Mazaricos: el Olimpo Celta y el río que cae al mar en cascada
En el interior de la Costa da Morte, a diez minutos de la ría de Muros y Noia, Mazaricos reúne dos elementos que pocos municipios gallegos pueden presumir de tener juntos: el Monte Pindo, apodado el «Olimpo Celta», y el río Jallas, el único de Europa que desemboca en el mar formando una cascada. Con 3.721 habitantes repartidos en doce parroquias y una extensión de 188,3 km², este municipio de la provincia de A Coruña ha vivido en el último cuarto de siglo uno de los procesos de despoblación más acusados de la comarca, sin perder por ello un patrimonio natural y megalítico que sigue atrayendo a quienes recorren el Camino de Santiago hacia Finisterre.
Geografía de Mazaricos
El municipio, con capital en A Picota, limita con Santa Comba —con quien forma la comarca del Jallas—, Negreira, Outes, Muros, Carnota, Dumbría, Vimianzo y Zas, y se sitúa en una posición estratégica muy cerca de la costa, a apenas diez minutos de la ría de Muros y Noia y de la playa de Carnota, con más de 7 kilómetros de longitud y una de las más extensas de Galicia. El territorio tiene una altitud media de 310 metros, aunque se eleva con fuerza hacia el sur, donde comparte con el vecino municipio de Carnota el macizo del Monte Pindo (627 m), conocido popularmente como el «Olimpo Celta». Otras alturas destacadas son A Ruña (641 m), los Montes das Paxareiras (581 m), el Aro (555 m) y el Pedroso (501 m).
Por el municipio discurre el río Jallas, que recoge las aguas de numerosos valles fluviales antes de precipitarse al mar en una cascada única en el continente, un fenómeno que también se repite a menor escala en las fervenzas de Chacín y Arcos. El municipio reúne, además, doce parroquias: Alborés, Antes, Arcos, Baos, Beba, Chacín, Coiro, Colúns, Corzón, Eirón, Maroñas y la propia Mazaricos.
Historia de Mazaricos
La abundancia de restos megalíticos —mámoas y dólmenes repartidos por buena parte del territorio— confirma una ocupación humana muy temprana de esta zona de la Costa da Morte, mucho antes de que existiera documentación escrita. La primera referencia conocida data del siglo IX, a raíz de unas donaciones realizadas por el conde Alvito. De la Edad Media también procede el castillo de Peñafiel, levantado en las estribaciones del Monte Pindo y propiedad de Alonso Suárez de Deza, que acabó confiscado y derribado por su posible implicación en la muerte del arzobispo Suero Gómez de Toledo; hoy solo quedan sus ruinas. Otra fortificación medieval, el castillo de Brandufe o «Castillo Grande», se conserva igualmente en ruinas en el lugar de Monteagudo.
La serie de población disponible cuenta una historia reciente muy distinta: en 2001 Mazaricos tenía 6.072 habitantes, el valor más alto de los últimos veinticinco años, y ha bajado de forma sostenida hasta los 3.721 de 2025, una pérdida del 39 %. En ese descenso hay un escalón que merece explicación y no alarma: entre 2012 (4.533 habitantes) y 2013 (4.141) el padrón bajó un 8,6 % en un solo año, un salto que en municipios costeros con residentes extranjeros suele corresponder a una depuración administrativa del censo y no a una salida real de vecinos. Más allá de ese ajuste puntual, la tendencia de fondo —la misma que sufren buena parte de los municipios rurales del interior de la Costa da Morte— es real y continuada.
Patrimonio de Mazaricos
El patrimonio natural tiene en el Monte Pindo su gran icono, un paraje por el que una asociación vecinal lleva años reclamando, sin éxito hasta la fecha, su declaración como parque natural. A sus pies, en la parroquia de Arcos, se levantan las ruinas del ya citado castillo de Peñafiel. El municipio guarda también la Devesa de Anllares, de 50 hectáreas, considerada el bosque autóctono más occidental de toda Galicia, repartido entre los lugares de Campelo y Castrelo en el tramo final del Jallas.
El rastro megalítico y celta es especialmente denso: el dolmen de Mina de Parxubeira, también llamado dolmen de Corveira, se conserva en perfecto estado junto a la carretera que une A Coruña con Muros, y en el lugar de Montellos, en la parroquia de Eirón, se identifican los restos de un antiguo castro celta. Del paso de Roma por el municipio da testimonio el puente romano de Brandomil, sobre el Jallas, en el límite con Zas, construido en el siglo I y todavía en buen estado de conservación. A ellos se suman el puente de A Pontenova, el hórreo de Castelo, el cruceiro do Cirolán y el pazo de Fontán, en Beba, además de la capilla de A Virxe do Monte, fundada en 1615 en la parroquia de Coiro, donde cada año se celebra una de las romerías más concurridas del municipio.
Economía de Mazaricos
La economía de Mazaricos sigue apoyada con fuerza en el sector primario, en especial en la ganadería y la agricultura. La comarca del Jallas, de la que este municipio forma parte junto a Santa Comba, es líder en producción de leche dentro de Galicia y uno de los principales productores de Ternera Gallega, el distintivo de calidad más conocido del sector cárnico de la comunidad. El municipio tiene, además, un valor añadido para el turismo rural y de peregrinación: por su territorio pasa el Camino de Santiago en su variante hacia Finisterre, prolongación del Camino Francés una vez que este llega a Compostela.
Fiestas de Mazaricos
La cita gastronómica más importante del municipio y de toda la comarca del Jallas es la Festa do Bolo do Pote, que se celebra desde hace más de dos décadas el primer domingo después de carnaval, con una degustación gratuita de este dulce elaborado de forma artesanal por las amas de casa de Mazaricos y la Asociación Monte Picoto, mientras los restaurantes de A Picota ofrecen ese mismo día un menú que combina el bolo do pote con el cocido gallego. La romería más destacada es A Romaxe, dedicada a la Virxe do Monte en la parroquia de Coiro, el último domingo de agosto, a la que se suman otras citas tradicionales como la Virxe do Carme en Mazaricos, la Virxindón en Quintáns, el Socorro de San Fins de Eirón, el Sacramento de Os Vaos y el Rubín de San Cosme de Antes. El Entroido de Arcos mantiene viva la tradición del carnaval local, y cada parroquia celebra además sus propias fiestas patronales, como San Xoán en Mazaricos, Santiago en Arcos o San Fins en Eirón.
Cuándo ir a Mazaricos
El invierno y la primavera son la temporada natural para quien quiera vivir el municipio desde dentro, con la Festa do Bolo do Pote como cita ineludible justo después de carnaval. El verano ofrece el mejor momento para combinar la visita con un baño en la cercana playa de Carnota y para recorrer con buen tiempo los senderos del Monte Pindo, mientras que el último domingo de agosto, con A Romaxe en Coiro, concentra una de las citas religiosas y sociales más multitudinarias del calendario mazaricano. El otoño, por su parte, es la estación más tranquila para explorar sin prisa el patrimonio megalítico y el puente romano de Brandomil, con el Jallas todavía caudaloso tras el verano.
Planifica tu visita a Mazaricos
Una visita completa a Mazaricos puede organizarse en tres paradas. La primera, en el entorno del Monte Pindo y las ruinas del castillo de Peñafiel, en la parroquia de Arcos, ideal para quien busque senderismo y paisaje. La segunda, junto al río Jallas, siguiendo su curso hasta las fervenzas de Chacín y Arcos y el puente romano de Brandomil, en el límite con Zas. Y la tercera, dedicada al patrimonio megalítico y religioso, con el dolmen de Parxubeira, el castro de Montellos y la capilla de A Virxe do Monte en Coiro como puntos de referencia. El municipio se encuentra a poca distancia de la red de carreteras que conecta A Coruña con Muros, y quienes recorran el Camino de Santiago hacia Finisterre pasarán, sin apenas desviarse, por buena parte de este patrimonio.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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