L'Espluga de Francolí debe su nombre a una palabra que los romanos tomaron del griego: spelunca, "cueva". No es casualidad: el pueblo, en la Conca de Barberà, en la provincia de Tarragona, está rodeado de balmas y cavidades, entre ellas la cueva de la Font Major, por donde discurre bajo tierra el río Francolí y que hoy es su gran atractivo turístico. Con 3.863 habitantes en 57,2 km², a 411 metros de altitud, l'Espluga —así la llaman sus vecinos, los espluguins— vive también a la sombra, literal y figurada, de un vecino todavía más famoso: el monasterio de Poblet, a pocos minutos de distancia.
Geografía
El municipio ocupa el extremo sudoccidental de la Conca de Barberà, entre la sierra del Tallat al norte, ya en el límite de las Garrigues y l'Urgell, y los riscos del bosque de Poblet y la Pena, en las montañas de Prades, al sur. En medio se abre el valle y el barranco del Reguer, con campos de cultivo y viñas. Limita con Fulleda, Senan y Vallbona de les Monges al norte, con Blancafort y Montblanc al este y al sur, y con Vimbodí al oeste. El río Francolí nace en el propio término, en la Font Major de l'Espluga, en la confluencia de los ríos Sec y Milans. El acceso se hace por la carretera N-240 y por la autopista AP-2, con salida en Montblanc, además de por carreteras locales con los pueblos vecinos; cuenta también con estación de ferrocarril en la línea Lleida-Reus, por la que circula el AVE. La mayor parte de la población se concentra en la propia villa, aunque existe un segundo núcleo en el balnearo de les Masies, dos kilómetros al sur, cerca ya del monasterio de Poblet, en término de Vimbodí; en el extremo sur del municipio se encuentra también el santuario de la Santísima Trinidad.
Historia
La villa de l'Espluga se formó alrededor de un castillo que Ponç de Cervera levantó en la cima de un monte en el siglo XI, cuando la zona ya era conocida por el topónimo de origen latino que hace referencia a sus cuevas. A mediados del siglo XIII, el castillo pasó a depender del monasterio de Poblet y de los templarios, mientras que la parte baja del pueblo quedó bajo la jurisdicción de los caballeros hospitalarios, que establecieron allí la encomienda de l'Espluga de Francolí. En 1312, año de la extinción de la Orden del Temple, los hospitalarios adquirieron también el señorío de la parte alta, unificando así el control sobre toda la villa.
El siglo XIX trajo dos episodios que marcaron el patrimonio religioso del pueblo: en 1837, en plena guerra carlista y tras la profanación de las tumbas reales en el cercano monasterio de Poblet, los restos de los reyes de la Corona de Aragón se escondieron bajo las escaleras de la iglesia vieja de San Miguel de l'Espluga. Ese mismo templo fue incendiado en 1873, durante la tercera guerra carlista, lo que obligó a construir una nueva iglesia neoclásica en la misma plaza, reutilizando piedras del antiguo castillo medieval. La feria de la villa, documentada ya desde 1565, es otro hilo que conecta la l'Espluga actual con su pasado agrícola y ganadero más antiguo.
Patrimonio
Las Cuevas de l'Espluga, utilizadas por el hombre desde el Paleolítico, son la gran atracción del municipio: el museo instalado en su interior combina proyecciones sobre la propia roca y escenas de teatro virtual para explicar tanto el descubrimiento de la cueva —ocurrido por casualidad en 1853— como la vida de quienes la habitaron, y la visita termina en un poblado neolítico a tamaño real reconstruido en el exterior. La Fassina Balanyà, antigua fábrica de alcohol, reabrió en 2009 como museo industrial integrado en el Sistema del Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Cataluña, y muestra cómo se obtenía alcohol y derivados a partir de la brisa de la uva durante los años de la posguerra, con destilación en directo y degustación de aguardiente incluidas en la visita.
El antiguo hospital de la Orden de San Juan, fundado por los caballeros hospitalarios aunque el edificio gótico actual data del siglo XIV, alberga hoy la biblioteca municipal Mosén Ramón Muntanyola. El Museo de la Vida Rural ocupa la casa solariega de la familia Carulla, del siglo XVII, y fue creado en 1988 por el industrial y mecenas Lluís Carulla; dos décadas después se amplió con un nuevo edificio y un discurso museográfico renovado, con audiovisuales, espacios interactivos y galerías de teatro virtual. Y la pieza arquitectónica más sorprendente del pueblo es el Celler Cooperatiu, una bodega modernista de 1913 obra de Pere Domènech i Roura sobre un proyecto de su padre, Lluís Domènech i Montaner, inspirado en el gótico catalán; hoy alberga el Museo del Vino, repartido en tres niveles entre el antiguo lagar soterrado, las grandes tinas de fermentación y, en lo más alto, un espacio dedicado a la propia arquitectura del edificio.
Economía
La economía de l'Espluga de Francolí combina agricultura, comercio, turismo e industria. Los cultivos más importantes son la viña y los cereales, trigo y cebada, junto con almendros y olivos, además de algunas granjas de aves y de porcino. El tirón turístico del cercano monasterio de Poblet ha convertido al pueblo en un importante núcleo de servicios culturales, hostelería y restauración que complementa sus propios atractivos, empezando por las cuevas y los museos del centro histórico. Los lunes y viernes por la mañana hay mercado, y la feria de la villa, celebrada el último domingo de enero y documentada desde 1565, ha pasado de sus orígenes agrícolas y ganaderos a convertirse en un escaparate comarcal de comercio y servicios. Son típicas de l'Espluga las galletas conocidas como "vanos" y los carquinyolis.
Fiestas
El Carnaval de l'Espluga, conocido como "la rúa de les 1000 disfresses", es la fiesta más multitudinaria del calendario local; en 2007 celebró su vigésimo quinta edición, lo que sitúa su origen a comienzos de los años ochenta. Junto a él sobrevive una tradición mucho más antigua, la de los Diables Fills de Satanàs de l'Spelunca Diabòlica, grupo de diablos fundado en 1879 y recuperado en 1990 tras años de inactividad, heredero de la tradición del correfoc tan extendida en el mundo festivo catalán. En septiembre, la Fiesta de la Vendimia reúne una muestra vitivinícola y de productos agrarios que conecta al pueblo con su vocación de siempre: el cultivo de la viña y la elaboración del vino, protagonistas también del Museo del Vino instalado en el antiguo Celler Cooperatiu.
Cuándo ir
El Carnaval, en febrero, es la cita más animada del año y la mejor para ver a l'Espluga volcada en la calle con su célebre rúa de disfraces. Quien prefiera el pueblo en su vertiente más tradicional puede optar por la feria de la villa, el último domingo de enero, con cinco siglos de historia documentada a sus espaldas, o por la Fiesta de la Vendimia de septiembre, que coincide con la vendimia real de los viñedos de la Conca de Barberà. Para explorar las cuevas y el entorno natural de la sierra del Tallat y del bosque de Poblet, la primavera y el otoño ofrecen las temperaturas más agradables, lejos tanto del frío intenso del invierno como del calor seco del verano manchego-catalán de la comarca.
Planifica tu visita
L'Espluga de Francolí se alcanza por la N-240 o por la AP-2, con salida en Montblanc, y también en tren por la línea Lleida-Reus, que incluye parada del AVE, lo que la convierte en una de las localidades mejor conectadas de la Conca de Barberà. La visita se organiza bien combinando el casco histórico —con las Cuevas, el Museo de la Vida Rural, el antiguo hospital de San Juan y el Celler Cooperatiu modernista— con una escapada al monasterio de Poblet, a pocos minutos por carretera, y al santuario de la Santísima Trinidad, en el extremo sur del término. Quien busque alojamiento con más servicios puede optar por la zona del balneario de les Masies, a un paso tanto de l'Espluga como del propio monasterio.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
Otros Pueblos de Tarragona
Si quieres conocer otros artículos parecidos a L'Espluga de Francoli. Pueblos de Tarragona puedes visitar la categoría Tarragona.
