- La Selva del Camp: de 1.605 almas en 1717 a su máximo histórico en 2024, en Tarragona
- Geografía: el Bajo Campo a los pies de Tarragona
- Historia: del monopolio del trigo a las tropas de Felipe de la Mothe
- Patrimonio: un castillo en reconstrucción y pinturas góticas del siglo XIV
- Economía: de las minas de plomo a las multinacionales del aluminio
- Fiestas: una Semana Santa declarada fiesta de interés nacional
- Planifica tu visita a La Selva del Camp
- Otros Pueblos de Tarragona
La Selva del Camp: de 1.605 almas en 1717 a su máximo histórico en 2024, en Tarragona
Pocas fichas de este proyecto pueden presumir de una serie de población tan larga como la de La Selva del Camp: 46 datos repartidos en 309 años, desde 1717 hasta 2025. Aquel primer censo contó 1.605 habitantes; tres siglos después, en 2024, el pueblo alcanzó su máximo de toda la serie, 5.819 vecinos, para bajar ligeramente a 5.732 en 2025. Es, en otras palabras, un municipio que hoy tiene más habitantes que en cualquier otro momento documentado de su historia, algo poco frecuente en el interior catalán.
Geografía: el Bajo Campo a los pies de Tarragona
Integrado en la comarca catalana del Bajo Campo, La Selva del Camp se sitúa en la provincia de Tarragona, con una superficie de 35,3 km² y una altitud de 246 metros. Su gentilicio, selvatà, identifica a un municipio que durante siglos vivió del cultivo de cereales y hoy combina agricultura tradicional —avellanos y olivos— con polígonos industriales modernos.
Historia: del monopolio del trigo a las tropas de Felipe de la Mothe
El origen de La Selva del Camp se sitúa en época romana, con continuidad de población durante la ocupación árabe, aunque la primera referencia escrita no llega hasta 1149, cuando el acta de donación de la partida rural de los Montgons cita a la Selva como límite de dicha partida. Recibió carta de población el 13 de mayo de 1164 y en una bula de 1174 figura entre las posesiones del arzobispado de Tarragona, que mantuvo su dominio señorial hasta 1823. La repoblación fue rápida y el municipio se extendió más allá de sus muros originales; durante el siglo XIII llegó a disfrutar de un monopolio sobre el comercio de trigo y cebada que generó importantes beneficios económicos para la villa.
La Selva tuvo un papel activo en los grandes conflictos medievales de la Corona de Aragón: en 1309 algunos de sus habitantes partieron hacia las cruzadas a las órdenes de Jaime II, y en 1314 el municipio participó en la campaña del Reino de Sicilia. Fue además lugar de reunión de la Comuna del Campo, la institución que agrupaba a los municipios de la comarca. Durante la Guerra de los Segadores, en 1640, tropas francesas ocuparon la población antes de entregarla a las tropas castellanas —lo que llevó a que, el 16 de diciembre de ese mismo año, La Selva fuera declarada «enemiga de la patria» y sus bienes confiscados para financiar la guerra—; en mayo de 1641 volvió a ser ocupada, esta vez por las tropas al mando de Felipe de la Mothe, que dejaron guarnición en la villa. Aquellas luchas redujeron la población a la mitad, y en 1651 el pueblo nombró a San Andrés su patrón, por haberlo salvado, según la tradición, de una epidemia de peste.
La villa vivió buena parte de la Edad Media bajo el régimen señorial de los pabordes de Tarragona, una sucesión de 18 señores eclesiásticos documentados entre 1169 y 1412, cuando la pabordía fue finalmente anulada y su jurisdicción pasó a la mitra arzobispal. En ese periodo la villa llegó a acuñar moneda propia y a tener escudo de armas, además de un hospital y una judería activa durante dos siglos. El cultivo de la avellana, hoy seña de identidad del municipio, tomó impulso precisamente en el siglo XV.
Patrimonio: un castillo en reconstrucción y pinturas góticas del siglo XIV
Del antiguo castillo, de grandes dimensiones y construido en el siglo XII sobre una fortificación aún más antigua, se conservan algunos restos; uno de sus arcos apuntados se trasladó a la casa de la vila, y el edificio —que fue residencia señorial de los arzobispos de Tarragona— se encuentra actualmente en proceso de reconstrucción. También perduran torres del siglo XVIII y fragmentos de la antigua muralla.
La iglesia parroquial de San Andrés, de estilo renacentista, se compone de cinco naves con tres tramos cada una cubiertas con bóveda de cañón; su construcción se inició en 1582 bajo la dirección de Pedro Blai, aunque la obra, inacabada, pasó por las manos de varios artistas más —el coro y la fachada no se completaron hasta 1782—. Del antiguo convento de San Agustín, hoy Casa Diocesana, destaca un claustro renacentista de doble galería, dórica en el piso inferior y jónica en el superior; el convento de San Rafael, fundado a comienzos del XVII por carmelitas y hoy convertido en escuela, perdió cinco retablos en 1936.
Fuera del núcleo urbano, la ermita de San Pedro del Puig conserva pocos restos del edificio románico original, reformado durante el siglo XIII, fortificado por las tropas francesas en 1811 y destruido casi por completo durante la primera guerra carlista. A unos cuatro kilómetros del centro, el santuario de Santa María de Paretdelgada, del siglo XII y construido sobre ruinas romanas, fue reformado casi íntegramente en 1766 tras un incendio; en su interior se conservan capiteles con decoración floral y ménsulas de la época.
El resto del catálogo monumental incluye el Portal de Sant Antoni y los restos de las antiguas murallas, el Pont Alt —documentado ya en el siglo XIII y rehecho en 1523—, la iglesia de Sant Pau, citada por primera vez en 1235, y la capilla de Santa Llúcia i Sant Jaume, de 1331. El Castell de Paborde, residencia de los señores eclesiásticos de la villa durante más de dos siglos, funciona hoy como centro cultural polivalente.
Economía: de las minas de plomo a las multinacionales del aluminio
La agricultura sigue siendo la principal actividad económica de La Selva del Camp, con el cultivo de avellanos y olivos como productos destacados; el municipio cuenta con una cooperativa agrícola desde 1903. La ganadería se centra en granjas avícolas y porcinas. Hasta finales de la década de 1930 estuvieron en explotación unas minas de plomo, conocidas como Bundanera, que daban empleo a una treintena de vecinos. Desde 1992, con la implantación de la multinacional National Can Co., el municipio se fue industrializando más allá de lo agrícola, incorporando también empresas del sector del aluminio; hoy cuenta con tres polígonos industriales —Silva, Drecera y Milenium— que conviven con la actividad del campo.
La actual Cooperativa Agrícola de la Selva del Camp es heredera de una larga tradición asociativa: nació de la fusión de la Societat Agrícola fundada en 1903 —la misma fecha en que la central hidroeléctrica de la Glorieta empezó a suministrar electricidad al pueblo—, el Sindicat Agrícola Català de Sant Isidre, con el que se unió en 1911, y La Defensa Agrària, impulsada en 1926 por el catalanismo de izquierdas local.
Fiestas: una Semana Santa declarada fiesta de interés nacional
El hito festivo más reconocido de La Selva del Camp es su Semana Santa, declarada Festa Tradicional d'Interès Nacional por la Generalitat de Catalunya en 2010, con especial mención al Viacrucis camino del Calvario. Durante la procesión del Santo Entierro se recupera el Ball de la Mort, una danza de origen medieval única en toda la provincia de Tarragona. La festividad religiosa más antigua documentada es el Misteri de la Selva o Asunción de Santa María Madona, que se remonta al siglo XIV.
El calendario se completa con la Solemnidad de la Virgen de Paretdelgada, patrona de la villa, el primer domingo de agosto en su ermita; la Fira, feria que recorre las calles el último fin de semana de octubre; dos fiestas mayores dedicadas a San Andrés —la de invierno, el 30 de noviembre, día litúrgico del patrón, y la de verano o «vot de Sant Andreu», el primer fin de semana de junio—; y la Festa dels Tres Tombs, entre febrero y abril, con indumentaria tradicional y carros de rueda de madera.
Planifica tu visita a La Selva del Camp
La Selva del Camp tiene código INE 43145 y su web municipal es laselvadelcamp.cat. La visita ideal combina el casco histórico —con los restos del castillo en reconstrucción y la iglesia renacentista de San Andrés— con una escapada al santuario de Paretdelgada o a la ermita de San Pedro del Puig, ambos a pocos kilómetros del núcleo urbano. Por su cercanía a Tarragona capital y su buena conexión por carretera, es un destino que se puede recorrer en una jornada, idealmente combinada con una parada en alguna de las cooperativas agrícolas de la zona para conocer de primera mano el cultivo de la avellana, producto identitario del Bajo Campo desde hace más de un siglo.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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