Oliva de la Frontera es un municipio de la provincia de Badajoz, en la comarca extremeña de Sierra Suroeste, con 4.907 habitantes y gentilicio «olivero». Situado en plena Raya con Portugal, a 84 km de la capital pacense, es la segunda localidad más poblada de su comarca, solo por detrás de la cabecera, Jerez de los Caballeros. Su nombre actual, adoptado apenas en 1928, resume buena parte de su historia: un pueblo fronterizo que cambió de denominación varias veces antes de fijar la que hoy lo identifica.
Geografía
El término municipal, de 149,3 km², se extiende en plena frontera hispanoportuguesa y limita al mismo tiempo con Portugal y con Andalucía: al norte con Zahínos y Villanueva del Fresno, al sur con Barrancos (Portugal) y Encinasola (Huelva), al este con Jerez de los Caballeros y al oeste con Valencia del Mombuey. El paisaje predominante es el de dehesa, que se extiende desde Zafra hasta las sierras de Huelva, con grandes encinares adehesados y zonas de jaral en las laderas más degradadas. Dentro del término se encuentra la finca comunal de Campo Oliva, de más de 10.000 hectáreas compartidas con Valencia del Mombuey, reconocida como área importante para las aves en Europa por la presencia de buitre leonado, buitre negro, milano real y águila calzada, entre más de un centenar de especies registradas. Por el sur, el río Ardila marca de forma natural la frontera con la localidad portuguesa de Barrancos. La capital se alza a 373 metros de altitud, en un entorno bien regado por el arroyo Oliva, que antiguamente atravesaba el pueblo de nordeste a suroeste por una conducción abovedada subterránea.
Historia
El territorio de Oliva de la Frontera se conoció en época romana como Cesaróbriga, y tras la Reconquista pasó a llamarse Val Oliva u Oliva, nombre que aparece ya en una donación de Alfonso XI de 1337 a Pedro Ponce de León, señor de Marchena. En 1402 el municipio fue vendido a Gomes Suárez de Figueroa por una suma de doblas moriscas y plata, incorporándose al Ducado de Feria; las guerras con Portugal habían dejado entonces el lugar casi despoblado, con apenas cuatro vecinos, por lo que el nuevo señor otorgó una carta-puebla con exenciones fiscales para atraer pobladores. Entre 1773 y 1775 estalló un largo conflicto entre los vecinos de Oliva y el duque de Medinaceli por el cobro abusivo de terrazgo sobre la dehesa del Campo; el pleito se resolvió en 1776 a favor de la villa, que en 1788 logró su exención como villa independiente, un precedente que otras localidades del entorno trataron de imitar. La Guerra de la Independencia trajo nuevos sufrimientos, con tropas francesas acuarteladas en el pueblo entre 1810 y 1812 y una deuda de guerra que arruinó a buena parte de los oliveros. El nombre definitivo llegó en el siglo XX: tras llamarse «Oliva de Jerez» desde 1836 sin ningún fundamento histórico, el Ayuntamiento acordó en 1927 recuperar un nombre propio, y el 31 de octubre de 1928 Alfonso XIII autorizó mediante Real Orden el cambio a Oliva de la Frontera, denominación que se mantiene desde entonces.
Patrimonio
El episodio que más condicionó el patrimonio actual de Oliva de la Frontera fue la invasión portuguesa de 1654, que arrasó el castillo y la mayoría de las seis o siete ermitas levantadas en los siglos XVI y XVII, salvándose solo las de San Pedro y la Virgen de Gracia. El edificio más representativo del pueblo es, por eso, el santuario de Nuestra Señora de Gracia, erigido en el siglo XV sobre un cerro a las afueras y dotado de una torre barroca que se compara con las de la vecina Jerez de los Caballeros; su aspecto actual procede de una reconstrucción casi completa de principios del siglo XX. En el centro del pueblo preside la plaza la iglesia parroquial de San Marcos Evangelista, de traza neoclásica y planta de cruz latina, levantada en el siglo XVIII sobre un templo anterior, con nave única y cúpula sobre el crucero. El paseo de las Palmeras, en pleno casco urbano de calles encaladas y plazas amplias, se considera uno de los más atractivos de la región. Fuera del núcleo, el Campo Oliva conserva todavía construcciones tradicionales de probable origen celta: las chozas, antiguas viviendas de pastores con su «burrera» o cobijo para las bestias adosada, y los hornos comunitarios de pan que marcaban la vida en la dehesa antes de que cada choza tuviera el suyo propio.
Economía
La base económica de Oliva de la Frontera sigue siendo la agricultura y la ganadería, con el cerdo ibérico como protagonista absoluto gracias a la abundancia de dehesa, junto al ganado ovino y vacuno. En torno a esta materia prima se ha desarrollado una industria chacinera notable, con fábricas de chorizos, morcones, morcillas, salchichones, lomos y jamón, además de particulares que mantienen la tradición de la matanza para consumo propio. El municipio cuenta también con fábricas de aglomerado y tapones de corcho, piensos, dulces y hachas para la poda y saca del corcho, estas últimas exportadas a toda España, lo que da a Oliva un tejido industrial ligado al monte mediterráneo poco habitual en una localidad de su tamaño.
Fiestas
La fiesta patronal es la Feria de San Marcos, los días 24 y 25 de abril, que arranca la noche del 24 con la Candela de San Marcos, una hoguera de probable origen celta encendida en honor del patrón, y continúa al día siguiente con misa y procesión por las calles del pueblo. El 15 de mayo se celebra la romería de San Isidro Labrador en la Dehesa Boyal, a la que el santo llega en procesión desde su ermita acompañado de romeros a caballo y carretas engalanadas, dando paso a una jornada de convivencia campestre con casetas improvisadas junto a la ermita. La feria de mayor afluencia, sin embargo, es la Feria de Septiembre, que se celebra de jueves a domingo en torno al día 17, y desde 2009 se añade en primavera la Feria de la Dehesa, dedicada a promover el aprovechamiento sostenible de este paisaje y sus productos. Durante la Semana Santa, Oliva de la Frontera representa además su propia Pasión Viviente por las calles del pueblo.
Cuándo ir
La primavera concentra buena parte del calendario festivo de Oliva de la Frontera, con la Feria de San Marcos en abril, la romería de San Isidro en mayo y la Feria de la Dehesa, además de ser la época en que los jarales y las encinas del Campo Oliva muestran su mayor esplendor, con los gurumelos floreciendo entre las piedras de los cerros. El verano es buena temporada para recorrer a pie la ribera del río Ardila y el paraje de Villasirga, con sus merenderos junto al embalse. En septiembre, en torno al día 17, llega la feria de mayor tirón popular del año, mientras que la Semana Santa, con su Pasión Viviente, es la cita más singular para quien busca algo distinto a las fiestas patronales de otros pueblos extremeños.
Planifica tu visita
Oliva de la Frontera se comunica por carretera a través de la EX-112 con Jerez de los Caballeros y Villanueva del Fresno, la EX-317 con Encinasola, y las carreteras provinciales BA-078 y BA-102 con Zahínos, Higuera de Vargas y Valencia del Mombuey, sin conexión ferroviaria propia. Conviene dedicar una mañana a recorrer el casco urbano, con la iglesia de San Marcos y el paseo de las Palmeras, y la tarde a subir hasta el santuario de la Virgen de Gracia, en las afueras. Para quien quiera conocer el Campo Oliva es recomendable contar con vehículo propio o contactar con guías locales que conozcan los caminos de la dehesa, ya que la finca comunal se extiende durante kilómetros entre Oliva y Valencia del Mombuey. No conviene marcharse sin probar los embutidos ibéricos locales ni la caldereta de cordero, acompañados de dulces tradicionales como las perrunillas o las rosquillas.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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