Introducción
Alba de Tormes es un municipio de la provincia de Salamanca, en Castilla y León, considerado la capital de la comarca de la Tierra de Alba y el núcleo más importante del este del Campo Charro. Según los datos del INE, tiene 5.099 habitantes repartidos en un término de 46,47 kilómetros cuadrados y una altitud de 836 metros, con el gentilicio de albense. El pueblo es conocido sobre todo por su vínculo con Santa Teresa de Jesús, que fundó aquí su octavo convento carmelita y murió en la villa en 1582, por lo que su sepulcro sigue siendo hoy el principal foco de peregrinación. A ese patrimonio religioso se suma el histórico Castillo de los Duques de Alba, cuna del título ducal más antiguo de España, y un conjunto de iglesias románico-mudéjares que hacen de Alba de Tormes uno de los destinos de interior con más peso histórico de la provincia, pese a ser un municipio de tamaño medio volcado en la agricultura.
Geografía
El término municipal de Alba de Tormes agrupa, además de la villa, los núcleos de Amatos, El Pinar, Palomares y Torrejón, y limita con Garcihernández, Aldeaseca de Alba, Navales, Encinas de Arriba, Martinamor y Terradillos. El relieve es prácticamente llano, salvo algunas lomas hacia el suroeste, donde se levanta el pico de Velaviejo, de unos 957 metros, el punto más alto del municipio, en la frontera con Valdemierque. El suelo es predominantemente arcilloso, señal de su antigüedad geológica, aunque el curso del río Tormes ha ido modificando el terreno al desplazarse, dejando depósitos aluviales de origen cuaternario. El propio Tormes cruza el municipio de parte a parte y es el elemento que ha marcado la vida de la villa desde su fundación; a él se suma el arroyo de Alba, también llamado Fontanilla de los Carazos, que nace en el paraje de los Pocillos y desemboca en el Tormes junto al polideportivo, y el embalse de Villagonzalo, situado al norte. El clima de la zona es mediterráneo continental, con inviernos fríos y veranos relativamente suaves para la meseta salmantina.
Historia
El origen de Alba de Tormes se remonta a un castro vacceo de la Edad de Hierro llamado Alvia, que fue después ocupado por romanos y musulmanes antes de su repoblación cristiana por los reyes de León, que convirtieron la villa en cabeza del concejo de Alba. En 1140 el rey Alfonso VII le otorgó un fuero propio, y en 1196 la villa fue atacada y saqueada por tropas castellanas, lo que llevó a Alfonso IX a emprender una nueva repoblación. A comienzos del siglo XIV pasó por manos del infante don Pedro y de Alfonso de la Cerda, hasta que en 1312 Fernando IV la devolvió a la corona. El giro decisivo llegó en 1429, cuando Juan II entregó la villa al obispo Gutierre Álvarez de Toledo: el señorío se convirtió en condado en 1439 y, en 1472, Enrique IV lo elevó a Ducado de Alba de Tormes en favor de García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba, título que dio nombre a una de las casas nobiliarias más influyentes de la historia de España. En 1571 Santa Teresa de Jesús fundó en la villa su octavo convento carmelita, donde falleció el 4 de octubre de 1582 y donde se conserva su cuerpo incorrupto. En 1812, durante la guerra de la Independencia, Alba de Tormes fue escenario de una batalla en la que las tropas francesas vencieron al ejército angloespañol de Wellington, que se vio obligado a retirarse, y la localidad quedó destruida por la artillería empleada en el combate. Con la reorganización provincial de 1833 pasó a integrarse en la provincia de Salamanca, de la que durante un tiempo fue cabeza de su propio partido judicial.
Patrimonio
El conjunto monumental de Alba de Tormes gira en torno al convento de la Anunciación, donde se encuentra el sepulcro de Santa Teresa de Jesús; en su retablo mayor, obra trazada siguiendo el estilo de Rodrigo Gil de Hontañón, se exponen desde dos camarines superpuestos el cuerpo, el brazo y el corazón de la santa. En 2014 se abrió allí el Museo Carmelitano, con una sala dedicada a Santa Teresa que incluye la celda donde murió, los camarines del retablo y un edificio anexo con pintura, escultura y orfebrería conventual. Junto al convento se alza la Basílica de Santa Teresa, un templo neogótico cuya primera piedra se puso en 1898 con diseño de Enrique María de Repullés y Vargas; las obras se interrumpieron varias veces a lo largo del siglo XX y no se cerraron por completo hasta la década de 2010, y en 2015 acogió la muestra Las Edades del Hombre. El Castillo de los Duques de Alba, levantado a partir de 1430, fue residencia de los duques y quedó muy dañado durante la guerra de la Independencia; hoy se conserva la Torre del Homenaje, restaurada a mediados del siglo XX, cuando se descubrieron en su interior frescos renacentistas del italiano Cristóbal Passini, además de restos arqueológicos hallados en excavaciones de 1993. Entre las iglesias destaca la de San Juan, de los siglos XII y XIII, de estilo románico-mudéjar y declarada Monumento Nacional, que conserva un apostolado románico-bizantino en piedra arenisca policromada; también son reseñables la iglesia de San Juan de la Cruz, primer templo del mundo dedicado a este santo carmelitano, la de San Pedro, reedificada en 1577 por el IV duque de Alba, y la de Santiago, de los siglos XI-XII y bien de interés cultural desde 1996. Sobre el Tormes se mantiene además un puente de origen medieval construido sobre otro romano, antiguo paso de la calzada de la Plata.
Economía
La base económica de Alba de Tormes combina la agricultura con el turismo ligado a su patrimonio religioso. En el campo predominan los cultivos de cereales, hortalizas, remolacha y, de forma destacada, la patata, en torno a la cual se ha desarrollado una industria alimentaria local especializada tanto en su transformación como en la elaboración de aceites. A esta actividad se suman pequeñas empresas dedicadas a la producción de embutidos. El flujo constante de peregrinos y visitantes atraídos por la figura de Santa Teresa sostiene además comercio, hostelería y restauración, convirtiendo a la villa en centro de servicios de referencia para los pueblos de la Tierra de Alba.
Fiestas
El calendario festivo de Alba de Tormes arranca el 5 de febrero con Santa Águeda, jornada en la que las mujeres casadas, conocidas como las Águedas, toman simbólicamente el control del pueblo en recuerdo del martirio de la santa. El 27 de agosto se celebra la fiesta de la Transverberación de Santa Teresa, conocida popularmente como las fiestas de agosto, con la salida de clausura de la imagen de la santa el día 25 y su regreso al convento el 27, además de festejos taurinos, musicales y pirotécnicos durante tres o cuatro días. Las fiestas patronales de octubre son las más intensas del año: Santa Teresa se convierte simbólicamente en alcaldesa de la villa desde el 14 hasta el 22 de octubre, y durante nueve días se suceden actos taurinos, musicales y culturales, con jornadas dedicadas a distintos colectivos como el día de los niños, de la tercera edad, de las peñas, de la juventud, de las mozas, de la mujer y del deporte.
Cuándo ir
Quien busque conocer Alba de Tormes en su ambiente más festivo tiene tres fechas claras: el 5 de febrero, con las Águedas tomando la villa; finales de agosto, con la Transverberación de Santa Teresa y sus tres o cuatro días de festejos taurinos y pirotécnicos; y, sobre todo, la segunda quincena de octubre, cuando las fiestas patronales llenan de actividad la villa durante más de una semana. Fuera de esas fechas, el clima mediterráneo continental de la zona, con inviernos fríos y veranos moderados para la meseta, hace que la primavera y el otoño sean las estaciones más cómodas para recorrer con calma el conjunto conventual y el casco histórico, mientras que el verano permite combinar la visita con el baño en las piscinas municipales del pueblo.
Planifica tu visita
Alba de Tormes se articula en torno a dos carreteras principales: la CL-510, que conecta Salamanca con Piedrahíta en sentido noroeste-sureste, y la SA-114, que une Fresno Alhándiga con Peñaranda de Bracamonte y enlaza con la autovía de la Cultura, hacia Ávila y Madrid, y con la Ruta de la Plata, entre Gijón y Sevilla. La estación de autobuses, en la avenida de Juan Pablo II, ofrece conexiones frecuentes con la capital salmantina los días laborables. No hay servicio ferroviario desde el cierre de la antigua línea de la Vía de la Plata, hoy convertida en vía verde, por lo que la estación de tren más próxima es la de Salamanca; el aeropuerto de Salamanca está a unos 17 kilómetros, y los de Valladolid y Madrid-Barajas quedan ya a más de 140 kilómetros. Para la visita conviene reservar al menos media jornada para recorrer el convento de la Anunciación y su Museo Carmelitano, la Basílica de Santa Teresa, el castillo ducal y la iglesia de San Juan, y aprovechar la cercanía con Salamanca capital, a menos de 25 kilómetros, para completar la estancia. Las piscinas municipales, con varios vasos y zonas verdes, son una opción adicional en los meses de calor.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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