 2019 el municipio se quedó clavado, oscilando entre los 21.977 habitantes de 2009 y los 21.925 de 2019, con un punto bajo de 21.586 en 2015. Once años para no ganar ni un vecino neto. El despegue reciente es cosa de los tres últimos ejercicios: de 22.149 en 2022 a 23.141 en 2025, casi mil habitantes en tres años.
Conviene recordar que los datos anteriores a 1991 proceden de censos, no de padrones anuales, de modo que los saltos de diez años no deben leerse como variaciones de un ejercicio.
El Corcho que Hizo la Ciudad y la Crisis que la Vació
Nada explica mejor la serie anterior que el corcho. Sant Feliu de Guíxols fue uno de los centros más importantes de la industria corchera del Baix Empordà, y esa actividad fue la dominante de la economía local hasta la crisis de la década de 1930. Cuando se hundió, se hundió todo: por eso el censo pierde un tercio de sus habitantes en el mismo tramo de años.
La reconversión llegó a partir de los años cincuenta, de la mano del turismo, que en esta ciudad tiene desde el principio un marcado carácter familiar. Hoy es la actividad principal sin discusión, aunque el municipio mantiene todavía actividad en el sector del corcho, un detalle que lo distingue de otros destinos de la Costa Brava que borraron por completo su pasado industrial. A ello se suma una oferta de servicios amplia —comercios, bares, restaurantes— y el recuerdo de equipamientos que ya no están: en la ciudad llegó a existir incluso una plaza de toros.
El Monasterio, la Porta Ferrada y Mil Años de Obras
El conjunto patrimonial de referencia es el monasterio de Sant Feliu de Guíxols, documentado desde 968 y remodelado tantas veces a lo largo de los siglos que hoy es, literalmente, un catálogo de estilos superpuestos. Recorrerlo en orden cronológico es recorrer mil años de arquitectura:
- Porta Ferrada: los restos de un edificio que se cree fue el palacio de un abad. Es el elemento más singular y el que ha dado imagen al monumento.
- Monasterio románico, del siglo X.
- Torre de Fum, de los siglos X-XII.
- Iglesia gótica, de los siglos XIV-XV.
- Sacristía, de los siglos XVI-XVII.
- Arco de San Benito, del siglo XVIII.
La casa consistorial es otro superviviente notable. Se construyó en 1547, con formas sobrias y un gótico muy tardío, en un momento en que en toda Europa se construía ya con cánones renacentistas. Ha resistido las destrucciones bélicas y, lo que a veces es más difícil, la especulación inmobiliaria.
Desde Sant Elm se Bautizó la Costa Brava
En el cerro de Sant Elm hay una capilla de 1723, levantada sobre los restos del antiguo castillo de defensa, y desde ella se abre una panorámica de toda la costa. Ese mirador tiene un papel en la historia del turismo español mayor de lo que aparenta: se cree que fue allí donde el periodista Ferran Agulló tuvo la idea de bautizar esta costa como «Costa Brava». El nombre con el que se vende hoy medio litoral gerundense nació, según esa versión, mirando desde este punto.
La ermita ha sido también escenario de otros episodios: en ella se celebró una misa por el difunto barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza. Carmen Cervera, que posee un chalé en el municipio desde hace décadas, ha contribuido a la notoriedad de la localidad y ha impulsado la creación de un museo en el monasterio.
El otro hito natural del término está compartido con el municipio vecino de Santa Cristina d'Aro: Pedralta, que es la piedra basculante más grande de Europa. Dos miradores y una roca que se mueve: la excursión está servida.
El Paseo Marítimo de 1833 y las Casas de los Industriales
El paseo marítimo se abrió en 1833 entre la antigua ciudad medieval y la playa, y su historia resume el cambio social del municipio. Aquel gran espacio urbano, organizado con hileras de plataneros, se fue llenando de casas señoriales que sustituyeron a las viejas viviendas medievales de los pescadores. El resultado es un paseo eminentemente burgués, considerado uno de los más amplios y señoriales del Mediterráneo, y su esencia sigue intacta.
La burguesía del corcho dejó una nómina de casas con fecha y nombre:
- Casa Patxot, en el número 40 del paseo del Mar. La levantó entre 1917 y 1920 el arquitecto Albert Juan i Torner para el industrial Rafael Patxot, y es la casa señorial conservada más relevante y lujosa de la ciudad. Durante años albergó el observatorio astronómico del propio Patxot; hoy es sede de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación.
- Casino La Constància, conocido como casino dels nois: un inmueble modernista de inspiración mozárabe construido en 1888 por el arquitecto General Guitart.
- Y la lista de casas de los industriales, cada una con su año: Gaziel (1880), Sibils (1892), Pecher (1894), Maynegre (1898), Ribot y Sala (ambas de 1904), Maruny (1909), Girbau (1910), de la Campana (1911) y Albertí, de finales del siglo XIX.
Visto en conjunto, ese listado es el mapa del dinero del corcho entre 1880 y 1920, justo antes de que el censo empezara a caer.
La Vía Verde del Carrilet: el Tren que Ya No Está
Hasta 1969, Sant Feliu de Guíxols tuvo conexión ferroviaria con Girona mediante un ferrocarril de vía estrecha de 75 centímetros construido en 1892, que atravesaba la planicie selvatana del Gironès y el Valle de Aro. El viaje duraba casi dos horas para cubrir una distancia que hoy se hace en coche en poco más de media. Cuando se cerró, la traza no se perdió: se convirtió en la Vía Verde del Carrilet, una ruta ciclable de 39,7 kilómetros entre Sant Feliu y Girona. Es probablemente el mejor modo de llegar o salir del municipio sin coche.
El resto de las conexiones, para quien venga de fuera:
- Carretera: el acceso principal es la C-65, que enlaza con la autovía C-31 y de ahí con la autopista del Mediterráneo. Hay dos salidas, Sant Feliu Norte y Sur. La C-253 comunica con S'Agaró, Platja d'Aro y Palamós, y la GI-682, con Tossa de Mar.
- Tren: la estación más cercana es Caldes de Malavella, a 20 km, con regionales y media distancia. La de AVE más próxima es Girona, a 34 km.
- Avión: Girona-Costa Brava a 31 km y Barcelona-El Prat a 119 km. Hay autobuses interurbanos hasta El Prat y Girona.
- Puerto: el puerto deportivo contaba con 790 amarres en 2016, más una dársena pesquera para diecisiete embarcaciones.
Planifica tu Visita a Sant Feliu de Guíxols
- Provincia: Girona, comarca del Baix Empordà, Cataluña. Costa Brava centro.
- Población: 23.141 habitantes (2025), máximo histórico de una serie que empieza en 1717.
- Superficie: 16,23 km². Altitud: 4 metros sobre el nivel del mar.
- Código INE: 17160.
- Entre: Castell d'Aro y Santa Cristina d'Aro. El término se organiza en ocho núcleos o entidades de población.
- Clima: mediterráneo, con temperaturas suaves durante todo el año.
- Nombre oficial: el único con vigencia legal es Sant Feliu de Guíxols; en castellano se ha escrito también San Feliú de Guíxols o San Félix de Guijoles.
- Web municipal: guixols.cat.
Un día bien aprovechado aquí tiene cuatro paradas: el monasterio con la Porta Ferrada, el paseo marítimo de 1833 con la Casa Patxot, la subida a la ermita de Sant Elm para entender por qué a esta costa la llamaron brava, y Pedralta, para empujar sin éxito la mayor piedra basculante de Europa. Si sobra tiempo y hay bicicleta, los primeros kilómetros de la Vía Verde del Carrilet.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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