Celrà, Girona

Celrà. Pueblos de Girona

📝 Contenido:
  1. Celrà: 309 años de censos y un sol que nadie sabe por qué está en su escudo
  2. Lo que Cuentan los Censos de Celrà
  3. Entre el Ter y las Gavarres
  4. De la primera mención de 922 a los bombardeos de la Guerra Civil
  5. Tres castillos y una iglesia que tardó ochenta años en acabarse
  6. Cal viva, hierro y una fábrica que hoy es centro cívico
  7. Del teatro obrero al deporte de cantera
  8. Planifica tu Visita a Celrà
  9. Otros Pueblos de Girona

Celrà: 309 años de censos y un sol que nadie sabe por qué está en su escudo

Celrà, a un paso de Girona capital, puede presumir de algo que muy pocos pueblos españoles tienen: una serie de población que arranca en 1717, más de tres siglos de datos casi ininterrumpidos. Y puede presumir también de un misterio sin resolver, el del sol que decora su escudo desde el siglo XVII sin que nadie sepa con certeza por qué.

Lo que Cuentan los Censos de Celrà

En 1717, Celrà tenía 437 habitantes. Un siglo después, en 1787, ya eran 767. La población se mantuvo relativamente estable durante el XIX y buena parte del XX —nunca por debajo de los 1.500 ni por encima de los 2.400— hasta que el censo de 1970 registró 2.326 vecinos y el de 1975 solo 1.965, una caída del 16 % que nada tiene que ver con una fuga de población: en 1968 el término de Campdorà, que hasta entonces pertenecía a Celrà, se incorporó al municipio de Girona, con sentencia del Tribunal Supremo que lo confirmó en 1974.

A partir de ahí, el crecimiento no se ha detenido: 2.762 habitantes en 2001, 4.329 en 2008, hasta los 5.621 de 2025, el máximo de toda la serie y una cifra que multiplica por casi trece la población de 1717.

Entre el Ter y las Gavarres

El municipio ocupa 19,5 km² en la comarca del Gironès, en la margen derecha del río Ter, con el que limita al norte. El término se divide en dos paisajes bien diferenciados: una zona montañosa al sur, dentro del macizo de les Gavarres, con el Puig d'en Batet como punto más alto, y la llanura del Pla de Celrà, formada por los aluviones del propio Ter y de arroyos como el Palagret, el Vermell o el Valltorta. El clima es templado, con inviernos suaves y veranos secos, y una pluviosidad anual de entre 500 y 600 milímetros concentrada en mayo, octubre y noviembre.

De la primera mención de 922 a los bombardeos de la Guerra Civil

El nombre de Celrà aparece documentado por primera vez en el año 922, cuando el rey franco Carlos III reconoció al obispo de Girona las posesiones que tenía en la zona, entre ellas Celrà y Palagret. La parroquia dedicada a Sant Feliu existía ya en el 946, y hacia el año 1000 el término agrupaba las antiguas villas de Celerano, Palacroto, Olmedo y Riard. Buena parte de la Edad Media gironina se repite aquí en miniatura: dominios episcopales, alodios de pequeños campesinos, donaciones a monasterios como el de Sant Daniel o Sant Esteve de Banyoles, y un intercambio en 1088 por el que el obispo Berenguer Guifred cedió sus propiedades en Celrà a la Catedral de Girona a cambio de tierras en La Bisbal.

La cercanía con Girona capital pasó factura en dos guerras muy distintas. Durante la invasión napoleónica, Celrà fue ocupado dos veces por las tropas francesas y veintitrés celranenses murieron defendiendo la capital. Más de un siglo después, durante la Guerra Civil, se construyó en el municipio un aeródromo militar que llegó a sufrir diez bombardeos entre 1937 y 1939. Como si la historia quisiera subrayar el dato, en la Nochebuena de 1976 un incendio provocado con líquido inflamable destruyó buena parte del archivo histórico del Ayuntamiento.

Tres castillos y una iglesia que tardó ochenta años en acabarse

El patrimonio de Celrà se reparte en tres castillos y una torre. El castillo de Celrà, documentado desde los siglos X y XI, ha llevado a lo largo de la historia el nombre de las sucesivas familias propietarias —Aguiló, Escala, Foixà, Serra— y conserva hoy una torre circular dentro de un recinto cuadrangular. El castillo de Palagret, de la misma época, estuvo oculto bajo la maleza hasta que el Ayuntamiento compró el terreno y emprendió campañas de excavación que han recuperado buena parte de sus restos arqueológicos. Del castillo de Barbavella solo quedan ruinas en lo alto de una colina. La Torre Desvern, románica y del siglo XII, completa el conjunto defensivo medieval del municipio.

La iglesia de Sant Feliu resume por sí sola buena parte de esa historia: documentada desde el siglo XI, su construcción actual se fue levantando a lo largo del XVIII —las primeras capillas laterales en 1731— hasta que el nuevo templo fue bendecido en 1780 por el obispo de Girona; la fachada no se terminó hasta 1803 y el campanario hasta 1853. La Guerra Civil destruyó el retablo barroco del altar mayor, y el que hoy puede verse, con las figuras de Sant Feliu y los mártires Sant Sixt y Sant Hou, no se consagró hasta 1964. El núcleo antiguo del pueblo, por su parte, tiene su origen en la sagrera medieval que rodeaba la iglesia desde el siglo XI: un espacio de asilo eclesiástico donde los payeses guardaban cosechas y aperos a salvo del pillaje de una naciente y cada vez más violenta señoría feudal.

Cal viva, hierro y una fábrica que hoy es centro cívico

La economía de Celrà se construyó sobre varias industrias sucesivas. Hasta mediados del siglo XX, varios hornos de cal viva y seis ladrillerías abastecían de materiales de construcción a la comarca; hoy solo quedan los restos de cuatro hornos y la chimenea de una ladrillería. La Acequia Vinyals, en funcionamiento desde principios del XIX, sigue regando 190 hectáreas con un caudal de 3.000 litros por segundo tomados del Ter.

Entre 1892 y 1918 se explotaron minas de hierro en el término municipal: primero la sociedad Minas de Celrà, después Hierros de Celrà, que llegó a construir un tranvía aéreo para llevar el mineral hasta la estación de ferrocarril. La mayoría de los mineros llegaron de fuera de Cataluña, sobre todo del País Valenciano y Murcia, y muchos se quedaron a vivir en el pueblo tras el cierre de las minas. La Fábrica Pagans, fundada en 1902 para la producción de extractos tánicos y productos químicos, dio trabajo a cerca de trescientas personas en su mejor época antes de cerrar en 1971; rehabilitada por el Ayuntamiento, es hoy la sede del centro cívico municipal. Desde los años setenta, un polígono industrial ha atraído a más de sesenta empresas, convirtiéndose en uno de los más importantes de las comarcas gerundenses.

Del teatro obrero al deporte de cantera

El Teatre Ateneu, construido en 1913 por los propietarios de la fábrica Brillas i Pagans en beneficio de sus trabajadores, fue comprado y reformado por el Ayuntamiento en 1992 y vuelto a remodelar por completo a finales de 2008; desde entonces acoge con regularidad teatro, cine, música y danza. El deporte local se reparte entre cuatro entidades: el Centre Excursionista Celrà, el Club Esportiu Joventut Celrà de baloncesto, el Club de Patinatge l'Aulet y la Unió Cultural i Esportiva Celrà de fútbol.

Planifica tu Visita a Celrà

Celrà se encuentra junto a la carretera C-66 que une Girona con La Bisbal d'Empordà, a pocos minutos en coche o en tren de cercanías de la capital gironina. El municipio está a 71 metros de altitud y ocupa 19,5 km² de superficie.

Una visita puede combinar el patrimonio medieval —castillo de Palagret, Torre Desvern, iglesia de Sant Feliu— con el industrial, recorriendo la antigua Fábrica Pagans convertida en centro cívico y buscando los restos del tranvía aéreo de las minas de hierro. Quien prefiera naturaleza tiene a mano el macizo de les Gavarres, con sus senderos entre el Pla de Celrà y las primeras estribaciones montañosas del sur del término.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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