Encío es uno de los municipios más pequeños de la provincia de Burgos. El padrón de 2025 le atribuye 37 habitantes, repartidos por un término municipal de 18,6 kilómetros cuadrados. Salen 2,0 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media española ronda los noventa y cuatro.
El casco urbano se sitúa a 659 metros de altitud.
Lo que Cuentan los Censos de Encío
El registro disponible empieza en 2001 con 69 habitantes. Ese sigue siendo su máximo registrado.
Hoy son 37, un 46 % menos que en aquel momento de máxima población.
La tendencia reciente sigue a la baja: de 43 habitantes en 2022 a 37 en 2025.
Datos de Encío de un Vistazo
- Provincia: Burgos
- Población: 37 habitantes (padrón de 2025)
- Superficie: 18,6 km²
- Altitud: 659 metros
- Coordenadas: 42,6675 N, 3,0844 O
- Código INE: 09120
- Ayuntamiento: www.encio.es
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata, serie desde 2001.
Encío
Un lugar con alma
En el extremo oriental de la provincia de Burgos, dentro del hermoso Valle de Tobalina, se encuentra Encío, un pequeño pueblo que parece abrazado por montes, bosques y barrancos que dibujan un paisaje lleno de misterio y encanto. Encío es un rincón donde la naturaleza y la historia forman una armonía perfecta: la luz cae distinta sobre sus tejados, el aire llega fresco desde los montes cercanos y el silencio se convierte en una compañía serena que invita a respirar más despacio.
Aquí, el tiempo se percibe de otra manera. Las mañanas avanzan lentas, con el canto de los pájaros como único anuncio del día; las tardes iluminan las laderas con tonos cálidos; y las noches, limpias y profundas, muestran un cielo estrellado difícil de olvidar. La vida rural sigue marcando el ritmo del pueblo, donde la cercanía entre vecinos, el contacto con la tierra y la memoria de generaciones se sienten en cada rincón.
Encío es un lugar con alma, de esos que sorprenden sin levantar la voz. Un pueblo pequeño, pero lleno de presencia, donde la naturaleza es compañera, la historia es raíz, y la calma es identidad.
Patrimonio que perdura
Aunque pequeño, Encío posee un patrimonio lleno de autenticidad, donde cada edificio y cada piedra hablan del pasado rural y del carácter de sus habitantes. Su construcción más destacada es la Iglesia de San Román, un templo de origen medieval que se alza sobre el caserío con su silueta sobria y su arquitectura tradicional en piedra. Su espadaña recortada contra el cielo y la serenidad de su entorno hacen que la iglesia sea uno de los puntos más evocadores del pueblo.
En su interior se conservan:
• retablos de estilo tradicional castellano,
• imágenes devocionales que acompañan la vida del pueblo desde hace siglos,
• un ambiente recogido que transmite espiritualidad y silencio.
Encío conserva también una arquitectura popular armoniosa:
• casas de piedra de muros gruesos, algunas con entramados de madera,
• calles estrechas que siguen el trazado antiguo,
• portones con herrajes artesanales, que revelan oficios ya desaparecidos,
• corrales y pajares, que mantienen viva la memoria del trabajo agrícola.
En su patrimonio etnográfico destacan:
• fuentes tradicionales, esenciales en la vida rural,
• lavaderos antiguos, lugares de encuentro social de tiempos pasados,
• restos de construcciones ligadas al pastoreo y a la agricultura,
• pequeños elementos de piedra que marcan caminos, lindes y antiguas rutas.
El pueblo conserva su esencia arquitectónica sin artificios, y eso lo convierte en un lugar que emociona por su autenticidad.
Naturaleza en estado puro
El entorno natural de Encío es uno de los más sorprendentes y bellos del Valle de Tobalina. Entre montes, barrancos y cortados rocosos, la naturaleza se expresa con una fuerza especial. A pocos kilómetros se encuentran las Hoces del Ebro y el Parque Natural de los Montes Obarenes-San Zadornil, un territorio donde la vegetación, la fauna y la geología crean paisajes que despertan asombro.
Las estaciones transforman Encío de formas muy distintas:
Primavera
Los montes se cubren de verde, los prados se llenan de flores y el aire adquiere una frescura que invita al paseo. Los arroyos estacionales bajan con fuerza y el canto de los pájaros llena el valle.
Verano
La luz es intensa y cálida. La sombra de las encinas y robles se vuelve un refugio natural, y los valles muestran un contraste de colores vibrantes. El aire huele a hierba, a tomillo y a espliego.
Otoño
La vegetación se transforma en una explosión de tonos ocres, dorados y rojizos. Es la estación más poética, ideal para caminar por senderos que atraviesan bosques y miradores naturales.
Invierno
La niebla y la escarcha envuelven el pueblo, y, en ocasiones, la nieve cubre las laderas, creando una atmósfera tranquila, silenciosa y profundamente evocadora.
La flora es rica y variada:
• encinas, robles y quejigos,
• enebros y sabinas en zonas de monte bajo,
• vegetación de ribera en arroyos y barrancos,
• plantas aromáticas como tomillo, romero y espliego.
La fauna también es abundante:
• corzos y jabalíes en los bosques cercanos,
• buitres leonados y águilas sobre los cortados,
• milanos, cernícalos y otras rapaces menores,
• pequeños mamíferos y aves cantoras que llenan de vida el paisaje.
Los caminos rurales y senderos que parten del pueblo permiten descubrir miradores naturales, barrancos sorprendentes y paisajes que parecen sacados de un cuadro.
Costumbres que viven
Las tradiciones de Encío son la expresión de su identidad y de su vida comunitaria. Aunque es un pueblo pequeño, conserva celebraciones que fortalecen el vínculo entre vecinos y mantienen viva la memoria del lugar.
La fiesta en honor a San Román, patrón del pueblo, es la más importante. Durante esos días se celebran:
• procesiones en las que los vecinos acompañan al santo,
• actos religiosos cargados de devoción,
• verbenas que llenan la noche de música,
• comidas populares que reúnen a familias y visitantes,
• actividades tradicionales que recuperan el espíritu festivo de antaño.
También se celebran:
• San Isidro, ligado al campo y a la bendición de los cultivos,
• fiestas de verano donde regresan quienes viven fuera,
• celebraciones navideñas que llenan de luz y cercanía las jornadas de invierno.
Las costumbres rurales siguen presentes:
• la matanza tradicional,
• el trabajo en huertos familiares,
• el pastoreo en zonas cercanas,
• tertulias en portales y plazas pequeñas,
• historias transmitidas por los mayores sobre el valle, los montes y la vida de antes.
En Encío, las tradiciones son un puente entre generaciones y un reflejo del carácter cálido del pueblo.
Sabores con historia
La gastronomía de Encío es la típica de la Castilla burgalesa, una cocina honesta, contundente y llena de matices que proceden directamente del campo y del trabajo de las familias.
Entre los platos más emblemáticos:
• cordero lechal asado, uno de los grandes tesoros culinarios de Burgos,
• morcilla de Burgos, imprescindible en celebraciones,
• embutidos caseros, elaborados en la matanza,
• sopas de ajo, cocidos y guisos tradicionales de invierno.
La huerta local ofrece productos llenos de sabor:
• tomates con aroma intenso,
• pimientos asados,
• cebollas, ajos y patatas de secano,
• hortalizas cultivadas con mimo.
El entorno natural aporta:
• setas y hongos en otoño, como boletus y níscalos,
• miel recogida en colmenas cercanas,
• hierbas aromáticas que se usan en infusiones y guisos.
Los vinos de Ribera del Duero y Arlanza, cercanos y de gran personalidad, maridan perfectamente con los platos del pueblo.
La repostería casera incluye:
• rosquillas tradicionales,
• pastas de manteca,
• bizcochos familiares,
• flanes y natillas hechas con recetas de siempre.
Un destino que deja huella
Encío es uno de esos lugares donde la naturaleza se siente cercana, donde el pasado convive con el presente sin artificios y donde el silencio se convierte en un aliado para la calma. Pasear por sus calles, contemplar los montes que lo rodean o escuchar el murmullo del viento entre robles y encinas es una experiencia que permanece en la memoria.
Es un destino que deja huella porque ofrece belleza auténtica, serenidad y una conexión profunda con la tierra. Aquí, la esencia de la Castilla más natural se muestra sin prisas, con verdad y con una delicadeza que emociona.
Encío no se olvida.
Se vive, se siente y permanece para siempre.
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