Polán es un municipio de la provincia de Toledo, en Castilla-La Mancha, con 3.941 habitantes y un término extenso de 158 kilómetros cuadrados situado a 648 metros de altitud. Sus vecinos se llaman polanecos. El pueblo conserva un origen medieval muy bien documentado, ligado a la repoblación cristiana de las tierras al sur del Tajo tras la conquista de Toledo, y guarda en su casco urbano un castillo del siglo XII, una gran iglesia barroca y varias casas señoriales de los siglos XIX y XX que hablan de su pasado como uno de los pueblos más destacados de la comarca.
Geografía
El término municipal de Polán limita con Burujón, Albarreal de Tajo, Argés, Toledo, Guadamur, Casasbuenas, Noez, Totanés, Gálvez y La Puebla de Montalbán, todos ellos también de la provincia de Toledo, en plena comarca de los Montes de Toledo. Su extensión de 158 kilómetros cuadrados lo convierte en uno de los municipios más grandes de la zona, con un paisaje dominado por tierras de labor, olivares y manchas de monte. El arroyo del Conde atraviesa el núcleo urbano, un curso de agua que ha marcado la historia del pueblo tanto para bien, al permitir el riego de huertas, como para mal, protagonizando alguna de las peores tragedias naturales que recuerda la localidad.
Historia
El origen de Polán se remonta a época romana, con hallazgos como una estela funeraria de finales del siglo II en el paraje de El Argeal y restos de cerámica y monedas de la época del emperador Trajano, además de los asentamientos de Iturbida y Libura que la red viaria romana propició en ambas orillas del Tajo. El nombre del pueblo deriva de "pola", variante de "puebla", en referencia a la repoblación cristiana que se llevó a cabo tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085. El rey Alfonso VII cedió estas tierras a dos mozárabes, Miguel Azarafi y Domingo Abumelec, y fue el primero quien, mediante una carta puebla otorgada en 1157, repartió la mitad de sus posesiones entre cuarenta y seis pobladores que fundaron formalmente Polán. Las tensiones entre castellanos y musulmanes por el control de estas tierras fronterizas provocaron enfrentamientos como las batallas de Pulgar, en 1114, y la propia Polán, en 1116, lo que llevó a construir torres defensivas que con el tiempo se convirtieron en el castillo del pueblo, cuya custodia pasó más adelante a la Orden de Calatrava. En 1470, Pero López de Ayala, alcalde mayor de Toledo, envió un pequeño ejército a Polán al mando de su hijo para destruir la casa fuerte de Lope de Estúñiga, acusado de haber incumplido la prohibición real de levantar castillos cerca de Toledo, episodio que marcó el declive militar de la fortaleza. En el siglo XVI el concejo llegó a protestar ante el rey por la existencia de cuatro regidores perpetuos impuestos por la nobleza terrateniente, mientras el pueblo se consolidaba gracias a sus huertas, viñedos y olivares. El 30 de agosto de 1926 una riada del arroyo del Conde causó la muerte de cinco vecinos y destruyó ochenta casas, uno de los episodios más duros de la historia reciente del municipio. El siglo XX trajo después años difíciles de guerra y posguerra, como en gran parte de España, seguidos de una etapa de industrialización y emigración hacia las ciudades que no se revirtió hasta los años ochenta, cuando Polán comenzó una recuperación demográfica sostenida que lo convirtió, décadas más tarde, en receptor de población inmigrante.
Patrimonio
El castillo de Polán, levantado hacia el siglo XII y modificado en los siglos XIV y XV, conserva dos torres de mampostería con mortero de cal y arena, reforzadas con contrafuertes convexos muy similares a los de algunos castillos militares franceses de los siglos XI y XII. En la torre más alta, posiblemente la del homenaje, los estribos se unen mediante arcos de medio punto de ladrillo y aún se aprecian modillones de piedra berroqueña típicos de la arquitectura toledana; al interior se distinguen cuatro pisos y el arranque de una bóveda. La iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, iniciada en el siglo XVI y ampliada hasta el XVIII gracias al impulso del cardenal Lorenzana, luce planta de cruz latina con tres naves, cúpula sobre el crucero y una portada en la que intervinieron artistas como Juan Bautista Monegro. La ermita de San Sebastián, situada en lo que fue la entrada histórica del pueblo —una ubicación típica para proteger del contagio de la peste—, conserva un artesonado de madera sencillo y una espadaña de ladrillo. El casco urbano reúne además varias casas señoriales de los siglos XIX y XX, como la Casa de los Dorado, la Casa de los Corcuera y la Casa de los Romillo, de estilo historicista con miradores de hierro, así como la portada de la Casa de las Columnas, del siglo XVII, con un escudo que recuerda a las familias de los Encinas, Guzmanes y Herreras. La tradición local sitúa en la Casa de las Cadenas una parada de Santa Teresa de Jesús en sus viajes hacia Cuerva. Un atractivo singular del pueblo es el Museo Etnográfico de Siberia y Asia Central, una colección poco habitual en un municipio de este tamaño.
Economía
La economía de Polán mantiene un fuerte componente agrario pese a su proceso de industrialización. Según el último censo agrario, el municipio reúne 265 explotaciones que trabajan 8.627 hectáreas de superficie agrícola útil, en su mayoría tierras de labor de cereal, junto a un 23,8 % dedicado a cultivos arbóreos, principalmente olivar, en línea con la tradición de huertas y viñedos que ya describían las crónicas del siglo XVIII. La actividad ganadera tiene también un peso considerable, con censos que superan los 10.000 bovinos, cerca de 3.800 cabezas de ovino y caprino, más de 50.000 cerdos y unas 166.000 aves en las explotaciones del término. A estas actividades tradicionales se suma un sector servicios e industrial en expansión, reflejo del crecimiento de población que vivió el municipio en la primera década del siglo XXI, cuando pasó de rondar los 3.300 habitantes a superar los 4.000.
Fiestas
El calendario festivo de Polán se reparte entre tres citas principales. A mediados de mayo se celebra la fiesta de la Virgen de la Soledad, con actos religiosos y populares que reúnen a buena parte del pueblo. A finales de junio llegan las fiestas en honor de los patronos San Pedro y San Pablo, titulares de la iglesia parroquial, con el programa festivo más amplio del año. El 12 de septiembre se conmemora al Cristo con la Cruz a Cuestas, una festividad de hondo arraigo religioso que cierra el ciclo de celebraciones del verano. Estas tres fechas, repartidas a lo largo de la primavera, el verano y el inicio del otoño, marcan el pulso social de un municipio que mantiene viva su tradición festiva pese al tamaño de su núcleo urbano.
Cuándo Ir
La primavera, con la fiesta de la Virgen de la Soledad a mediados de mayo, es un buen momento para visitar Polán con temperaturas suaves antes del calor del verano castellano. Finales de junio permite combinar la visita con las fiestas patronales de San Pedro y San Pablo, cuando el pueblo vive sus jornadas de mayor animación. El otoño, con la festividad del Cristo con la Cruz a Cuestas a mediados de septiembre, ofrece además la posibilidad de ver el término cubierto por la actividad de la recolección del olivar, una de las imágenes más características del paisaje agrícola de la zona. El verano, en cambio, resulta muy caluroso en esta parte de la provincia de Toledo, por lo que conviene reservar las visitas al patrimonio y al castillo para las horas de menor calor.
Planifica tu Visita
Polán se encuentra a poca distancia de la ciudad de Toledo, lo que permite combinar en una misma jornada la visita a la capital provincial con un recorrido por este municipio de los Montes de Toledo. En el pueblo conviene empezar por el castillo medieval, visible desde buena parte del núcleo urbano, para continuar hacia la iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo y la cercana ermita de San Sebastián. Un paseo por las calles del centro permite admirar las fachadas de las casas señoriales de los Dorado, los Corcuera y los Romillo, así como la curiosa portada de la Casa de las Columnas. Los visitantes con interés por las colecciones singulares pueden completar la ruta con el Museo Etnográfico de Siberia y Asia Central, una propuesta inesperada en un pueblo agrícola de Castilla-La Mancha. Para quienes busquen naturaleza, el entorno de los Montes de Toledo y las tierras de olivar y cereal que rodean el municipio ofrecen rutas tranquilas para recorrer en coche o a pie, especialmente recomendables fuera de las horas centrales del día en los meses de más calor.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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