Ricla, Zaragoza

Ricla. Pueblos de Zaragoza

Introducción

Ricla es un municipio de la provincia de Zaragoza, en Aragón, situado en la comarca de Valdejalón, a 56 kilómetros de la capital provincial. Según Wikidata y el INE cuenta con 3.019 habitantes, una superficie de 90,67 kilómetros cuadrados y una altitud de 364 metros, y sus vecinos reciben el gentilicio de riclanos. Pocos pueblos aragoneses combinan una historia tan larga -se le atribuye el emplazamiento de la celtibérica Nertóbriga, rendida a los romanos en el año 152 antes de Cristo- con un hallazgo paleontológico único en el mundo: el cocodrilo fósil Maledictosuchus riclaensis, extraído del Barranco de las Conchas, uno de los yacimientos jurásicos más importantes de Aragón.

Geografía

El término municipal, integrado en la comarca de Valdejalón y atravesado por la autovía del Nordeste, se asienta sobre los terrenos llanos del valle del Jalón, que se abren hacia la depresión del Ebro. El río Jalón cruza el territorio de oeste a este recibiendo las aguas del Grío, su afluente por la derecha, mientras que al norte y al oeste se levantan las últimas estribaciones del sistema Ibérico zaragozano, con la sierra de Monegre superando los 750 metros, el cerro Cabezo Redondo a 595 y el puerto de la Perdiz a 561, por el que la autovía salva el límite con Chodes. El pueblo se alza a 405 metros sobre el nivel del mar, en un entorno de clima mediterráneo continentalizado con una temperatura media anual de 13,9 grados y unos 413 milímetros de precipitación al año.

Historia

Los historiadores situaron tradicionalmente en el término de Ricla la importante ciudad celtibérica de Nertóbriga, cuya localización exacta no se ha podido confirmar pese a que el monte Agualí, entre los ríos Jalón y Grío, reúne todas las condiciones estratégicas para haberla albergado; el propio escudo de Ricla, con una piel de lobo atravesada por una lanza, recuerda la rendición de Nertóbriga al cónsul romano Marco Claudio Marcelo en el año 152 antes de Cristo, durante la segunda guerra celtibérica. Del pasado romano quedan los restos de un puente, hoy cubierto por el cauce del río, y varias tumbas con ajuar funerario de los siglos II y III, halladas cerca de las piscinas municipales y que podrían formar parte de una necrópolis mayor. El pasado musulmán, que llegó con las tropas de Muza en su avance hacia Zaragoza, dejó una huella profunda en la morfología de las calles, la arquitectura y los sistemas de riego del pueblo. Tras la reconquista de Alfonso I en 1120, la población morisca permaneció en la villa durante siglos, dividida físicamente entre una parte alta musulmana y una baja cristiana separadas por un muro con dos puertas -abiertas de día, cerradas de noche-, de las que se conserva el Arco de San Sebastián. Desde finales del siglo XII la Orden del Temple mantuvo aquí una encomienda, titulada "de Ricla y Calatayud", hasta su traslado a esta última ciudad en 1289; el señorío pasó después por distintas manos nobiliarias, entre ellas los Luna, hasta que la expulsión de los moriscos de Aragón en 1610 dejó la villa prácticamente despoblada. A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz describía un Ricla de huerta fértil regada por el Jalón, con 491 casas, dos molinos harineros, una fábrica de papel de estraza, tres destilerías de aguardiente y cuatro hornos de pan.

Patrimonio

En la plaza del Ayuntamiento se concentra el patrimonio monumental más destacado, con la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora como gran protagonista: un templo mudéjar de ladrillo, levantado entre finales del siglo XIV y el XVI, con portada neoclásica de piedra, nave única de dos tramos y ábside poligonal con bóveda de crucería decorada con agramilados geométricos de tradición mudéjar. En su interior se conserva un retablo mayor obra de Francisco de Asta, de finales del siglo XVII, y el retablo de la Virgen del Rosario, atribuido al taller del gran escultor renacentista Damián Forment. La torre de la iglesia, con su cuerpo inferior cuadrado del siglo XVI y su remate octogonal de 1758 coronado por una cruz de hierro forjada en 1584, es uno de los elementos más singulares del municipio. El castillo de Ricla, de origen musulmán y reconvertido en palacio fortificado en los siglos XV y XVI por el linaje de los Luna, se asienta sobre una peña y conserva restos de muralla y un escudo con una media luna esculpida. Completan el patrimonio urbano el Ayuntamiento, instalado en una casa-palacio del siglo XVIII, el palacio del conde de Castellano, el antiguo convento de las Siervas de María, fundado a finales del siglo XIX, y varios peirones rurales, como el dedicado a los santos Teopombo y Sinesio en la salida hacia Borja. En las laderas del Barranco Santo se excavan además numerosas bodegas tradicionales rematadas por las llamadas "luminarias", chimeneas de ventilación de formas variadas que son un ejemplo singular de arquitectura popular. En el terreno natural, la Cueva de la Sima de Ricla, o Cuevas de Mármol, de fácil acceso, conserva estalactitas y estalagmitas y sirve de refugio a colonias de murciélagos entre el invierno y la primavera.

Economía

Como en buena parte de los pueblos del valle del Jalón, la riqueza hortofrutícola es la base de la economía riclana, con una agricultura que da trabajo a buena parte de los vecinos y atrae cada verano a trabajadores de distintos países para la campaña de recolección. La cereza, en todas sus variedades, es el cultivo estrella de Ricla y una de las producciones más importantes de toda España, hasta el punto de marcar el calendario laboral y demográfico del municipio en los meses de recogida.

Fiestas

Las fiestas en honor a Santa María Magdalena, patrona de Ricla desde que en 1495 se hiciera voto a la santa, se celebran el 22 de julio, aunque en otros momentos de su historia llegaron a trasladarse a la segunda semana de octubre o a la primera de septiembre. El 21 de mayo se festeja a San Teopompo y San Sinesio, los llamados cariñosamente "Santicos" en Ricla, cuya devoción se remonta a las persecuciones contra maniqueístas y cristianos del año 303, en tiempos del emperador Diocleciano. A ello se suman las fiestas de la Virgen del Carmen, el 16 de julio, y la antigua y poderosa cofradía de la Virgen de la Media Villa, que durante siglos tuvo la mayor influencia religiosa y social del municipio.

Cuándo Ir

El 22 de julio, festividad de Santa María Magdalena, es la cita grande del calendario riclano y el mejor momento para conocer el pueblo en su ambiente festivo más genuino. La época de recolección de la cereza, a finales de la primavera y principios del verano, permite además comprender in situ el motor económico del municipio y, con suerte, adquirir directamente el producto que ha dado fama a Ricla en toda España. Para quienes prefieran el patrimonio histórico y paleontológico sin el calor del verano aragonés, la primavera y el otoño son las estaciones más recomendables para recorrer con calma la iglesia mudéjar, el castillo y el Barranco de las Conchas.

Planifica tu Visita

Ricla, bien comunicada por la autovía del Nordeste con Zaragoza y La Almunia de Doña Godina, permite organizar una visita que combine el patrimonio urbano con el natural y el paleontológico. La ruta puede comenzar en la plaza del Ayuntamiento, con la iglesia mudéjar de la Asunción y su torre mixta, seguir hasta el castillo sobre la peña y el Arco de San Sebastián, testigo de la antigua división entre los barrios musulmán y cristiano, y completarse con una visita a la Cueva de la Sima de Ricla. Los aficionados a la paleontología no deberían perderse el Barranco de las Conchas, cuna del único cocodrilo fósil del mundo que lleva el nombre de Ricla, mientras que quien viaje en los meses adecuados puede aprovechar para conocer de cerca la campaña de la cereza que da fama internacional a este rincón del valle del Jalón.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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