Breda, Girona

Breda. Pueblos de Girona

Breda es un municipio de la comarca de La Selva, en la provincia de Girona, situado en la subcomarca del Baix Montseny, entre los macizos del Montseny y el Montnegre. Con 3.969 habitantes y una superficie de apenas 5 kilómetros cuadrados, es uno de los pueblos con mayor densidad de población de la comarca. Sus vecinos se llaman bredencs. Breda es conocida sobre todo por dos motivos muy distintos: una tradición alfarera de siglos, con cazuelas y vasijas de barro que se exportaron a media Europa, y por haber sido el escenario de la popular serie de Televisió de Catalunya "Ventdelplà", rodada aquí entre 2004 y 2006, hasta el punto de que muchos siguen llamando al pueblo por el nombre ficticio de la ficción.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Historia
  3. Patrimonio
  4. Economía
  5. Fiestas
  6. Cuándo Ir
  7. Planifica tu Visita
  8. Otros Pueblos de Girona

Geografía

El núcleo urbano de Breda se asienta en la llamada Plana de Breda, una pequeña llanura encajada entre dos cursos de agua: la riera de Breda, que discurre al oeste, y la riera del Repiaix, al este. El municipio se eleva a 169 metros sobre el nivel del mar y limita al este con Sant Feliu de Buixalleu y al oeste con Riells i Viabrea, dos términos con los que comparte el paisaje de transición entre la sierra prelitoral y la depresión de La Selva. La posición de Breda, resguardada por el Montseny al sur y el Montnegre al sureste, le da un clima suave y un entorno boscoso que contrasta con la actividad industrial y alfarera del casco urbano. Las rieras, de caudal modesto pero histórico en la vida del pueblo, han marcado tanto el trazado de las calles como los episodios de riadas que de vez en cuando han afectado al municipio.

Historia

El origen de Breda como núcleo habitado está ligado al monasterio benedictino de Sant Salvador, fundado en 1038 por Guerau I de Cabrera, vizconde de Cabrera, sobre un asentamiento que ya aparece documentado en el año 878 como una de las menciones escritas más antiguas de la comarca. Alrededor del monasterio creció la villa, que durante siglos vivió a la sombra de la vida monástica: los monjes gobernaban buena parte de la economía local y dejaron, al desaparecer la vida conventual tras la desamortización del siglo XIX, el oficio de la alfarería como herencia cultural directa. La villa vivió episodios convulsos como la batalla de 1640 contra las tropas de Felipe IV durante la guerra dels Segadors, o su alineamiento con el archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión de principios del siglo XVIII. En el XIX, la exclaustración de 1835 dejó el monasterio despoblado y sus edificios sufrieron un deterioro notable, agravado por intentos de destrucción en 1822 que el alcalde de entonces, de apellido Rigurric, consiguió frenar. El siglo XX trajo nuevas pérdidas patrimoniales durante la Guerra Civil española, cuando la iglesia llegó a usarse como almacén y el campanario sufrió daños que se repararían décadas después. Ya en democracia, el nucli antic fue declarado conjunto histórico-artístico en 1974, el mismo año en que abrió sus puertas el Museo Municipal Josep Aragay, dedicado al pintor y ceramista nacido en Barcelona en 1889 y fallecido en Breda en 1973, una de las figuras que más contribuyó a dar prestigio artístico al oficio tradicional del barro.

Patrimonio

El conjunto monástico de Sant Salvador de Breda es, con diferencia, el elemento patrimonial más importante del municipio. De la primitiva fábrica románica se conserva el campanario, mientras que la iglesia actual, de estilo gótico, data del siglo XIV y sorprende por sus dimensiones: 33 metros de largo por 12,5 de ancho, una escala que durante generaciones hizo que se conociera a Breda como "la Catedral de La Selva". La construcción más antigua del conjunto podría remontarse a un templo prerrománico anterior, hoy identificado con la iglesia de Santa María, que tras las sucesivas transformaciones del recinto pasó a convertirse en la sede del actual Ayuntamiento. Junto al monasterio se levanta también la ermita de Santa Anna, de menor tamaño pero igualmente ligada a la devoción local. El Museo Municipal Josep Aragay, instalado en el casco histórico, recoge obra del pintor y la memoria de la tradición cerámica de la villa, mientras que las calles del nucli antic, protegido desde 1974, conservan la trama medieval que creció alrededor de la abadía. A estos elementos se suma un patrimonio festivo singular: los Gegants de Breda, las figuras gigantes que participan en los actos populares del municipio, y que forman parte del imaginario colectivo del pueblo tanto como sus edificios religiosos.

Economía

La economía de Breda ha estado tradicionalmente marcada por la alfarería. Desde la Edad Moderna, con el gremio de ollers constituido formalmente en 1777, el pueblo se especializó en la fabricación de cazuelas, ollas y vasijas de cocina, un oficio que llegó a reunir a 144 artesanos censados durante el siglo XVIII y que convirtió a Breda en uno de los focos cerámicos con mayor producción de toda España, por delante de otros centros alfareros tradicionales. En 1987 esta actividad fue reconocida oficialmente como de interés artesanal. Durante el siglo XX, una cooperativa de ceramistas creada en los años setenta llegó a exportar piezas a países como Francia, Países Bajos o Dinamarca, además de abastecer de pasta cerámica a buena parte del mercado español. Aunque la competencia de otros núcleos alfareros y la industrialización reducen hoy el peso de los antiguos obradores, la cerámica sigue siendo una seña de identidad y una actividad viva en el municipio. A ella se suman la agricultura y la ganadería, de menor peso que en el pasado, y una industria local centrada en el sector metalúrgico y maderero, que ha ido ocupando el espacio económico que antes llenaban por completo los talleres de barro.

Fiestas

La fiesta mayor de Breda se celebra el 8 de septiembre, fecha que reúne a buena parte del calendario festivo del municipio con actos populares, música y la participación de los Gegants de Breda, las gigantes figuras que recorren las calles en los días grandes. Desde 1977 el pueblo acoge el Aplec de la Sardana, un encuentro dedicado a esta danza tradicional catalana que atrae a aficionados de toda la comarca. Otra cita destacada es el correfoc, que se celebra desde 1988 y que fue organizado originalmente por una colla de jóvenes del pueblo conocida primero como Rauxa y después como U9-7Kou, entidad que sigue activa en la organización de actos culturales y festivos. En 1993 Breda acogió además la primera Fira d'Entitats que se celebró en toda Cataluña con estas características, durante la llamada Festa de l'Ajust, lo que da una idea del dinamismo asociativo del municipio a pesar de su reducido tamaño.

Cuándo Ir

La fecha más recomendable para visitar Breda es a comienzos de septiembre, coincidiendo con la fiesta mayor del día 8, cuando el pueblo se llena de actividad y pueden verse los Gegants en la calle. Quienes prefieran un ambiente más tranquilo y centrado en el patrimonio y la tradición alfarera pueden visitar el municipio en cualquier época del año, ya que el Museo Josep Aragay y el conjunto monástico se pueden recorrer sin las aglomeraciones propias de los días festivos. La primavera y el otoño ofrecen además un entorno natural especialmente agradable, con el Montseny y el Montnegre cercanos para quienes quieran completar la visita con una ruta de senderismo por los alrededores de las rieras de Breda y el Repiaix.

Planifica tu Visita

Breda se encuentra bien conectada por carretera y ferrocarril dentro de la comarca de La Selva, a poca distancia de los principales ejes que unen Girona con el área de Barcelona, lo que facilita una visita de un día combinada con otros municipios cercanos como Riells i Viabrea o Sant Feliu de Buixalleu. En el pueblo merece la pena empezar el recorrido por el conjunto del antiguo monasterio de Sant Salvador, con su iglesia gótica y el campanario románico, para continuar hacia la plaza donde se ubica el Ayuntamiento, instalado en la antigua iglesia de Santa María. El Museo Municipal Josep Aragay es una parada obligada para entender tanto la figura del pintor como la historia de la alfarería local, y conviene reservar tiempo para pasear por el nucli antic protegido, con sus calles de trazado medieval. Para los aficionados a la cerámica, todavía pueden encontrarse en el pueblo talleres y comercios que mantienen viva esta tradición artesanal centenaria. Quienes dispongan de más tiempo pueden aprovechar la cercanía del Montseny para combinar la visita cultural con una escapada de naturaleza en uno de los parques naturales más valorados de Cataluña.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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