La Vilavella: el Pueblo con Aguas Termales Romanas Rodeado por Completo de Nules
La Vilavella —Villavieja en castellano— es un municipio de la provincia de Castellón, en la comarca de la Plana Baixa, situado al pie de un contrafuerte de la sierra de Espadán, a unos siete kilómetros de la costa. Tiene una particularidad geográfica poco común en la Comunidad Valenciana: su término municipal está rodeado por completo por el de Nules, sin límite con ningún otro municipio, un enclave que se explica por una historia compartida entre ambas localidades que se remonta a la Edad Media.
Historia
El origen de La Vilavella es romano: los romanos la llamaron Noulas, y de hecho ya entonces se conocían las propiedades de sus aguas termales. La actual población, sin embargo, tiene su carta de naturaleza en la ocupación musulmana, cuando se levantó un castillo para aglutinar a la población dispersa del territorio. Ese castillo se rindió al rey Jaime I en la primavera de 1238, y en 1251 el monarca donó la baronía —que incluía, además de Villavieja, las alquerías de Aigües Vives, Mascarell, la Pobla o Benicató, entre otras— a Guillem de Montcada. A comienzos del siglo XIII se fundó junto al antiguo castillo la Puebla Nueva de Nules, germen de la actual ciudad de Nules, mientras que el núcleo original siguió conociéndose como Vilavella de Nules.
Extinguido el señorío de los Montcada, el feudo pasó en 1314 a Gilabert de Centelles. La población morisca permaneció en Villavieja hasta su expulsión en 1609: el censo de Caracena registra que, en el momento de la expulsión, el núcleo contaba con 70 "focs" o familias. Dos años más tarde, en 1611, Cristóbal de Centelles, marqués de Nules, repobló la Villa Vieja con 29 cabezas de familia venidas de fuera. Desde entonces y hasta 1715 la población creció despacio, con 310 habitantes documentados ese año, y siguió aumentando de forma sostenida hasta 1990; solo en las últimas décadas ha entrado en un descenso achacado al envejecimiento de sus vecinos.
Demografía
La Vilavella tiene 3.054 habitantes (INE 2025). La serie del INE confirma ese giro reciente: la población rondaba los 3.360-3.400 habitantes durante toda la primera década de los 2000, tocó el mayor dato de la serie en 2008 con 3.418 habitantes, y desde entonces ha ido descendiendo de forma ininterrumpida hasta los 3.054 actuales, un 11 % menos que en aquel máximo, uno de los descensos más acusados entre los municipios de este tamaño en la Plana Baixa.
El perfil educativo del municipio es, sin embargo, notablemente alto para su entorno: un 25,8 % de los mayores de 15 años tiene estudios superiores, muy por encima de otros pueblos de tamaño similar, con una tasa de paro contenida del 4,5 %. El 56,6 % de los mayores de 16 años forma parte de la población activa, y entre los ocupados predominan los servicios (65,4 %) y la industria (16,9 %), con la agricultura ya reducida al 11,5 %.
Patrimonio
El monumento civil más antiguo es el Castillo de la Vilavella, construido por los árabes en el siglo X y conquistado por Jaime I en 1238. Hoy en estado ruinoso, conserva una cisterna de época árabe y un pavimento de azulejos de Manises del siglo XV en la antigua capilla de San Jaime. La iglesia parroquial, dedicada a la Sagrada Familia, es de estilo corintio y se concluyó en 1756; fue destruida durante la Guerra Civil en 1936 y reconstruida en 1956, de manera que del templo original solo se conservan los muros. La ermita de San Sebastián, por su parte, también fue destruida —en este caso durante la invasión francesa— y la que hoy se visita data de 1935; muy cerca se encuentra una gruta dedicada a Nuestra Señora de Lourdes, réplica de la gruta francesa del mismo nombre.
El elemento más singular del municipio son sus aguas termales, conocidas y aprovechadas ya en época romana. En el Jardín de la Glorieta brota la Fuente Calda, un manantial que mana a 27 °C en el mismo punto donde se ubica la fuente, y junto a él se halla el edificio del Cervelló, sede del Museo de Historia de la Villa —con fondos de la prehistoria, la época romana, la musulmana y las guerras napoleónica y civil— y un antiguo lavadero público. El balneario del municipio, construido en el siglo XIX, es heredero de un auge termal mucho mayor: a comienzos de aquel siglo la localidad llegó a contar con once establecimientos balnearios, de los que hoy solo sobrevive uno, fruto de la agrupación de varios de ellos tras la posguerra, y sigue atrayendo sobre todo a personas de edad avanzada que buscan tratamiento para sus dolencias.
Economía
La base económica de La Vilavella sigue siendo, ante todo, agrícola: el Censo Agrario certifica que el 99,3 % de la superficie agrícola útil del municipio —135 de 136 hectáreas, repartidas en 91 explotaciones— está dedicada al cultivo de árboles, es decir, prácticamente en su totalidad a los cítricos. Existe en la localidad una cooperativa citrícola y un almacén de cítricos que dan trabajo a buena parte del pueblo durante la campaña de recolección de la naranja. A esa agricultura se suma un porcentaje alto de población que trabaja en la cerámica, en los polígonos industriales de Nules, Villarreal o la Vall d'Uixó, además del propio balneario, que funciona buena parte del año y constituye una fuente de turismo de salud poco habitual en pueblos de su tamaño.
Vida Política Reciente
La Vilavella vivió en 2019 un episodio político que dio que hablar en la comarca. Tras las elecciones municipales de mayo de ese año, el PP y la agrupación local Independents per la Vilavella habían pactado dar la alcaldía a Carmen Navarro, pero la ausencia del candidato del PP el día de la votación frustró el pacto, y fue Manel Martínez, del PSPV-PSOE, quien se hizo con la alcaldía. Poco después se filtró una conversación de Martínez con una concejala del PP en la que le ofrecía su voto a cambio de trabajo y un sueldo, lo que forzó su dimisión; en el pleno siguiente, con la reaparición del concejal del PP ausente la primera vez, resultó finalmente elegida Carmen Navarro, que ya había sido alcaldesa entre 2015 y 2017 con el apoyo del PSPV.
Fiestas y Gastronomía
El calendario festivo arranca el 20 de enero con San Sebastián, que combina una conocida feria con una romería a la ermita del santo. De finales de julio a comienzos de septiembre se concentran las fiestas de los Santos de la Piedra, San Roque y San Joaquín, muy populares en toda la comarca, en las que los distintos barrios del pueblo mantienen una viva competencia por ofrecer los mejores espectáculos de bous al carrer con ganaderías de primera categoría. El año festivo se cierra en septiembre con la Fiesta de la Villa, con verbenas, toros y celebraciones religiosas. En la mesa, el plato de referencia es la Olla de la Plana, elaborada con cardos, nabos, alubias, chirivías, carne de cordero, hueso de cerdo y morcilla, mientras que en enero se preparan los característicos pasteles de San Sebastián, rellenos de confitura de boniato.
Cuándo Ir
La mejor época para visitar La Vilavella depende de lo que se busque: quien quiera vivir sus tradiciones más genuinas debería acercarse entre finales de julio y principios de septiembre, cuando se concentran las fiestas de los Santos de la Piedra y los bous al carrer entre barrios, mientras que quien prefiera una visita tranquila puede combinar el balneario y la Fuente Calda con el Museo del Cervelló y las ruinas del castillo árabe en cualquier época del año, dada su cercanía tanto a la costa como a Castellón de la Plana.
- Población: 3.054 habitantes (INE 2025)
- Superficie: 6 km²
- Altitud: 38 metros
- Código INE: 12136
- Provincia: Castellón
- Gentilicio: vilavellera
- Web municipal: lavilavella.com
Entre el castillo árabe en ruinas, la huella romana de sus aguas termales y un casco urbano rodeado por completo por el vecino Nules, La Vilavella condensa en apenas seis kilómetros cuadrados una historia mucho más rica de lo que su tamaño haría pensar.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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