Linyola, Lleida

Linyola. Pueblos de Lleida

Linyola, cuyo nombre en catalán es la forma oficial del municipio, es una villa de la provincia de Lleida, en Cataluña, situada en la comarca del Pla d'Urgell, de la que es el segundo núcleo en número de habitantes. Según los últimos datos del INE, cuenta con 2.762 habitantes, repartidos en un término de 28,7 kilómetros cuadrados, a una altitud de 248 metros sobre el nivel del mar. Sus vecinos se conocen como linyolencs.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Toponimia
  3. Historia
  4. Patrimonio
  5. Fiestas y tradiciones
  6. Demografía
  7. Otros Pueblos de Lleida

Geografía

Linyola es el municipio más septentrional de la comarca del Pla d'Urgell y limita con Bellvís y Vallfogona de Balaguer por el este, con el Poal y el Palau d'Anglesola por el sur, con Ivars d'Urgell y Penelles por el oeste, y con Bellcaire d'Urgell, ya en la comarca de la Noguera, por el norte. El núcleo urbano se asienta sobre un pequeño cerro, y todo el término queda regado por el Canal de Urgel y por su Canal Auxiliar, una infraestructura decimonónica que transformó por completo la agricultura de la zona al permitir el riego de tierras que antes dependían únicamente de las lluvias y que convirtió buena parte de la llanura del Pla d'Urgell en una de las comarcas agrícolas más productivas de Cataluña. La vía de comunicación principal es la carretera que viene de Mollerusa, cruza la autovía A-2 y continúa hasta Bellcaire d'Urgell, donde enlaza con la carretera que une Balaguer y Tárrega, lo que sitúa a Linyola en un cruce de caminos relativamente cómodo dentro de la llanura leridana, a poca distancia de los principales núcleos de la comarca.

Toponimia

El nombre de Linyola parece estar relacionado con el cultivo del lino, una planta textil muy extendida en estas tierras en épocas pasadas: en documentos antiguos aparece como Lliniola o Llinyola, mientras que en el Llibre dels Fets se recoge como Linesola, y en época musulmana como Lineola. Esa vinculación con el lino queda reflejada en el escudo del portal de la iglesia, donde puede verse una gavilla de esta planta, así como en el escudo actual del municipio, que combina un ramo de lino sobre el tablero de ajedrez propio de los condes de Urgel, quienes conquistaron la zona a finales del siglo XI. Otras teorías lingüísticas apuntan a un origen latino distinto, derivado de la palabra "amnis" (río), que se traduciría como "el riachuelo", aunque la hipótesis del lino sigue siendo la más popular entre los propios vecinos.

Historia

El origen de Linyola se remonta probablemente a época ilergeta y romana, pero la villa cobró verdadera importancia cuando, en el año 882, el gobernador de Lérida Ismail Ibn Musa inició la reconstrucción y fortificación de varios pueblos de la zona, entre ellos Linyola, que llegó a convertirse en capital de la comarca musulmana conocida como Mascansá. Durante el siglo XI, con el avance de las tropas cristianas, el conde de Urgel Ermengol IV conquistó la villa entre 1076 y 1079, convirtiéndola durante tres décadas en un bastión fronterizo hasta la caída de Balaguer en 1105.

En agosto de 1228, Jaime I conquistó Linyola en el marco de las luchas internas del condado de Urgel y la incorporó al condado de Barcelona; apenas tres meses después, el propio rey concedió a sus habitantes el privilegio de celebrar mercado semanal los miércoles y de quedar exentos de impuestos en todos los territorios de la Corona de Aragón, un privilegio que sería confirmado por varios monarcas posteriores, el último de ellos Fernando el Católico en 1506. En 1413, tras la caída del condado de Urgel, el rey entregó Linyola como botín de guerra al noble Gerardo Alemán de Cervellón, cuyos herederos acabarían vendiendo la villa a los Cardona de Bellpuig; de esa familia descienden los popularmente llamados duques de Sessa, que crearon la Baronía de Linyola, vigente hasta mediados del siglo XIX y que todavía pervive, de forma simbólica, en el linaje de los Casanova.

Entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII, Linyola sufrió una sucesión de plagas, enfermedades y guerras que frenaron su crecimiento: la Guerra de los Segadores, la terrible peste de 1652, una plaga de saltamontes entre 1687 y 1689, la Guerra de Sucesión española y varias sequías, entre ellas la especialmente dura de 1747 a 1754. A partir de mediados del siglo XIX, la construcción del Canal de Urgel —que empezó a regar estas tierras en 1864— supuso un punto de inflexión decisivo: la villa comenzó a crecer de forma sostenida, derribó sus antiguas murallas y portales en 1883 y, ya a principios del siglo XX, incorporó escuelas municipales, red de aguas y luz eléctrica, superando los 2.000 habitantes en 1916. La Guerra Civil frenó de nuevo ese crecimiento, aunque a partir de los años cincuenta el municipio inició una progresiva modernización urbanística que no se ha detenido desde entonces.

Patrimonio

El casco antiguo de Linyola, declarado zona de interés histórico-artístico, alberga la plaza porticada y la iglesia de Santa María, obra del maestro Bartomeu Roig entre 1586 y 1600, un templo que combina elementos tardogóticos con la sobriedad propia de la arquitectura religiosa de la época. Muy cerca se encuentra la Casa de la Vila, un edificio de 1556 obra del maestro Bernat Langor que sigue siendo la sede del ayuntamiento y uno de los edificios civiles más antiguos del municipio. El municipio conserva también el Museo Pedrós, dedicado a la vida y las costumbres rurales de la comarca, y la llamada Alzinera de Linyola, una carrasca centenaria con un fuerte valor simbólico para los vecinos, que durante generaciones ha servido de punto de encuentro y referencia paisajística en las afueras del pueblo. A ello se suman otros espacios de interés etnográfico, como los antiguos silos o "sitjes", excavados en el subsuelo para conservar el grano, y la Font Vella, además de varios talleres y colecciones particulares de artistas y coleccionistas locales que han dejado su huella en la villa a lo largo de los últimos decenios.

Fiestas y tradiciones

Linyola celebra dos fiestas mayores: la de mayo, en honor de Santa Quitèria, el día 22, y la de agosto, dedicada a la Asunción de la Virgen, el 15. A ellas se suman otras celebraciones muy arraigadas, como la festividad de San Antonio, el Carnaval, la procesión del Viernes Santo con los llamados "armados", la fiesta de la Cassola —que da el pistoletazo de salida a la fiesta mayor de mayo— y el Belén Viviente, que llena de ambiente navideño las calles del municipio entre finales de diciembre y los primeros días de enero.

Demografía

La serie de población de Linyola, una de las más largas y completas disponibles para este municipio, muestra un crecimiento casi continuo desde los apenas 164 habitantes registrados en 1717 hasta un máximo de 2.836 habitantes en 2009. Desde entonces se ha producido un ligero descenso, hasta situarse en los 2.762 habitantes actuales, una pérdida moderada de apenas el 3 por ciento respecto a ese máximo. En los últimos años, de hecho, la tendencia ha vuelto a ser ligeramente positiva, con subidas sostenidas desde 2016 que sitúan a Linyola entre los municipios de la comarca que mejor han resistido la despoblación del medio rural catalán, probablemente gracias a la fortaleza de su base agrícola y a su cercanía con núcleos de servicios como Mollerusa y Balaguer.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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