Campillo de Llerena cuenta con 1.321 habitantes (padrón de 2025) y ocupa 234,0 kilómetros cuadrados de la provincia de Badajoz, con una densidad de 5,6 habitantes por kilómetro cuadrado.
El casco urbano se sitúa a 502 metros de altitud.
Lo que Cuentan los Censos de Campillo de Llerena
El registro disponible empieza en 2001 con 1.734 habitantes. Ese sigue siendo su máximo registrado.
Hoy son 1.321, un 24 % menos que en aquel momento de máxima población.
La tendencia reciente sigue a la baja: de 1.325 habitantes en 2022 a 1.321 en 2025.
Datos de Campillo de Llerena de un Vistazo
- Provincia: Badajoz
- Población: 1.321 habitantes (padrón de 2025)
- Superficie: 234,0 km²
- Altitud: 502 metros
- Coordenadas: 38,5007 N, 5,8324 O
- Gentilicio: campillejo
- Código INE: 06029
- Ayuntamiento: www.campillodellerena.es
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata, serie desde 2001.
Campillo de Llerena
Un lugar con alma
Campillo de Llerena es uno de esos pueblos que revelan su esencia poco a poco, como un libro antiguo que se abre con calma, dejando que sus páginas desprendan historia, luz y autenticidad. Situado en la comarca de La Campiña Sur de Extremadura, entre suaves colinas, dehesas vivas y un cielo inmenso que domina el horizonte, este municipio posee una personalidad serena y profundamente rural. Aquí, la vida transcurre al ritmo del campo, de la agricultura, del sol que marca los días y de las estaciones que transforman el paisaje con la misma naturalidad con la que cambian las costumbres.
Sus calles limpias, su caserío blanco y su amplitud silenciosa regalan al viajero un ambiente luminoso y cercano. Campillo de Llerena no es un pueblo que busque imponerse, sino que invita: invita a caminar despacio, a observar, a escuchar. Su gente, hospitalaria y arraigada, conserva una forma de vida sencilla y auténtica, donde la memoria de generaciones enteras sigue latiendo en cada casa, en cada conversación a pie de calle, en cada gesto cotidiano.
El pueblo se alza sobre una llanura fértil, donde el cereal, la vid, el olivo y las dehesas conviven con armonía. Desde cualquier punto se divisan campos amplios que se pierden en el horizonte, dando al visitante la sensación de respirar un espacio abierto, libre, lleno de calma. Campillo de Llerena es un lugar donde la tierra habla, donde el viento trae el olor de la hierba seca en verano y el aroma fresco de la lluvia en otoño.
Es un pueblo con alma porque su esencia está hecha de raíces, de trabajo, de convivencia y de una belleza humilde pero profunda. Un rincón donde la serenidad todavía es posible, donde cada paso parece conectado a la historia y donde la vida se siente verdadera.
Patrimonio que perdura
El patrimonio de Campillo de Llerena es un reflejo de su identidad rural, de su historia ligada a la tierra y de la tradición que ha acompañado a sus habitantes desde siglos atrás. El edificio más emblemático del municipio es la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, un templo robusto, de origen medieval, que ha sido ampliado y restaurado con el paso del tiempo. Su torre, visible desde distintos puntos del pueblo, actúa como faro espiritual y como símbolo de la continuidad de la historia local.
En su interior destacan retablos, imágenes de devoción profunda y elementos artísticos que narran el paso de generaciones. El templo, sobrio pero lleno de fuerza, concentra buena parte de la vida religiosa y social de Campillo de Llerena.
En el casco urbano también se conservan casas tradicionales extremeñas, con paredes encaladas, puertas de madera oscura y patios interiores que guardan el frescor durante los meses de verano. Las calles rectas, amplias y bien ordenadas reflejan una estructura característica de los pueblos agrícolas, diseñada para facilitar la circulación de carros, animales y herramientas de trabajo.
Los lavaderos antiguos, memoria viva del pasado, recuerdan la importancia de los puntos de agua para la vida comunitaria. Allí se compartían historias, risas, preocupaciones y el rumor constante del agua marcaba el ritmo del trabajo diario.
Otro elemento importante del patrimonio campillano son las fuentes históricas, muchas de ellas restauradas, que formaron parte esencial de la vida agrícola y ganadera de la zona. También se encuentran antiguos pozos, abrevaderos, restos de molinos y muros de piedra que revelan la estrecha relación entre el pueblo y el campo.
En los alrededores del municipio, dispersos entre tierras de labor y dehesas, aparecen vestigios de casas de labor, corrales ganaderos y construcciones agrícolas que forman parte del patrimonio etnográfico local. Son huellas silenciosas que hablan de un pasado trabajador, de una vida vinculada al esfuerzo y al respeto por la tierra.
Campillo de Llerena es un lugar donde el patrimonio no está encerrado en museos: vive en sus calles, en sus casas, en su gente y en la memoria colectiva que se transmite de generación en generación.
Naturaleza en estado puro
El entorno natural de Campillo de Llerena es amplio, luminoso y profundamente extremeño. El municipio se encuentra rodeado de paisajes que cambian con cada estación, mostrando una diversidad que sorprende por su belleza sencilla y sincera.
En primavera, los campos se visten de verde intenso y el aire se llena de aromas florales. Las llanuras se cubren de amapolas, margaritas, jaras y cantuesos, creando un tapiz de colores que se mueve suavemente con el viento. Es una época perfecta para recorrer los caminos rurales que salen del pueblo hacia los campos de cereal, los olivares y las dehesas.
El verano, característico de Extremadura, trae días luminosos y noches tibias. La tierra se torna dorada, los cultivos alcanzan su madurez y los amaneceres se convierten en momentos mágicos donde la luz rosada se extiende sobre las llanuras. Las noches despejadas permiten observar un cielo estrellado de una claridad extraordinaria, ideal para quienes disfrutan de la astronomía.
En otoño, el paisaje adquiere tonos ocres y marrones. La tierra respira tras las primeras lluvias y el aire se impregna del olor húmedo que anuncia un nuevo ciclo agrícola. Es una estación perfecta para el senderismo, la fotografía y para descubrir rincones donde la calma del campo se vuelve absoluta.
El invierno, aunque frío, regala una luz nítida y un paisaje sereno. Los campos descansan, los horizontes se vuelven más sobrios y el ambiente invita a paseos tranquilos por los caminos que bordean el pueblo.
La fauna del entorno es variada y abundante. Entre los campos es posible observar:
• liebres, conejos y perdices,
• bandadas de cigüeñas, tan características en la zona,
• aves esteparias como la avutarda y el sisón,
• rapaces como el cernícalo, el buitre leonado o el milano real,
• además de especies acuáticas que aparecen en charcas y zonas húmedas tras las lluvias.
Campillo de Llerena es un destino ideal para quienes desean conectar con la naturaleza en estado puro, respirar aire limpio y disfrutar de la belleza silenciosa y extensa de la llanura extremeña.
Costumbres que viven
Las tradiciones de Campillo de Llerena representan el corazón del pueblo. Son costumbres que no se han perdido, que se viven con intensidad y que forman parte de la identidad emocional de sus habitantes.
Una de las celebraciones más importantes es la dedicada a Santiago Apóstol, patrón del municipio. Durante estos días, el pueblo se llena de actividades culturales, actos religiosos, música, encuentros familiares y un ambiente festivo que transforma las calles en un espacio de convivencia y alegría.
La Semana Santa, vivida con gran devoción, recorre las calles del casco urbano con pasos solemnes que avanzan entre el silencio y la emoción de los vecinos. Las hermandades locales mantienen viva una tradición que une generaciones y que forma parte esencial del alma espiritual del municipio.
Las fiestas de San Isidro, muy ligadas al campo, representan una celebración donde se mezcla la devoción con la naturaleza. Carrozas adornadas, caballos, trajes típicos y una romería llena de color acompañan una jornada que los vecinos esperan cada año con ilusión.
Las fiestas de verano, llenas de música, competiciones deportivas, verbenas, actividades infantiles y noches al aire libre, llenan el pueblo de un ambiente fresco y alegre donde la convivencia es protagonista.
También se mantiene viva la matanza tradicional, una de las costumbres más arraigadas en Extremadura. Familias y amigos se reúnen para compartir trabajo, comida y tradición en un día que une generaciones y que conserva técnicas y sabores ancestrales.
La identidad rural se refleja, además, en las labores agrícolas que aún forman parte esencial de la vida del pueblo: la siembra, la cosecha, la recogida de aceitunas, el cuidado del ganado y los trabajos del campo siguen marcando el ritmo de muchas familias.
Campillo de Llerena es un pueblo donde las costumbres no se cuentan: se viven. Donde la tradición es un puente entre pasado y presente, entre memoria y futuro.
Sabores con historia
La gastronomía de Campillo de Llerena es un homenaje al campo, a la tradición y a los productos de la tierra. En sus platos se refleja la esencia de la cocina extremeña: sencilla, intensa, honesta y profundamente ligada al entorno.
Entre los platos más representativos destacan:
• Migas extremeñas, elaboradas con pan, ajo, panceta y pimientos, un clásico que reúne a familias en invierno.
• Caldereta de cordero, tierna y aromática, protagonista en celebraciones y reuniones.
• Guisos de caza menor, como perdiz o conejo, con sabores fuertes y naturales.
• Sopas de tomate, sencillas pero llenas de personalidad.
• Gazpacho extremeño, perfecto para los días calurosos.
• Platos de cerdo ibérico, como presa, secreto, pluma o solomillo, además de embutidos caseros.
Los productos de la matanza —chorizo, morcilla, lomo, jamón— forman parte fundamental de la cocina local. También destacan quesos artesanales, panes caseros y aceite de oliva que realzan cualquier receta.
En el terreno dulce, Campillo conserva recetas tradicionales como:
• perrunillas,
• pestiños,
• roscos fritos,
• flores,
• y dulces caseros elaborados durante celebraciones religiosas y fiestas familiares.
La gastronomía campillana es una cocina que conecta, que reconforta y que transmite la esencia de la vida rural extremeña.
Un destino que deja huella
Campillo de Llerena es un refugio de calma, luz y autenticidad. Un pueblo donde la vida se vive sin prisa, donde la naturaleza acompaña cada paso y donde la tradición sigue siendo el hilo que une a la comunidad. Aquí, el visitante encuentra un paisaje que abraza, una gente que acoge y una historia que, aunque silenciosa, se siente profundamente.
Quien llega a Campillo de Llerena descubre un lugar que permanece en la memoria:
por su serenidad,
por su horizonte inmenso,
por la verdad de su gente
y por la belleza sencilla que envuelve cada rincón.
Campillo de Llerena es un destino que deja huella,
un rincón auténtico de Extremadura
donde siempre apetece volver.
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