Morales del Vino, Zamora

Morales del Vino. Pueblos de Zamora

Introducción

Morales del Vino es un municipio de la provincia de Zamora, en Castilla y León, situado en la comarca de Tierra del Vino a solo 9 kilómetros de la capital zamorana, e integra además la pedanía de Pontejos. Según Wikidata y el INE tiene 3.040 habitantes, una superficie de 23,68 kilómetros cuadrados y una altitud de 697 metros, y sus vecinos reciben el gentilicio de moralinos. Pocos pueblos de la provincia han cambiado tanto en tan poco tiempo: a principios de los años noventa apenas llegaba a 1.200 habitantes, y hoy roza los 3.100 gracias al desarrollo de zonas residenciales ligadas a la cercanía de Zamora, lo que lo ha convertido en uno de los municipios de mayor renta por habitante de toda la provincia. Bajo sus calles, además, se esconde un patrimonio poco visible pero muy singular: decenas de bodegas excavadas bajo las casas, testigo de un pasado vitivinícola que dio nombre al pueblo.

Geografía

El término municipal, de apenas 23,68 kilómetros cuadrados, se encuentra en la comarca de Tierra del Vino, a 9 kilómetros al sur de Zamora, atravesado por la autovía Ruta de la Plata (A-66) y por la carretera nacional N-630, que lo conecta con Entrala, El Perdigón, Cazurra y Arcenillas. El relieve es prácticamente llano, con la altitud oscilando entre los 659 y los 725 metros, y el núcleo urbano asentado en torno a los 697-711 metros. Es una zona de escaso arbolado, salpicada por pequeñas laderas de las terrazas fluviales del valle del Duero: junto al río hay regadíos de maíz, remolacha y alfalfa que mantienen el verdor en verano, mientras que el secano, dedicado a cereales, leguminosas y girasol, amarillea en los meses más calurosos. Los sotos de Pontejos, con sus alamedas y choperas, son la mayor masa arbórea del municipio. El clima, mediterráneo continentalizado, combina veranos que pueden superar los 40 grados con inviernos de temperaturas por debajo de los -10, nieblas frecuentes en el valle del Duero y alguna nevada ocasional en enero.

Historia

El topónimo Morales remite al moral, la morera negra que da nombre a varias localidades de la provincia de Zamora, mientras que "del Vino" es la coletilla que lo distingue de otros pueblos homónimos como Morales de Toro, Morales de Valverde o Morales del Rey, y que recuerda la riqueza vinícola que caracterizó históricamente a esta tierra. La existencia de Morales está documentada desde 1106, fecha de una donación de casas, viñas y palomares en el lugar; otro documento similar se registra en 1208, y un testamento de 1236 dona viñas al cabildo de la catedral de Zamora. A finales del siglo XIII aparece citado en el Fuero de Zamora, y en 1307 figura como una aldea de la ciudad según una escritura de venta. Durante la Edad Moderna formó parte del Partido del Vino de la provincia zamorana, tal y como reflejaba en 1773 el Mapa de la Provincia de Zamora de Tomás López, y tras la reorganización provincial de 1833 se integró en 1834 en el partido judicial de Zamora. A mediados del siglo XIX contaba con 1.085 habitantes y aparecía descrito en el Diccionario de Pascual Madoz. En 1971 el antiguo municipio de Pontejos, considerado uno de los núcleos más antiguos del sur de la provincia, se incorporó al de Morales del Vino. Ya en el siglo XX, el gran salto demográfico llegó con el crecimiento de Zamora capital: de poco más de mil habitantes a mediados de siglo y 1.200 a comienzos de los noventa, el pueblo pasó a superar los 3.000 gracias a nuevas urbanizaciones residenciales próximas a la ciudad.

Patrimonio

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de planta rectangular y tres naves separadas por grandes arcos formeros, concluyó su fábrica de sillería en 1522, lo que explica elementos tardogóticos como la estructura de nervios del altar mayor o el pórtico sur. Su portada norte es un raro ejemplo de plateresco en la provincia de Zamora, de notable valor artístico, y en su interior se conserva un retablo mayor renacentista o manierista obra documentada de Juan de Montejo, además de la imagen sedente de la Virgen de los Ángeles, realizada por Alejo de Vahía a finales del siglo XV. La capilla del obispo Manuel de Luelmo y Pinto, prelado de Calahorra y La Calzada, añade elementos barrocos, al igual que el espectacular órgano construido por Andrés Tamame en 1773 y restaurado en 1981, que conserva todas sus piezas originales. Fuera del pueblo, junto a la Ruta de la Plata, se alza la ermita del Cristo de Morales, que acoge un Cristo medieval y es el corazón de la principal fiesta del municipio. En el casco urbano, el palacio del obispo de Luelmo y Pinto, en la calle del Cortinal, luce una fachada de piedra de mollar salmantina con tres escudos de la familia episcopal y una gran bodega bajo el edificio. Precisamente las bodegas excavadas, frescas y profundas, construidas para la elaboración del vino que dio nombre al pueblo, son uno de los elementos más singulares de Morales: muchas quedaron en desuso tras el abandono de la producción vinícola a mediados del siglo XX, pero sus respiraderos siguen siendo visibles en los zócalos de numerosas casas del pueblo viejo. En los campos del término, por último, abundan las "buchinas", unas construcciones circulares semienterradas que servían para almacenar agua de riego, un localismo arquitectónico casi exclusivo del sur de la provincia de Zamora.

Economía

La economía de Morales del Vino combina un notable sector agroalimentario con los servicios que genera su cercanía a la capital. El municipio alberga fábricas de algunos de los mejores quesos de la Denominación de Origen Queso Zamorano, junto con producción de embutidos, jamones, dulces y pan, y cuenta con un pequeño polígono industrial junto a la N-630 en el que se asientan empresas de diversos sectores. La calle de la Solana concentra buena parte del pequeño comercio y la hostelería del pueblo, con varios bares, dos supermercados de cadena nacional y un nutrido tejido de talleres, carpinterías y tiendas de alimentación. Esta actividad económica diversificada, sumada al efecto de la proximidad a Zamora, explica que Morales del Vino figure entre los municipios con mayor poder adquisitivo por habitante de toda la provincia.

Fiestas

El gran acontecimiento festivo de Morales del Vino son las Fiestas del Cristo, que se extienden del 1 al 11 de mayo. Todo comienza el día 1 con la plantación del "mayo", un árbol que los quintos del año trasladan y levantan a medianoche entre chocolatada y verbena, y continúa con novenas vespertinas en la ermita del Cristo hasta el día 8, cuando se celebra una verbena nocturna en su pradera. El 9 de mayo, día grande, los moralinos acompañan en procesión a su patrona, la Virgen de la Asunción, desde la iglesia parroquial hasta la ermita del Cristo -lo que la tradición local describe como "la visita de la madre a su hijo"-, seguida de la misa mayor y de una jornada de mercadillo, juegos infantiles y meriendas en la pradera, antes de que la Virgen regrese al pueblo al anochecer. Los días 10 y 11, dedicados respectivamente al "Cristico" y a los "Forasteros", suman comidas populares, competiciones de bolos, exhibiciones de vehículos antiguos y festejos taurinos hasta el cierre con fuegos artificiales. Los quintos tienen además su propia festividad, que arranca con los Mayos de mayo y se repite en Navidad con el aguinaldo. A finales de agosto, la Semana Cultural trae el Festival de Flamenco de la Tierra del Vino, una ruta ciclista hasta Pontejos y verbenas nocturnas, y a lo largo del año se mantienen tradiciones menores como Santa Águeda el 5 de febrero, San Isidro el 15 de mayo, el Corpus en junio o las procesiones de Semana Santa.

Cuándo Ir

La primera quincena de mayo, con las Fiestas del Cristo como eje central, es sin duda el mejor momento para visitar Morales del Vino: la procesión del 9 de mayo hasta la ermita, con su particular mezcla de devoción y romería campestre, resume como ninguna otra cita la identidad del pueblo. Quien prefiera un ambiente más cultural y menos multitudinario puede optar por la Semana Cultural de finales de agosto, con su Festival de Flamenco de la Tierra del Vino, en plena temporada de buen tiempo castellano. Fuera de estas fechas, la primavera y el otoño son las estaciones más agradables para pasear por el pueblo viejo y descubrir sus bodegas y casas blasonadas sin el calor extremo del verano zamorano.

Planifica tu Visita

A solo 9 kilómetros de Zamora capital y bien comunicado por la N-630 y la autovía Ruta de la Plata, Morales del Vino es una parada fácil de combinar con una visita a la ciudad del Duero o con un recorrido por otros pueblos de la Tierra del Vino como Entrala o El Perdigón. Dentro del municipio, la ruta puede empezar en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y su rara portada plateresca, seguir por las calles del pueblo viejo -Corrales, de Zamora, del Obispo Hernández- para descubrir las casas blasonadas y los respiraderos de sus bodegas subterráneas, y pasar por el palacio del obispo de Luelmo y Pinto en la calle del Cortinal. La visita puede completarse con un paseo hasta la ermita del Cristo de Morales, junto a la Ruta de la Plata, y una parada gastronómica en alguno de los bares de la calle de la Solana para probar los quesos de la Denominación de Origen Zamorano que se elaboran en el propio pueblo.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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