Introducción
Alquerías del Niño Perdido, oficialmente les Alqueries, es un municipio de la provincia de Castellón, en la comarca de la Plana Baixa, situado a solo 12 kilómetros de la capital provincial y a menos de tres kilómetros del mar. Según el INE 2025 tiene 4.605 habitantes sobre un término diminuto de apenas 12,6 km², lo que lo convierte en uno de los municipios más densamente poblados de su tamaño en la provincia. Es, además, uno de los ayuntamientos más jóvenes de la Comunidad Valenciana: no existió como municipio independiente hasta el 25 de junio de 1985, cuando la Generalitat puso fin a una larga disputa con la vecina Vila-real. Su nombre, tan particular, no viene de ningún suceso infantil sino de una imagen mariana traída en el siglo XVII desde la localidad de Caudiel, y su identidad se ha forjado precisamente en torno a esa historia de segregación, a sus huertos de naranjos y a una arquitectura modernista que sorprende en un pueblo tan pequeño.
Geografía
El municipio se extiende en la parte más llana de la Plana Baixa, rodeado de campos de naranjos, con una altitud que apenas oscila entre los 16 y los 43 metros y el núcleo urbano asentado a 21 metros sobre el nivel del mar. Limita con Vila-real, Borriana y Nules, y aunque el mar Mediterráneo queda a menos de tres kilómetros —visible, según cuentan sus vecinos, desde las azoteas de muchas casas—, el paisaje hacia el interior está dominado por las siluetas de la sierra de Espadán y el Penyagolosa. El término está atravesado por la autopista del Mediterráneo (AP-7) y por la carretera nacional N-340, y cuenta con parada de cercanías en la estación de Burriana-Alquerías del Niño Perdido, en la línea Valencia-Castellón. El clima es mediterráneo, con una pluviometría media de unos 450 litros por metro cuadrado al año concentrados sobre todo en octubre, veranos calurosos y bochornosos cuando sopla el poniente, e inviernos frescos con heladas ocasionales que periódicamente han dañado las cosechas de naranja, como la de 1946, que arruinó buena parte de la producción local, o la célebre helada de origen siberiano de 1984, que hizo bajar los termómetros hasta los diez grados bajo cero y arruinó la fruta y la verdura de toda la comarca.
Historia
El origen de Alquerías se remonta a tres pequeñas alquerías musulmanas de la zona —Bellaguarda, Bonastre y Bonretorn—, cuyo nombre árabe, al-qaríah, significa precisamente "poblado pequeño". Tras la conquista cristiana de Jaime I y la fundación del Reino de Valencia, estas alquerías quedaron integradas en el recién creado término de Vila-real. La expulsión de los moriscos en 1609 vació estas tierras de su antigua población musulmana, que fue sustituida progresivamente por campesinos cristianos llegados de localidades vecinas como Artana, Betxí, Nules y la propia Vila-real, además de colonos procedentes del Maestrat. El punto de unión de estos núcleos dispersos llegó en 1683, cuando los frailes agustinos de Caudiel dejaron en el oratorio de Bonretorn una imagen de Nuestra Señora del Niño Perdido, patrona de su localidad de origen, que con el tiempo dio nombre a todo el conjunto de alquerías y forjó su identidad común. Pese a ese origen diferenciado, Alquerías permaneció dentro del término de Vila-real durante siglos, y no fue hasta 1929 cuando sus vecinos iniciaron las primeras gestiones para segregarse como municipio propio, intentos que fracasaron en 1953, 1954 y 1978 por la firme oposición de Vila-real, que temía perder hasta un 30 por ciento de su término. Solo tras un informe favorable del Consejo de Estado en 1980 y, finalmente, una sentencia del Tribunal Supremo de 1984 que estimó el recurso de los alquerienses, la Generalitat Valenciana creó por decreto el nuevo municipio el 25 de junio de 1985, dejando sin embargo la disputada partida del Pla Redó en manos de Vila-real.
Patrimonio
El patrimonio de Alquerías refleja tanto su pasado agrícola como el impulso urbanístico que vivió a comienzos del siglo XX: la Casa Safont, de estilo modernista, es hoy la sede del Ayuntamiento, y el hotel Torre la Mina conserva un conjunto arquitectónico restaurado de ese mismo periodo. En la plaza de les Pedres se exhiben restos de un molino de época romana, testimonio de la ocupación mucho más antigua de este territorio. La iglesia de Nuestra Señora del Niño Perdido, construida entre 1952 y 1954 con la colaboración desinteresada de los propios vecinos del pueblo —que acudían a ayudar en la obra al terminar su jornada laboral— sustituyó a la antigua iglesia vieja del Replà, levantada en 1854 y incendiada durante la Guerra Civil. El edificio conocido como "La Palmera", antigua escuela construida en 1933 durante la Segunda República, ha sido rehabilitado como Casal Jove. Pero el monumento más simbólico del pueblo es, sin duda, el monolito erigido en recuerdo de la segregación de 1985, que resume en una sola pieza la razón de ser de todo el municipio.
Economía
La economía de Alquerías ha estado tradicionalmente ligada al cultivo del naranjo, que según el último censo agrario ocupa prácticamente la totalidad —más del 99 por ciento— de la superficie agrícola útil del municipio, y a la industria de manipulación y transformación de cítricos derivada de ese cultivo. La helada de 1946 supuso un golpe durísimo para esta economía casi monocultivista, destruyendo las cosechas de naranja que constituían el principal motor del pueblo; fue la labor del joven cura Mosén Joan Miralles, recién llegado a la localidad, la que ayudó a reequilibrar y reactivar la economía local en los años siguientes. Con el paso de las décadas, buena parte de los habitantes de Alquerías ha encontrado también empleo en sectores industriales de las poblaciones vecinas, especialmente en la cerámica, industria clave de toda la comarca de la Plana. Hoy el sector servicios y el comercio ocupan a una parte creciente de la población activa, en un municipio que desde su segregación en 1985 ha vivido una notable expansión urbanística y una mejora constante de sus infraestructuras.
Fiestas
El calendario festivo de Alquerías arranca en enero con la fiesta de Sant Antoni, y en junio llega la Festa de la Segregació, que conmemora el reconocimiento del municipio con exhibiciones, competiciones deportivas, la tradicional "correguda de la traca" de fuegos artificiales y una competición de colombicultura con palomas mensajeras, toda una seña de identidad de la fiesta más propia del pueblo. En julio se celebra Sant Jaume, y en octubre llegan las Festes Patronals en honor a la Virgen del Niño Perdido, con ofrenda de flores, misa, procesión y festejos populares que incluyen los tradicionales "bous per la vila" y "bous embolats". El año festivo se cierra el 8 de diciembre con la fiesta de la Puríssima, que incluye misa y la procesión conocida como "dels Farolets".
Cuándo Ir
Octubre es, para muchos vecinos, el mes grande de Alquerías gracias a las Festes Patronals en honor a su Virgen del Niño Perdido, con procesión, ofrenda de flores y festejos taurinos populares en las calles del pueblo. Junio, con la Festa de la Segregació, ofrece una experiencia más local e identitaria, ideal para entender por qué este pequeño municipio se independizó de Vila-real. La primavera y el otoño, con temperaturas moderadas, son también la mejor época para pasear entre los naranjales en flor o en plena recolección, mientras que el verano, caluroso y bochornoso cuando sopla el poniente, resulta más propicio para aprovechar la cercanía del mar que para recorrer el pueblo a pie.
Planifica tu Visita
Alquerías del Niño Perdido está a solo 12 kilómetros de Castellón de la Plana y a poco más de 60 de Valencia, con acceso directo por la AP-7 y la N-340, además de parada de cercanías en la estación de Burriana-Alquerías, lo que lo convierte en una escapada de medio día muy sencilla desde cualquiera de las dos capitales. Una visita a pie permite recorrer en poco tiempo la Casa Safont modernista, la plaza de les Pedres con sus restos de molino romano, la iglesia de Nuestra Señora del Niño Perdido y el monolito de la segregación, símbolo de la identidad local. El hotel Torre la Mina, por su valor arquitectónico, merece también una parada fotográfica. La cercanía del mar —a menos de tres kilómetros— permite combinar la visita con un baño en las playas de Burriana o Nules, mientras que hacia el interior se puede completar la jornada con una excursión a la sierra de Espadán, claramente visible desde el propio pueblo. Conviene reservar fechas con antelación si la visita coincide con las Festes Patronals de octubre o con la Festa de la Segregació de junio, cuando el pueblo concentra su mayor actividad festiva del año.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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