Olèrdola es un municipio de la comarca del Alto Panadés, en la provincia de Barcelona, con capital en Sant Miquel d'Olèrdola. Tiene 3.945 habitantes y una superficie de 30,1 kilómetros cuadrados, repartidos entre varios núcleos de población —Moja, Sant Miquel d'Olèrdola, Sant Pere Molanta y Viladellops, además de urbanizaciones más recientes como Daltmar y Can Trabal—. Sus vecinos se llaman olerdolencs. Pocos municipios del Panadés tienen un peso histórico y arqueológico comparable al de Olèrdola, cuyo nombre procede precisamente de la antigua ciudad amurallada que se alza en el cerro de Sant Miquel, capital histórica de la comarca durante la Alta Edad Media y hoy convertida en uno de los yacimientos medievales más visitados de Cataluña.
Geografía
El municipio se extiende sobre un territorio montañoso en las vertientes septentrionales del macizo del Garraf, a unos 50 kilómetros al suroeste de Barcelona y pocos kilómetros al sur de Villafranca del Panadés. La altitud oscila entre los 180 metros y los 465 metros del Puig de l'Àliga, su punto más elevado, situado en el límite con el término de Canyelles. La red hidrográfica vierte principalmente hacia la riera de Vilafranca. Por el término pasan importantes vías de comunicación: la autopista AP-7, con salidas propias en el municipio, la carretera N-340, la autovía C-15 y el futuro Eje Diagonal que unirá Manresa, Igualada, Villafranca del Panadés y Villanueva y Geltrú, lo que ha hecho de Olèrdola un enclave logístico e industrial dentro de la comarca. Limita con Villafranca del Panadés, Sant Cugat Sesgarrigues, Avinyonet del Panadés, Olivella, Canyelles, Castellet i la Gornal y Santa Margarida i els Monjos.
Historia
El cerro de Sant Miquel, donde hoy se levanta el conjunto amurallado de Olèrdola, ha estado ocupado desde el inicio de la Edad del Bronce, hacia el año 2000 antes de Cristo. A finales del siglo II antes de Cristo los romanos establecieron allí un campamento militar para controlar la vía Hercúlea, más tarde Vía Augusta, que atravesaba la comarca, y levantaron una muralla de dos metros de espesor que recuerda a la de Tarragona, junto con una gran cisterna excavada en la roca. Tras un periodo de abandono, el lugar volvió a cobrar protagonismo hacia el año 930, cuando el conde Suñer I decidió repoblarlo por su valor estratégico como atalaya avanzada frente al avance musulmán, construyendo un castillo y la primitiva iglesia de San Miguel. Durante esta etapa, Olèrdola llegó a ser capital del condado del Panadés, y uno de sus señores, Mir Geribert, se rebeló contra el conde de Barcelona en el siglo XI y llegó a proclamarse "Príncipe de Olèrdola", episodio que refleja el peso político que tuvo entonces la plaza. Tras la conquista cristiana de Tarragona en 1089, Olèrdola perdió su valor estratégico, y en 1108 la ciudad fue destruida por los almorávides. Aunque se repobló, sus habitantes fueron trasladándose paulatinamente a zonas más llanas y aptas para la agricultura, lo que dio origen a la vecina Villafranca del Panadés, que heredó el papel de capital comarcal. El recinto histórico pasó a manos de la Diputación de Barcelona en 1963, que abrió en 1971 el primer museo monográfico, traspasado en 1995 a la Generalitat de Catalunya como sede del Museo de Arqueología de Cataluña; el actual centro de interpretación data de 1999.
Patrimonio
El conjunto histórico de Olèrdola, en la cima del cerro de Sant Miquel, incluye las ruinas del castillo de Suñer I, la cisterna romana excavada en roca con capacidad para 328 metros cúbicos, numerosos silos para grano tallados en la piedra y la iglesia preromànica de San Miguel, reconstruida en estilo románico a finales del siglo X. Fuera de la muralla se extiende el barrio medieval conocido como el Pla dels Albats, con las ruinas de una capilla románica y uno de los conjuntos de tumbas antropomorfas más importantes de Cataluña, llamadas precisamente "olerdolanas" por haber sido descubiertas aquí por primera vez. A un kilómetro se encuentra la ermita del Santo Sepulcro, una singular iglesia románica de planta circular, levantada en 1061, que conserva pinturas murales arcaicas. En el núcleo de Moja se halla la torre primitiva de defensa circular que dio origen al pueblo, así como la iglesia de San Jaime, en la plaza principal, y el antiguo Celler Cooperatiu, un notable ejemplo de modernismo industrial vinculado a la tradición vitivinícola. En Sant Pere Molanta se conserva la iglesia homónima, de origen en el año 991 y reconstruida en 1774 en estilo barroco popular, junto a la que se hallaron dos tumbas antropomorfas más. El entorno natural del Parc Comarcal d'Olèrdola, de 409 hectáreas gestionadas por la Diputación de Barcelona desde 1988, protege además las pinturas rupestres del cingle de la Vall de la Seguera, incluidas desde 1998 en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica.
Economía
Olèrdola es territorio de viñas acogidas a la Denominación de Origen Penedès, con varias bodegas elaboradoras de vino y cava, algunas instaladas en edificios de notable valor arquitectónico, abiertas a visitas concertadas durante buena parte del año. Junto a la actividad vitivinícola, el municipio ha desarrollado un importante tejido industrial y logístico gracias a su privilegiada situación junto a la AP-7 y la N-340. El polígono industrial de Sant Pere Molanta, con casi 62 hectáreas y más de 50 de suelo industrial, es uno de los mayores de la comarca del Alto Panadés y reúne 125 empresas nacionales y europeas dedicadas a servicios, comercio al por menor y actividad industrial. El polígono del Clot de Moja, creado en 1999 con 29 hectáreas repartidas en 60 parcelas, se ha llenado con rapidez de empresas de servicios y logística, mientras que el sector de Els Espiells, en la carretera de Moja, está destinado a nuevo desarrollo industrial en el planeamiento municipal vigente. Esta combinación de viticultura tradicional e industria logística explica buena parte del notable crecimiento demográfico del municipio desde comienzos de siglo.
Fiestas
Al estar formado por varios núcleos de población, cada uno conserva su propia fiesta mayor: Moja celebra la de invierno el 11 de enero en honor de San Macario y la de verano el 25 de julio, festividad de Santiago; Sant Pere Molanta festeja a San Roque los días 15 y 16 de agosto; Sant Miquel d'Olèrdola lo hace el segundo domingo de octubre en honor de San Miguel; Can Trabal celebra su fiesta el último fin de semana de julio, y Daltmar en torno al 5 de agosto, festividad de la Virgen de las Nieves. Cada inicio de primavera se celebra la Festa de l'Arbre, jornada de reforestación y limpieza de bosque abierta a toda la población, y el fin de semana anterior a la segunda Pascua tiene lugar la Trobada d'Olèrdola, en el recinto del castillo, pensada para reunir a vecinos de todos los núcleos con actividades lúdicas y culturales. La Diputación de Barcelona organiza además la jornada "Viu el Parc" y, en verano, un ciclo de música en el recinto histórico, que convierten el castillo en escenario cultural además de yacimiento arqueológico.
Cuándo Ir
La primavera es una época especialmente recomendable para visitar Olèrdola, coincidiendo con la Festa de l'Arbre y con el buen tiempo para recorrer a pie o en bicicleta la llamada Ruta del Agua y el Vino, señalizada desde 1998, que parte de Sant Miquel d'Olèrdola y conecta fuentes y bodegas del municipio. El verano resulta ideal para combinar la visita al conjunto histórico con el ciclo de música que organiza la Diputación de Barcelona en el recinto del castillo, aunque conviene buscar las horas de menor calor para recorrer el yacimiento al aire libre. El otoño, con la vendimia recién terminada, es un buen momento para visitar las bodegas de la Denominación de Origen Penedès, mientras que quienes busquen participar en las fiestas locales deberán planificar la visita según el núcleo y la fecha concreta, repartidas entre enero, julio, agosto y octubre.
Planifica tu Visita
Olèrdola se encuentra muy bien comunicada gracias a la autopista AP-7 y a la carretera N-340, lo que permite llegar con facilidad desde Barcelona en poco más de media hora. La visita puede organizarse en torno al conjunto histórico de Sant Miquel, gestionado por el Museo de Arqueología de Cataluña, donde conviene reservar un par de horas para recorrer las murallas, la cisterna romana, la iglesia prerrománica y el centro de interpretación, además del cercano Pla dels Albats con sus tumbas antropomorfas. Desde allí, un desvío de un kilómetro lleva hasta la ermita circular del Santo Sepulcro. En Moja merece la pena pasear por el núcleo histórico junto a la torre de defensa y la iglesia de San Jaime, y acercarse al antiguo Celler Cooperatiu. Los aficionados al vino y al cava pueden completar la jornada con una visita concertada a alguna de las bodegas de la Denominación de Origen Penedès repartidas por el término, o seguir la Ruta del Agua y el Vino en bicicleta. Quienes dispongan de todo un día pueden combinar la visita con el Parc Comarcal d'Olèrdola, con sus zonas arqueológica, agrícola y paisajística, siempre respetando el acceso restringido a las pinturas rupestres protegidas por la UNESCO.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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