Lodosa es una villa de la Ribera de Navarra, en la merindad de Estella, con 4.964 habitantes y 45,34 km² de término a orillas del Ebro. Su nombre va asociado en toda España a un producto muy concreto, el pimiento del piquillo, pero su historia esconde mucho más: un puente que durante siglos fue paso obligado entre Castilla y Navarra, un acueducto de origen discutido que algunos atribuyen a los romanos, y una fila de álamos con una forma tan peculiar que todavía delata el paso de la artillería carlista por sus calles.
Geografía
Situada en la subcomarca de la Ribera Estellesa, a 68 kilómetros de Pamplona, Lodosa limita al norte y al oeste con Sesma, al este con Sartaguda y Cárcar, y al sur, ya en La Rioja, con Pradejón y Ausejo y con Alcanadre. El casco urbano se extiende de este a oeste entre una peña rocosa y el curso del Ebro, una posición que explica tanto su valor estratégico histórico como la riqueza de su vega, dedicada desde siempre al cultivo de huerta.
Historia
El yacimiento de El Viso certifica presencia humana en este término ya en la Edad del Hierro, pero la historia documentada de Lodosa arranca con su papel de frontera: hacia el año 610 la zona vivió el paso de las tropas visigodas de Gundemaro, y entre los siglos IX y X quedó bajo dominio de los Banu Qasi, la dinastía hispanovisigoda convertida al islam que controló el valle del Ebro durante los llamados "años oscuros" en los que nace el Reino de Navarra. Fue el rey Sancho Garcés I quien, a comienzos del siglo X, incorporó Lodosa junto a otras plazas del Ebro al reino pamplonés. Como lugar de frontera con Castilla, la villa contó desde el siglo XII con una tenencia fortificada, cuyo titular representaba al rey; a mediados del XIV cambió varias veces de manos —del señorío de Martín Jiménez de Lerga al monasterio de La Oliva y de ahí al propio rey Carlos II de Navarra—, hasta quedar vinculada al linaje de los Arellano. En 1378 resistió sin caer un asedio de tropas castellanas.
Tras la conquista castellana del reino en 1512, la villa quedó bajo el control de los capitanes del Duque de Alba, y en 1605 su señor, Juan de Mendoza y Navarra, recibió el título de conde de Lodosa. De esa época data buena parte de la actual parroquia de San Miguel, cuyas obras se prolongaron durante casi un siglo: comenzaron en 1533 con el cantero Juan de Landeta, continuaron en 1585 con Santuru de Arezti en el crucero, y se cerraron en 1622 cuando el maestro francés Juan de Raón remató la torre y el pórtico. En 1750 la villa costeó con fondos propios un puente de piedra de nueve ojos y 340 varas de largo sobre el Ebro, tan sólido que dio pie al dicho popular "desde Reinosa a Tortosa, puente fuerte, el de Lodosa".
Ese mismo puente convirtió a Lodosa en escenario obligado durante la guerra de la Independencia: por aquí pasaron en octubre y noviembre de 1808 las tropas de Napoleón camino de la batalla de Tudela, y en marzo de 1810 una guarnición francesa instalada en la villa fue atacada con éxito por fuerzas españolas al mando del comandante Pascual Echeverría, con el general Espoz y Mina presente, logrando 23 prisioneros. De aquellos años de lucha surgió uno de los personajes más recordados de la villa, Joaquín Romualdo de Pablo, conocido como "Chapalangarra", guerrillero nacido en Lodosa en 1784 que después de la guerra defendió la causa liberal frente al absolutismo y cuya muerte en 1830 fue honrada por el poeta José de Espronceda con una elegía.
Durante las guerras carlistas, el control del puente volvió a ser decisivo: la guarnición isabelina que lo custodiaba levantó en el cerro hoy llamado "Telégrafo" una estación de telégrafo óptico, de la que aún se conservan restos, dentro de la línea que unía Ausejo, Lodosa, Andosilla y Lerín. Las tropas carlistas, que llegaron a quemar el ayuntamiento, desmocharon también los álamos del ferial para que su artillería pudiera batir la otra orilla del Ebro, una poda que marcó para siempre la forma de esos árboles, hoy todavía reconocible en el paisaje urbano. Ya en 1893, Lodosa tuvo un papel destacado en la defensa del régimen foral navarro frente al intento del ministro Gamazo de suprimirlo: numerosos vecinos firmaron la protesta encabezada por los siete diputados de la Diputación Foral, entre ellos el lodosano Ricardo Gastón, una presión que acabó forzando la dimisión del ministro.
Patrimonio
El principal bien catalogado del municipio es el llamado Puente de los Moros, los restos de un gran acueducto de treinta kilómetros que, según algunos investigadores, llevaba agua desde la sierra de Codés hasta la Calagurris romana, la actual Calahorra, y que llegó a tener 108 arcos, de los que hoy solo sobreviven 13 junto al Ebro. Su datación y su función siguen siendo objeto de debate entre especialistas, y no todos los investigadores aceptan el origen romano de la obra ni su supuesto destino de abastecer de agua a Calahorra. Junto a él, la parroquia de San Miguel y el propio puente de piedra sobre el Ebro completan el patrimonio monumental más visible de la villa.
Economía
La economía lodosana combina los tres sectores clásicos, con un peso creciente de los servicios y la industria frente al campo, aunque es precisamente la agricultura la que ha dado fama a la localidad: el pimiento del piquillo, de forma triangular y pequeño tamaño, se cultiva en régimen de minifundio en la vega de regadío junto al Ebro, junto a otras hortalizas, verduras y frutas, mientras que en las zonas de secano sobrevive la tradicional trilogía mediterránea de cereal, vid y olivo. La industria local está muy ligada a esa base agrícola, con fábricas de conservas y de maquinaria alimentaria, además de empresas de productos fitosanitarios y de materiales de construcción como escayolas y hormigón. El sector servicios se completa con una oferta amplia de comercio, banca y hostelería que permite hacer en la propia villa una compra completa.
Fiestas
El calendario festivo de Lodosa se abre el 3 de febrero con San Blas y sigue el sábado más próximo al 9 de mayo con la romería de San Gregorio. Las fiestas patronales, en honor de San Emeterio y San Celedonio, se celebran del 30 de julio al 4 de agosto, pero la cita más conocida fuera de la villa es la de la Virgen de las Angustias, desde el jueves anterior al tercer domingo de septiembre hasta ese domingo, con la suelta del toro ensogado por las calles, una tradición catalogada como Fiesta de Interés Turístico de Navarra.
Cuándo ir
Septiembre, con las fiestas de la Virgen de las Angustias y el toro ensogado, es sin duda el momento de mayor animación en Lodosa, aunque quien prefiera un ambiente más tranquilo puede optar por la romería de San Gregorio en mayo, con el campo en plena vega verde. El clima de la Ribera navarra, de inviernos fríos y veranos muy calurosos, hace que la primavera y el otoño sean además las estaciones más cómodas para pasear por el casco urbano y la orilla del Ebro, y para ver de cerca tanto el puente de piedra como los restos del Puente de los Moros.
Planifica tu visita
Lodosa está bien conectada por el llamado Eje del Ebro, con enlace a la autopista Vasco-Aragonesa (AP-68) a solo cinco kilómetros, además de contar con dos estaciones de ferrocarril cercanas y una línea diaria de autobús hacia Logroño, Vitoria, Estella y Pamplona. Una visita completa puede combinar el paseo por el puente de piedra sobre el Ebro y la parroquia de San Miguel con una parada en los restos del Puente de los Moros, a pocos kilómetros del casco urbano, y en la Casa de Cultura, de referencia comarcal, con su biblioteca y su auditorio. Los aficionados al deporte encuentran en la villa un completo polideportivo con piscinas, rocódromo, frontón y hasta un campo de regatas, mientras que quien quiera llevarse un recuerdo gastronómico tiene en el pimiento del piquillo, envasado por las conserveras locales, el producto más identificado con Lodosa en toda España.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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